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ENERO DEL 2004

LA OPINION

Organ Oficial de la Coordinadora      Social Democrata

ORGANO OFICIAL DE LA COORDINADORA SOCIALDEMOCRATA CUBANA

 

En Esta Edicion:

1- La Democratización de Cuba.  ¿Qué se hace desde el Arco Progresista Socialdemocrata?

2- Informe a La Nación en el 2004

 

 

20 de enero de 2004

La Democratización de Cuba

¿Qué se hace desde el Arco Progresista?

 

 

Los que hoy animamos el Arco Progresista hemos venido trabajando por años en la democratización de Cuba desde una perspectiva específica y tratando de adecuar nuestras propuestas políticas a dos premisas básicas: primera, la democratización en Cuba, creemos, sólo puede responder a nuestro tempo y a nuestras circunstancias concretas, tratar de emplear fórmulas de cambio que no respondan a estas circunstancias puede ser abortiva para la transición democrática; segunda, la democratización tendrá credibilidad si se define en términos que sean más avanzados a las prácticas democráticas tradicionales. Plantear la transición para reproducir simplemente las prácticas y los modelos representativos y participativos conocidos y practicados puede no ser convincente para el caso cubano. Dada la crisis y la discusión sobre los procesos democráticos en América Latina, nuestro espacio político vital, un modelo de democracia tradicional en Cuba pierde fuerza en la discusión política.

 

Desde el principio, partiendo de 1992, nos hemos guiado por estos criterios. En 1998 convocamos a un grupo de organizaciones a trabajar juntas en un proyecto de transición que contemplara estos elementos: moderación, concepción gradual de los cambios, institucionalización de las alternativas y del debate político, estrategias de pacto para el cambio todo sobre la base del diálogo como concepto, principio y estrategia. Ello implicaba trabajar simultáneamente en la adopción del repertorio, la mentalidad y las técnicas del diálogo y en la creación de los climas internos y externos apropiados para un proceso complejo. La defensa de una transición en los marcos de la soberanía nacional y a distancia de la política norteamericana hacia Cuba es y era una condición sine qua non que se desprende por sí misma para el éxito de esta estrategia.

 

De ahí nace en 1998 la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada. Una concertación de liberales, democratacristianos y socialdemócratas fundamentalmente, de Cuba y del exilio, que en 1999 dio a conocer la Plataforma Común, una propuesta de transición democrática, que cinco años después sigue demostrando su capacidad para disparar un proceso efectivo e incluyente de cambios en nuestro país.

 

Un hecho básico nos distinguió y nos distingue en la tradición democrática que hemos inaugurado en Cuba y que estuvo desde luego presente en la concepción de la Plataforma Común y de todos los proyectos concebidos por la izquierda democrática en Cuba. Ellas se basan en lo que se conoce por democracia deliberativa, como algo distinto a la democracia participativa o representativa. En el límite, esto quiere decir que solo concebimos y participamos en proyectos abiertos a su definición desde el punto de partida. El ciudadano como sujeto de derechos y sujeto político debe tener la posibilidad de participar en la definición de proyectos o programas que van a afectar sus vidas, no sólo de participar en proyectos definidos por otros.

 

Los Cuadernos de la Corriente Socialista Democrática, la Plataforma Común y otras propuestas que hemos planteado nacen de aquel presupuesto.

 

Esto ha venido garantizando la efectividad, sociabilidad e institucionalización tanto de nuestra alternativa socialdemócrata como de las propuestas que hemos venido animando.

 

La Carta de Derechos y Deberes Fundamentales de los Cubanos es también hija de estos conceptos. Su confección es resultado de la opinión ciudadana y no simplemente de la opinión de las elites. La Coalición Diálogo Pro Derechos, el colorario institucional de este esfuerzo por institucionalizar los derechos humanos en Cuba, se guía a su vez por estos principios que conciben al ciudadano en igualdad de derechos para definir sus valores y extenderlos por su comunidad.

 

El Arco Progresista, la reunión de la socialdemocracia institucionalizada dentro y fuera de Cuba, camina en un sentido político por los mismos senderos: diálogo abierto a la definición ciudadana y pública de los proyectos. Cualesquiera sean sus ámbitos.

 

Esto se acopla bastante bien con nuestra concepción de la transición democrática en Cuba. Entendemos que una transición tendrá éxito en nuestro país desde conceptos minimalistas. No el gran cambio, sino los múltiples cambios, no procesos súbitos, sino de acumulación democrática, no sustitución hegemónica, sino pactos a través del diálogo y la negociación, no elecciones libres como condición y certificación de la existencia de una democracia, sino democratización como pre-condición y autentificación de las elecciones libres; no improvisación de instituciones democráticas, sino institucionalización de las mismas. Por ello hablamos de la necesidad de un lenguaje apropiado al diálogo y de climas distendidos para que estos procesos puedan avanzar y tener , en principio, virtualidad social.

 

Es a esto a lo que llamamos nosotros una perspectiva específica. El intento maximalista de llegar a la democracia en Cuba doblando la esquina a velocidad ha tenido desde siempre consecuencias nefastas para todo cambio o transición democrática que hemos animado. Históricamente.

 

El cambio súbito en Cuba ahora es tentador para todo el mundo y para los cubanos. La perspectiva de que mañana mismo viviremos mejor si seguimos determinado camino es un resorte poderoso para atrapar a las mentes en todo tiempo y lugar. En Cuba y hacia Cuba más aún. Nosotros hemos tenido dos defectos: la necesidad de satisfacción inmediata de nuestras necesidades o aspiraciones y la ausencia de cabezas políticas. La combinación de esta necesidad y de esta ausencia no ha sido positiva para construir instituciones y espacios políticos vigorosos.

 

Por eso nuestros fracasos inmediatos y mediatos. En el Arco progresista somos conscientes de que, como dice el dicho, el molino de los dioses muele lento. Y en política no hay atajos, o estos son peligrosos incluso para nuestros propósitos más nobles y queridos.

 

Por esta razón trabajamos en tres direcciones esenciales: Institucionalización de nuestra alternativa socialdemócrata a través del Arco Progresista; institucionalización de los derechos humanos a través de la Coalición Diálogo Pro Derechos y creación de los espacios y climas de diálogo político a través de la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada y de su Plataforma Común.

 

De las fuerzas democráticas esperamos solidaridad y apoyo en estas propuestas y concepciones políticas.

 

 

Manuel Cuesta Morúa

Portavoz Provisional del Arco Progresista Socialdemocrata

 

 

____________________________________

Sede: Perseverancia No. 214 (Altos) e/ Concordia y Virtudes. Centro Habana. Ciudad de La Habana.

CP. 10 200 Cuba. Telefax: 863 25 16. Correo electrónico: cosdec2002@yahoo.es

Subsede: dirección en Miami. Fax: 305-442-1104.

 

 

 

Informe a la Nación

Una visión socialdemócrata

 

Introducción

 

 

El Arco Progresista retoma una tradición hecha práctica primero por la Corriente Socialista Democrática Cubana y más tarde por la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada para ofrecer su visión sobre los acontecimientos, tendencias y perspectivas de Cuba. En este caso del año 2003.

 

Por medio de este ejercicio político obligado el Arco Progresista hace una parada reflexiva para tratar de mirar con objetividad lo que ha ocurrido, entender por qué los hechos se han sucedido de tal o más cual modo, cuál es su lugar en la sucesión de contingencias sociales y políticas y qué se puede y debe hacer para mejorar y cambiar la trayectoria de la sociedad. Para este informe se han elegido cuatro escenarios fundamentales: político, económico, social e internacional; porque ellos son los que más dinámicamente deciden la vida de un país. Los otros trabajan en el mediano y largo plazos.

 

La que ofreceremos es una visión socialdemócrata institucionalizada, consensuada por muchas opiniones a lo largo y ancho de Cuba. Por otra parte es una visión crítica, comprometida con valores; parcial pero quiere ser objetiva. Por mucho que intentemos acercarnos a la realidad, nuestra lente específica ofrece sus propios contrastes y matices. Intentamos satisfacer a todos los cubanos y no cubanos que nos lean.

 

Muchas de nuestras valoraciones son resultado del análisis lógico, de la observación permanente de la sociedad cubana en todos sus extremos y regiones y del apego riguroso al debate público y con el público. Por estas razones nuestro informe se conoce 20 días después de iniciado el año, teniendo en cuenta que manejamos únicamente cifras oficialmente reconocidas. En este caso el secreto de Estado es una protección frente al Estado.

 

 

ESCENARIO GENERAL

 

El escenario general sobre el que proyectamos nuestros análisis es el siguiente:

 

Cuba no expresa un modelo concreto de sociedad por el que pueda ser analizada porque no existe un modelo político ni social ni económico que permita contrastar los hechos con las pautas. No hay tampoco un suelo ideológico que posibilite mirar los rumbos que pretende seguir el país. La sultanización del Estado es la única realidad política tangible. Por esas razones cuando nos referimos a la sociedad cubana no se puede saber de qué tipo de sociedad estamos hablando. Sin embargo, esa misma realidad nos permite una mirada desnuda del país sin las coartadas de lo que la sociedad o el Estado piensan de sí mismos. Lo que nos permitirá revelar, en un análisis más sosegado, la ausencia, no de proyecto estratégico para mantener el poder sino de proyecto estratégico para echar adelante el país: lo más grave que nos puede suceder como nación.

 

ESCENARIO POLÍTICO

 

En este año, el escenario político se simplifica sobre un escenario social más complejo y sutil. El gobierno se refresca políticamente a través de la llamada Batalla de Ideas. Está logrando con ella reconcentrar a la elite política en torno al concepto de "revolución", ofreciendo los temas centrales de esta Batalla como la agenda política prioritaria y visible para movilizar a las masas. Una agenda política que concentra tanto en la esfera palaciega como a decisiones guerrilleras la discusión más urgente sobre las estrategias de futuro, qué hacer frente a cada contingencia, cuál debe ser la naturaleza del Estado, cuál será la sucesión política y cómo afrontar el cambio generacional dentro del Partido Comunista y del Estado. Ello refleja el retorno claro a la desinstitucionalización de las decisiones fundamentales del Estado tal y como era en los inicios mismos de la revolución, lo que contrasta con la aparente institucionalización de los poderes públicos y una mayor visibilidad de las asambleas del poder popular a todos los niveles. En el 2003 se refuerza el monopolio que ejerce el gobierno sobre la agenda política básica y los temas a definir en esa misma agenda.

 

La vuelta al inmovilismo político reciclado con nuevas caras era evidente con la tribunización de la política iniciada con la saga de Elián del año 2000. Esta tribunización de la política ofrece, como técnica, el dispositivo necesario para dar vías de acceso a un discurso "revolucionario" que no encontraba ni medios ni temas, y colocar a un lado el papel de las instituciones. Este dispositivo está afinado a inicios del 2003 con el "poder del pueblo" en las tribunas abiertas semanales y el "poder del discurso de las elites" en las mesas redondas. Lo importante de estos dispositivos no está en su eficacia o credibilidad, sino en la no voluntad del Estado para abrirse a otros escenarios y temas de discusión.

 

En este sentido el Estado tiene una voluntad regresiva, no democratizadora; incluso de sus propias instituciones. La no realización del congreso del Partido Comunista es el ejemplo claro de congelamiento del debate general.

 

Este escenario simplificado se produjo en un contexto aparentemente más flexible en que el Estado manifestaba al mismo tiempo un deseo de inserción internacional –los pasos hacia el Acuerdo de Cotonou son el ejemplo– que tuvo su reflejo interno en una mayor porosidad de la sociedad y en una inestable tolerancia de la disidencia y oposición políticas y de las actividades de derechos humanos. En este contexto se despierta la tentación de acelerar la democratización del Estado desde la naciente sociedad civil; tentación alimentada por la idea de que como el régimen "necesitaba" desesperadamente al mundo "no tenía" otra opción que adaptarse velozmente a las corrientes democratizadoras. Lectura simple que subestimó la capacidad y el tipo posible de respuesta política del gobierno y sobrestimó la capacidad democratizadora de la naciente sociedad civil.

 

Esta tensión fue mal resuelta y negativamente. El gobierno reprimió, como pocas veces en su historia y como pocas veces en la historia de Cuba, a la oposición pacífica: encarceló injustamente a 75 luchadores pro democracia y los condenó a largas y severas penas. Más tarde condenó y ejecutó sumariamente a tres personas que secuestraron una embarcación con el fin de llegar a los Estados Unidos.

 

Políticamente se pospone por tanto la posibilidad de crear las condiciones necesarias para un diálogo político de mediano plazo, se refuerzan el autismo del Estado y sus mecanismos de represión, se debilita la plataforma de derechos humanos y se acrecienta la violación de ellos, se reducen los espacios alternativos de concertación de las propuestas políticas y se hacen difíciles los escenarios para abrir alternativas. A nuestro juicio, la opción maximalista de cambio democrático, en su precocidad política, facilitó sin quererlo el regreso del totalitarismo político sobre los espacios sociales.

 

En el 2003 se congela, como resultado, la tendencia hacia la modernización política del Estado en favor de su tendencia policíaca. En un sentido riguroso, Cuba ha dejado de ser desde hace tiempo un Estado republicano que fundamente sus decisiones en la voluntad de sus ciudadanos para adoptar la estructura de las sociedades teocráticas donde la voluntad del pueblo está limitada por la constitución. A la falta de sentido estratégico se suma la imposibilidad de confrontar estrategias diversas en un marco constitucional. Un camino peligroso para la existencia de Cuba como Estado político.

 

 

ESCENARIO ECONÓMICO

 

Ante todo una entrada conceptual.

 

El gobierno cubano, por pura voluntad política y con el fin de enmascarar el fracaso, lustrar los avances e intentar que el mundo los acepte, ha decidido modificar los criterios de medición económica internacionalmente aceptados. Si en la ideología esta operación es eficaz, en la economía es absurda porque la gente come o no come. Esto es tan o más exacto que las matemáticas.

 

El Producto Nacional Bruto (PNB) –una fórmula técnica que no es capitalista ni socialista– es la más importante forma en que se mide la producción de un país. El Producto Interno Bruto (PIB) es la suma de toda la producción llevada a cabo en el país y responde a la siguiente ecuación: PIB = gasto interior + exportaciones – menos importaciones. El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es el progreso general de un país en tres dimensiones básicas del desarrollo: la longevidad, los conocimientos y un nivel de vida decoroso. El IDH es un índice resumido y no integral de desarrollo humano que se mide a partir de la esperanza de vida, el nivel educacional y el ingreso per cápita ajustado por la paridad del poder adquisitivo.

 

El intento de hacer pasar el IDH por el PIB, es decir, por crecimiento económico tendría sentido si el gobierno cubano hubiera combinado estas categorías antes de que alguien en la ONU identificara al IDH con el Progreso Social. Pero aunque estén relacionados, desarrollo económico es una cosa y desarrollo humano es otra bien distinta. Si realmente Cuba ha hecho progresos sociales, bienvenidos sean, para algo somos progresistas; pero más escuelas no significan crecimiento económico.

 

En el año 2003 se produjo un proceso de desaceleración de los principales indicadores económicos con estancamientos en algunos casos y fuertes decrecimientos en otros. Desaceleración que demuestra el agotamiento de las fórmulas vigentes de crecimiento sustentadas en los principios de crecimiento extensivo.

 

Uno de los primeros efectos negativos en el crecimiento del PIB lo tenemos en los limitados volúmenes de azúcar alcanzados en la cosecha 2002-2003, la cual llegó a 2,2 millones de toneladas, la más baja en 80 años. Ello, unido a los bajos precios de la libra del dulce en el mercado internacional, afectó al país en sus volúmenes exportables, así como en la disminución en la entrada de divisas por los conceptos de venta. La depresión en la producción azucarera se acompaña de serios problemas en la terminación de las reparaciones en los 71 centrales existentes, en el alistamiento de la maquinaria agrícola y de las cañas que se destinan para la zafra 2003-2004.

 

Paralelamente se produjo una caída en el monto de la producción y de los servicios a causa de la baja productividad, del incumplimiento de un 50% de todo el parque industrial en activo, combinado con una baja estimulación salarial y deficiencia en los insumos para el inicio, mantenimiento y cumplimiento de los procesos productivos.

 

Todo esto se suma a la profundización de la esclerosis en todas las estructuras macroeconómicas, la reducción al mínimo del mercado, la congelación de las incipientes relaciones mercantiles, la contracción de la economía informal autorizada y las limitaciones a la expansión de la economía individual y familiar. El incremento del estatismo, más la depauperación de los salarios reales y el incremento incontrolado del valor de la canasta familiar, sumado a una dolarización que crece y se apodera de –y por tanto distorsiona– todas las ramas de la economía, dejan poco espacio al optimismo económico en lo que toca a la economía tradicional.

 

¿Qué agrava la situación? La ausencia de mercados alternativos. Todo el comercio de Cuba hay que hacerlo ajustado a los deprimidos precios de los productos exportables con que cuenta el país, al no disponer de precios preferenciales en ningún mercado mundial. Estamos de espalda a Cotonou, en los márgenes de la comunidad del Caribe y sin los requisitos para negociar con los procesos integradores de América del Sur.

 

Las posibilidades de obtención de créditos son mínimas. Se suspendieron todas las ayudas que se recibían al desarrollo desde la UE, México, Canadá y Japón, produciéndose un retroceso en las relaciones económicas con estos tradicionales socios, sin disponer, al término del año, de ninguna fuente que permita proyectos y planes con financiamiento seguro, asimilación de dinero fresco y nuevas tecnologías. La realidad es que hoy Cuba no dispone de un espacio favorable para un comercio sostenido ni de fuentes seguras que permitan prever un crecimiento inmediato de nuestra economía en medio de una continuada política global de aislamiento por parte de los Estados Unidos.

 

En el sector energético los resultados son similares al año anterior. En la prospección y extracción de petróleo y gas se llegó a los 4,2 millones de toneladas, lo que permitió cubrir el 89% de la producción energética, así como el suministro de gas a más de 500 mil núcleos familiares. Todavía continúa incidiendo en los fondos de divisas la erogación de casi cerca de 600 millones de dólares para la compra de petróleo a precios del mercado mundial con el fin de mantener en funcionamiento el resto de las industrias y los servicios. La compra de petróleo a Venezuela a precios menores está representando un alivio a las arcas del Estado.

 

Sin embargo se observa una estabilidad de la crisis. Ello es debido en primer lugar a los dólares que se obtienen fundamentalmente por las remesas, factor de suma importancia para la economía cubana, y en segundo lugar por el turismo, que han permitido activar, reconvertir y en otros casos abrir empresas en las ramas alimenticia, la ligera, la informática, la construcción, la telefonía y la biotecnología, cuyas producciones van al mercado de frontera y en menor medida a las exportaciones. Por esas razones el gobierno pudo maniobrar en el año 2003 sin créditos de ningún acreedor y resistir el embargo sin hacer mayores aperturas.

 

Han surgido –en el decenio 93-2003– nuevas estructuras de rentas y servicios generadoras de originales formas financiero-mercantiles en detrimento de las tradicionales producciones agrícola e industrial. Aquellas están conformadas por el turismo, las remesas y la economía informal. Sin embargo, estas nuevas estructuras, exceptuando al turismo, no tienen un peso relevante en la consideración del PIB porque no se tienen en cuenta en el crecimiento oficial de la economía. Tenerlas en cuenta implicaría el reconocimiento oficial al fracaso del estatismo.

 

Hay aquí una paradoja interesante. Dentro del viejo "modelo" Cuba crece pero por razones que los fundamentalistas de uno y otro lado no desearían ni querrían reconocer. En una palabra, el PIB decrece en su estructura tradicional mientras crece en las nuevas estructuras. Esa paradoja se refleja en el bienestar de la gente. Esta es la razón por la que muchos observadores de la realidad cubana se quedan perplejos cuando visitan la capital u otras ciudades en las cuales se respira una prosperidad que no refleja ninguna estadística sistemática sobre la economía cubana. Cuba está económicamente mejor, gracias al capitalismo embrionario; pero está peor en cuanto a desigualdades.

 

El turismo, el sector más dinámico en cuanto a crecimiento, acumulación y generador de empleo, termina el año con un modesto crecimiento que podría ser anualmente exponencial si los criterios políticos no predominaran sobre los económicos. Como consecuencia de esta actitud, el proceso de recuperación en la actividad turística, después de los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001, no ha sido como se esperaba; en su lugar se presenta una parálisis en todo el proceso de inversión y crecimiento del sector plagada de dificultades, deficiencias y corrupción.

 

Teniendo presente que la industria turística ya dispone de más de 40 mil habitaciones, surtidas redes de instalaciones extrahoteleras y de una estructura industrial, agrícola y de servicio que directamente tributa con sus producciones a la demanda del sector, ella está en condiciones potenciales para asimilar más de 2 millones de visitantes. A lo anterior hay que agregar las reservas no explotadas de turistas nacionales, no autorizados a hospedarse en los hoteles de las cadenas dolarizadas; situación discriminatoria, irracional y puramente política, pues los cubanos que reciben dólares están en plena capacidad, como cualquier extranjero, para disfrutar del turismo. El argumento que discrimina a los cubanos so pretexto de evitar tensiones políticas y sociales es insostenible bajo el paso de las desigualdades instaladas en la sociedad cubana. Lo cierto es que por esa razón se desaprovecharon en el 2003 miles de días de habitaciones desocupadas y se malogró la oportunidad de recircular millones de dólares en poder de segmentos de la población que hubiesen contribuido a expandir más la industria y multiplicar fuentes de empleo más remunerativas y estables.

 

Por otro lado, las autoridades han obstaculizado el desarrollo de las inversiones. Las exiguas autorizaciones que han concedido deben enfrentar un sinnúmero de trabas, amén de que las situadas en el sector del consumo, el turismo y los servicios tienen que apoyarse en entidades estatales para vender sus producciones. Todo ello ahuyenta a los potenciales inversores a causa de la negativa del Estado de aplicar íntegramente la ley de inversiones extranjeras y a una política de licitación selectiva y discriminatoria. Hubo en el 2003 presencia de inversionistas, pero no en aquellas ramas y sectores que podrían haber contribuido a dar un vuelco sensible a la deteriorada situación económica del país.

 

Aunque el gobierno anuncia que el desempleo desciende a un 3% la realidad es otra. La fuente de empleo en lo esencial no responde a las dinámicas de la economía de renta y de servicios prevalecientes hoy en Cuba. La agricultura urbana, la "joya" de las nuevas colocaciones, está plagada de ineficiencia e inestabilidad, básicamente en la estimulación salarial y material que no cubre el elevado costo de la canasta básica. Esto provoca una constante deserción, superior al 26%, hacia otras actividades más remunerativas. Las provincias orientales son las más críticas en lo referente a la creación de puestos seguros de empleo. Nuevos empleos se han creado a partir de los llamados programas sociales, pero como los salarios no responden a las necesidades reales de la vida se genera una gran inestabilidad y una permanente fluctuación de la mano de obra.

 

El estado actual del circulante, así como el curso que está siguiendo el equilibrio monetario-financiero, se está resolviendo en la esfera de la circulación y no como resultado de la producción y los servicios. Para conseguir estos propósitos se opta por la elevación de los precios en toda la red de productos y servicios, así como por la aplicación de una elevada tasa del 220% del valor comerciable en las tiendas en divisas. Tasa que internacionalmente oscila alrededor del 15% por encima del valor comerciable. Es de ese modo que se ha conseguido reducir el déficit fiscal al 3%.

 

Ahora bien. Los salarios y las estimulaciones en las tiendas en divisas, en los sectores productivos cuyos salarios dependen de la producción, –los sectores mejor remunerados por el Estado– están en el rango de los 350 pesos mensuales per cápita, lo que al no corresponder con el costo de los alimentos básicos y el aseo que ya sobrepasa los mil pesos mensuales per cápita viene alimentado una red de irregularidades que van desde el engaño al consumidor, los fraudes en las ventas, el desvío de recursos, ventas de productos en el mercado negro, etc. en un proceso que capilariza (extiende hasta el detalle) la corrupción de la sociedad.

 

Esta situación de las bajas disponibilidades de dinero, se torna en extremo grave y en muchos casos adquiere ribetes de tragedia en los millones de jubilados que no pueden comer con lo que reciben y tienen que apelar a un sinnúmero de artilugios, por lo general no autorizados, para cubrir las estrecheses mínimas del mes.

 

El comercio exterior esta sumido en un proceso de desbalances y desequilibrios. Si bien las autoridades no dan cifras, hubo una sensible baja en la venta de productos básicos: azúcar, níquel, cítrico y tabaco. Se aumentó por otra parte la compra de petróleo para cubrir la demanda sólo satisfecha por la producción nacional en un 25%.

 

Durante el 2003 el gobierno no situó como una de sus prioridades la culminación definitiva del proceso de Perfeccionamiento Empresarial en las mil y tantas empresas contempladas en este plan iniciado hace unos seis años. La aplican íntegramente en más de cuatrocientas entidades, amén de que a algunas de ellas se les ha retirado dicha categoría por dificultades en los registros contables o por reiterados incumplimientos productivos. Con la dirección de la economía de forma cada vez más centralizada, es poco probable que se logre la culminación y estabilidad del Perfeccionamiento Empresarial por las siguientes razones:

 

a) El crecimiento cuantitativo y cualitativo de la producción y los servicios exige de una relativa autonomía en su gestión productiva y de facultades para sus operaciones bancarias y monetario-financieras.

b) La ausencia de una profunda reconversión productiva y de servicios con miras a alcanzar altos niveles de eficiencia en sus resultados finales.

c) La necesaria aplicación de innovaciones tecnológicas para alcanzar mayores índices de eficiencia y productividad en todos los ámbitos.

 

La deuda del gobierno con los acreedores occidentales y la antigua URSS sobrepasa los 40 mil millones de dólares. Esto se acrecienta por la decisión de las autoridades de congelar los pagos de los servicios de la deuda y suspender la renegociación con el Club de París, Canadá, México y Japón. A ello hay que agregar que el cumplimiento de las condiciones que imponen los acreedores prácticamente absorbería más de la mitad del dinero que el país obtiene por concepto de exportaciones, lo cual agravaría la crítica situación de la macroeconomía. La moratoria del pago de la renegociación de la deuda, ha empujado a los acreedores a suspender todos los créditos al gobierno con los correspondientes perjuicios para el país.

 

Siguiendo el principio y la realidad de Cuba como economía abierta, el gobierno aplica la política, no de sustitución de importaciones, sino de sustitución de la producción interna como lo demuestran los altísimos volúmenes de compras al exterior. A los Estados Unidos se les ha comprado alimentos por un monto de 690 millones de dólares en condiciones que no son ventajosas para el país ni para satisfacer su tasa de seguridad alimentaría. Si la mitad de esas erogaciones se dedicaran al redimensionamiento de la estructura agrícola tanto económica como en las formas de propiedad, –con mayor presencia de inversionistas extranjeros y apertura a los inversionistas nacionales– Cuba podría autoabastecerse plenamente satisfaciendo la cualidad cultural y ecológica de nuestra tradicional producción alimentaría. Con ello se crearían nuevas y remunerativas fuentes seguras de empleo en el agro y se potenciaría un desarrollo sostenible de la nación.

 

Los resultados de la agricultura en el 2003 no fueron buenos por éstas y otras razones. No se han brindado las cifras finales ni estimadas en relación con el año anterior, sólo se conocen los tres millones de toneladas de vegetales y hortalizas producidas por la agricultura urbana. Pero es claro que los precios de los productos del agro son un índice de la ineficiencia y irrentabilidad de la agricultura estatal.

 

Si bien el gobierno ha inaugurado mercados agropecuarios estatales en todos los municipios y ha diseminado cientos de puntos de ventas, cuyo fin no es otro que servir de contrapartida a los altos precios que se ofertan bajo el principio de oferta y demanda, los resultados en el año no fueron los que se esperaban tanto por la sociedad como por las autoridades. Los productos agrícolas dirigidos a la alimentación familiar continúan con elevados precios, agravados por la imposición de los intermediarios al comprar, distribuir e imponer un precio único y por lo general alto a la mayoría de los productos que se ofertan con la consiguiente afectación a la economía familiar cubana.

 

El gobierno cubano continúa negado a poner en plena vigencia las relaciones monetario-mercantiles, no libera la agricultura, ha dejado que se congelen las inmobiliarias, muchos edificios iniciados están a medio hacer y otros no se arriendan. Este cierre impide la entrada de capital y tecnología, a la vez suprime nuevas fuentes de empleo. Simplemente las ventajas comparativas de Cuba, que cuenta con un calificado nivel de conocimiento y con fuentes naturales de riqueza como el turismo y la agricultura, no están siendo empleadas.

 

Ante las nuevas coyunturas y las tendencias de la economía global, el gobierno está atrapado en una telaraña de ineficiencias. La realidad exige y urge de una redefinición que establezca nuevas estrategias de desarrollo económico encaminadas a reformar la estructura de propiedad y al establecimiento de un mercado social que responda a la pujanza de la imparable economía de renta y servicios que prevalece hoy en Cuba. Una redefinición que permita superar los desequilibrios en todos los mecanismos de intercambio, incorporar el país a los diversos bloques regionales y reorientar la economía, con la aplicación de nuevas políticas salariales y la derogación de todas aquellas disposiciones que impiden el establecimiento de una economía social de mercado, para alcanzar los niveles necesarios de eficiencia.

 

 

ESCENARIO SOCIAL

 

El deterioro económico de la nación se refleja en la grave y compleja situación social del pueblo cubano. Tal estado se relaciona estrechamente con las anomalías estructurales que aquejan al "sistema", con la generalizada y al parecer irreversible crisis económica, con la negativa del gobierno de la isla a viabilizar las potencialidades productivas y cívicas del pueblo cubano – ya abiertas por la sociedad y las nuevas dinámicas económicas– y con la respuesta represiva a todo intento que conduzca al surgimiento de formas económicas independientes.

 

Aun cuando en los últimos años las autoridades dicen desarrollar numerosos programas sociales encaminados, según su propio discurso, a mejorar la vida material y sobre todo espiritual del país, las carencias, desigualdades y limitaciones para las mayorías crecen, ensombreciendo el presente y comprometiendo el futuro de la nación.

 

El monopolio gubernamental sobre empresas básicas para la producción y distribución de las riquezas limita considerablemente la participación de los poderes locales y de la sociedad en general en la solución de problemas medulares, haciendo más difícil la vida de sectores mayoritarios de la población y de los sectores más vulnerables y desprotegidos, que han visto disminuir el nivel y la calidad de su vida sin que esto afecte un ápice la apreciación auto complaciente que las autoridades tienen de su gestión. Sólo la autodescentralización económica producida por la nueva estructura de rentas y servicio de la economía y la autoresdistribución de la riqueza como resultado de la corrupción alivian el repertorio básico de problemas sociales, pero sólo para aquellos sectores conectados con la dolarización.

 

La crisis económica redunda en una considerable disminución de los horizontes de realización laboral y profesional y la consiguiente inestabilidad e inseguridad material de las familias cubanas. El bienestar y la supervivencia de los cubanos, asociados a la dolarización y su consiguiente desigualdad estructural, no dimanan fundamentalmente del esfuerzo y el talento, reprimidos por la intolerancia de las autoridades. De tal suerte una considerable masa de compatriotas se ven sumidos en una, al parecer, insoluble pobreza, conectada a la constante depreciación del peso cubano; muchas familias aguardan pasivamente la llegada de las remesas monetarias provenientes del exterior y todos los cubanos que pueden participan de los trasiegos ilegales de la economía sumergida o rozan con la corrupción –instalada ya como una pandemia en nuestra cultura económica y social– que se extiende a todo lo largo de nuestro país.

 

Los jóvenes, además, sufren las consecuencias de la manipulación de los espacios de distracción y esparcimiento, de por sí ya muy limitados por los efectos de la dolarización. La violación de la ley, la prostitución, los deplorables vicios como el tráfico y consumo de drogas o una creciente escalada migratoria son las reacciones lógicas pero lamentables a los problemas que agobian al cubano común.

 

Los adultos mayores sufren el rigor de la disparidad que existe entre sus pensiones, virtualmente congeladas por varios años, y el altísimo costo de la vida, lo cual obliga a muchos a insertarse en la economía informal, al margen de la ley, para tratar de paliar en alguna medida las carencias y necesidades que padecen.

 

Los problemas y deficiencias de los sistemas de educación y salud repercuten también en la calidad de la vida de la población aun cuando el gobierno insista en la publicitada excelencia de estos servicios.

 

A pesar de tener la mayor proporción de maestros por habitantes padecemos un gran déficit de docentes por aula. La depreciación material y social de esta importante profesión ha provocado el éxodo de estos especialistas. Sin reconocer y atender las causas de estos problemas las autoridades ha emprendido la formación de maestros "emergentes" e "integrales", programas que, junto a la extrema politización de los procesos docentes, repercuten negativamente en la calidad de la enseñanza.

 

Párrafo aparte merece la llamada Municipalización de la Enseñanza Universitaria que ha demostrado la lógica incapacidad que nos aqueja para garantizar la calidad docente en cada una de las ciento y tantas mini filiales que desestimulan el interés de los estudiantes y afectan la calidad de los resultados académicos.

 

A las ya recurrentes deficiencias del sistema de salud que no han podido ser paliados por los esfuerzos gubernamentales para mejorar en alguna medida la infraestructura hospitalaria o el déficit de enfermeras (os), se suma, en el año recién concluido, la conmoción causada en los espacios de atención primaria y hospitalaria por el desplazamiento de una considerable cantidad de profesionales y técnicos a Venezuela.

 

El problema de la vivienda continúa siendo uno de los más agudos. La cantidad de viviendas intergeneracionales crece, la cantidad de cubanos que no tienen esperanzas de formar un hogar nuclear aumenta y la cantidad de habitantes que pierden la posibilidad de reconstruir sus hogares, por deterioro o a consecuencia de los últimos fenómenos naturales, se incrementa. En la provincia de Pinar del Río, por ejemplo, se han terminado de reconstruir todas las casas de tabaco; lo mismo no ha sucedido, independientemente de la preocupación de las autoridades locales, con las viviendas de los afectados por los huracanes Lily e Isidore. Sumemos a esto las serias limitaciones administrativas y legales que las autoridades establecen para la permutas y para impedir la compra-venta de inmuebles en Cuba y se tendrá un cuadro exacto de la situación de la vivienda en Cuba.

 

Todos estos problemas sociales han hecho reflotar con fuerza y en forma amenazante el asunto de la discriminación en Cuba: social, cultural, racial y de género. También gana terreno la marginalidad y marginalización social, que afecta esencialmente a los negros, y a las regiones orientales del país. La desculturización de la sociedad es la tendencia más visible que se observa de la combinación entre discriminación y marginalidad.

 

ESCENARIO INTERNACIONAL

 

Este año ha sido el de mayor aislamiento dramático de Cuba. La represión de marzo-abril que llevó a 75 disidentes a las prisiones y el fusilamiento sumarísimo de tres personas ha puesto al gobierno cubano en una situación internacional con pocos precedentes para cualquier nación en épocas de paz. Estamos en un momento en el que la aceptación internacional de un Estado no se mide por los criterios estrictamente técnicos de las relaciones diplomáticas sino por la dinámica de esas relaciones, de las cuales el gobierno de Cuba se aleja con su conducta y de cara a las cuales responde con el autismo, al extremo de contar solamente con un aliado internacional estratégico: el gobierno de Venezuela. Esto nos coloca en una incomunicación internacional negativa para el necesario proceso de inserción global. Simplemente la comunidad internacional se ha combinado, bien para deslegitimar el comportamiento político del gobierno cubano o bien para tomar distancia crítica o silenciosa en relación con Cuba.

 

El gobierno cubano no ha sabido aprovechar siquiera la diplomacia de demostración de algunas naciones como Argentina y Brasil que siguen utilizando a Cuba como punto de anclaje en sus disputas coyunturales con los Estados Unidos.

 

Por otra parte, el peligro geopolítico de Cuba persiste. Los pasos estratégicos de la administración Bush para resituar a Cuba bajo su égida democratizadora se afianzan. La creación recientemente por parte del gobierno norteamericano de una Comisión Presidencial para la Transición en Cuba es una profundización en el error de seguir considerando a nuestro país como un Estado-autónomo rebelde que debe ser disciplinado por los Estados Unidos, como líderes de la comunidad internacional, a través de un proceso preescrito de democratización.

 

En otro sentido, la falta de disposición del gobierno para arrimarse a los distintos bloques regionales que se conforman, y que globalizan y segmentan al mimo tiempo al mundo en bloques político-económicos, no favorece una visión racional de las relaciones internacionales. Mientras Brasil defiende coherentemente sus intereses nacionales y un ALCA de las diferencias, el gobierno de Cuba despliega una retórica antiALCA incongruente con sus políticas de dependencia alimentaria de la agricultura norteamericana; una de las áreas que se vería más afectada por la versión norteña de este proyecto para las Américas. Este es un ejemplo excelente de la irracionalidad de una política exterior que hace poco seria y muy vulnerable a Cuba.

 

Finalmente, la negativa del gobierno a firmar los pactos y convenios de derechos humanos en los que se encuentra ausente en el sistema de las Naciones Unidas, nos coloca en una situación nada favorable, no sólo en el camino de nuestra convivencia nacional, no sólo para participar con criterio, respetabilidad y eficacia en la arena internacional –en el mundo de hoy el respeto pleno de los derechos humanos son una exigencia para la respetabilidad de los Estados– sino por razones de soberanía efectiva. En el momento actual que vive el mundo y en nuestro contexto geopolítico el respeto a los derechos humanos es una salvaguarda de nuestra soberanía. La negativa constante del gobierno cubano a emprender un proceso de democratización es peligrosa para la integridad de nuestro país. La democratización es un asunto de seguridad nacional.

 

 

CONCLUSIONES

 

Las perspectivas para el 2004 están entrelazadas con las tendencias acentuadas en el 2003. Desde este punto de vista no se avizoran, a menos que la voluntad del estado se mueva en las direcciones correctas, esos cambios dramáticos que son resultado de procesos acumulativos.

 

La estabilidad de la crisis y un mayor control de los espacios sociales y políticos parecen una garantía para las agendas del gobierno; negativas para el futuro de Cuba. No significa esto que nada se puede hacer para propiciar los cambios. Por el contrario. El trabajo en este sentido es posible pero en las direcciones que por años hemos dibujado los socialdemócratas cubanos: la institucionalización de las alternativas sociales y políticas, su sociabilidad en el sentido que los ciudadanos se identifiquen con ellas y la creación y constante recreación del repertorio, el clima necesario y los dispositivos imprescindibles para el diálogo social y político. Una tarea en la que hemos venido trabajando por más de seis anos en la izquierda democrática cubana y que con cierta impericia parece ser asimilada por otros sectores políticos cubanos.

 

 

 

 

19 de enero de 2004

Manuel Cuesta Morúa

Portavoz provisional

Arco Progresista Socialdemócrata Cubano

 

 

 

 

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