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La Opinión
 

ORGANO OFICIAL DE LA
COORDINADORA SOCIAL DEMOCRATA CUBANA

                                    

Julio 2005

CONTENIDO DE ESTA EDICION:

Desde el 26 de julio de 1953, Cuba ha padecido una larga saga de tergiversaciones, omisiones                          y promesas incumplidas, cuya mentira más grande es la revolución misma.
por LEONARDO CALVO CáRDENAS, La Habana
Pocos meses después que Fidel Castro prometiera inundar el país con más de nueve millones de              equipos electrodomésticos, prodigándose en elogios para las garantías que, según sus propias                palabras, ofrecía el sistema eléctrico nacional para tal propósito, lo que recibió el país fue una          inmisericorde tanda de interrupciones del fluido eléctrico (apagones). (.....)

 

La sed de lo perdido

¿Dónde estaríamos hoy de no haber sido por ... ?                                                                             por RAFAEL ROJAS, México D.F.                                                                                                       

1 título de Eliseo Diego capta ese síntoma tan bien descrito por Agustín Tamargo en los artículos memorables de Furias e improperios (San Juan, Puerto Rico, 1972). Sabemos que Cuba nunca volverá a ser como era antes de 1959 ni como pudo haber sido si el gobierno que llegó al poder en aquel año dramático no hubiera degenerado, al mando de Fidel Castro, en una dictadura comunista.   

Leonardo Calvo Cárdenas
 El gobierno cubano, según afirma, se propone convertir a nuestro país en el más culto del mundo.
Es fácil discernir que poco futuro tiene el ambicioso propósito en un país con tan pobres fundamentos materiales y tan limitados espacios de libertad tanto para la creación, la difusión o el disfrute de cualquier producto artístico o cultural.

 El Arco Progresista Declaración     

18 de julio de 2005 -Cuba va mal. Cuba está molesta. Entre el descontento popular   por los cortes de electricidad, la mala calidad de los servicios, los magros aumentos  salariales, la ofensiva contra los cuentapropistas, el constante envío de médicos y  personal de la salud a Venezuela y otros países y el desasosiego que suponen unos                  proyectos de vida que no se realizan –en medio de promesas miscelánicas y discursos  de triunfos indemostrables–, los cubanos pierden la paciencia. 

Marifeli Pérez-Stable
A pesar de sentirse insatisfechos por la forma en que funciona la democracia, la mayoría de los latinoamericanos no apoyaría un gobierno militar. De hecho, las encuestas del Latinobarómetro revelan un perfil de ciudadano que no figura con frecuencia en los titulares. Es cierto, la frustración crece en la medida en que las democracias no pueden aportar mejores niveles de vida. Pero, al mismo tiempo, casi las tres cuartas partes de la población de Latinoamérica cree en la democracia como el mejor vehículo hacia el desarrollo.

Barrotes en si mayor.

Cai preso.                                                                                                         Hace diez mil años.                                                                                          No….cincuenta.                                                                                            Ayer…Ayer…No se.

 

Declaración de la Coordinadora

El huracán Dennis ha sido un duro golpe para Cuba, no sólo por las lamentables pérdidas humanas,                    sino por el daño devastador causado al ya crónico déficit de viviendas. Las necesidades de servicios              básicos y la falta de alimentos se han incrementado. Cuba necesita ayuda.

                                                                   

 

La sed de lo perdido
¿Dónde estaríamos hoy, de no haber sido por...?
por RAFAEL ROJAS, México D.F.
 
l título de Eliseo Diego capta ese síntoma tan bien descrito por Agustín Tamargo en los artículos memorables de Furias e improperios (San Juan, Puerto Rico, 1972). Sabemos que Cuba nunca volverá a ser como era antes de 1959 ni como pudo haber sido si el gobierno que llegó al poder en aquel año dramático no hubiera degenerado, al mando de Fidel Castro, en una dictadura comunista.

F. Castro

CCastro: el problema común de los cubanos.

 

Lo sabemos, sí, pero no podemos evitar el lamento por un presente y un futuro (Encuentro en la red) alternativos, más esperanzadores y mejor insertados en la tradición liberal y republicana de la Isla. Niall Ferguson y otros filósofos de la llamada "historia contrafáctica" piensan que lo que verdaderamente se pierde en el tiempo no es lo que no ha sido sino aquello que pudo ser y no fue.

Cuba pudiera ser hoy el país más próspero, más equitativo y más democrático de América Latina. Lo sería de no haber sido, fundamentalmente, por el castrismo. No por el batistato ni cualquier otro de los regímenes republicanos que jamás rebasaron los diez años: Machado duró nueve, los auténticos ocho y Batista sus cuatro primeros, seis después y en las últimas semanas de 1958 estaba dispuesto a terminar la guerra y negociar una transición democrática.

Lo sería también si Eduardo Chibás no se hubiera suicidado en agosto de 1951 o si Roberto Agramonte hubiera vencido en las elecciones de 1952. Además de haber experimentado un breve gobierno académico —antecedente del de otro gran sociólogo latinoamericano, Fernando Henrique Cardoso, en la presidencia del Brasil—, cualquiera de las dos opciones opuestas a los auténticos, la batistiana o la ortodoxa, habría terminado perfeccionando, no destruyendo, el orden constitucional de 1940.

El elemento verdaderamente perturbador de la historia de Cuba es la llegada al poder, en 1959, de un personaje tan voraz e insaciable, tan maquiavélicamente dotado para adueñarse de un país como Fidel Castro. Antes que él, ningún otro político cubano se había propuesto algo tan monstruoso como apropiarse de una nación y ninguno poseía las perversas virtudes que se requieren para lograrlo durante medio siglo.

Lo que pudo ser y no fue

Imaginemos a Cuba hoy y mañana sin el imponderable Castro en nuestro pasado. La población de la Isla sería de unos 15 millones de habitantes, soberanos y capaces de sacar ventajas de la proximidad de Estados Unidos. La economía cubana tendría un crecimiento anual más acelerado que el de Chile y un ingreso per cápita mayor que el de Costa Rica. Nuestro régimen político sería democrático y nuestra cultura una de las más sólidas del hemisferio occidental.

De no haber sido por Castro, habrían permanecido en Cuba los grandes creadores de la cultura insular que han tenido que exiliarse en los últimos 50 años: Ernesto Lecuona, Jorge Mañach, Gastón Baquero, Eugenio Florit, Lydia Cabrera, Cundo Bermúdez, Julián Orbón, Aurelio de la Vega, Leví Marrero, Manuel Moreno Fraginals, Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas, Heberto Padilla, Jesús Díaz, Raúl Rivero.

De no haber sido por Castro, hoy la ciudadanía cubana no sólo sería más próspera, equitativa y responsable, sino espiritualmente más cosmopolita y refinada. Bastaría para convencernos de lo anterior el dato elemental de que dicha ciudadanía habría vivido bajo la educación sentimental de esos grandes intelectuales exiliados y en contacto fluido con la cultura occidental, no en la forzosa "hermandad" con Europa del Este ni en ese aldeanismo partisano en que la mantiene el régimen.

De no haber sido por Castro y aquellos que todavía hoy lo defienden en la Isla y en el mundo, los cubanos no estarían tan endemoniadamente divididos entre pequeñas parcelas de ambición ni tan incapacitados para una vida democrática que sólo puede ser construida a partir de la pacífica pluralidad de diversos proyectos nacionales. De no haber sido por Castro y por tantos castristas, voluntarios e involuntarios, estaríamos decidiendo nuestro destino en La Habana.

 

Cultura sin fronteras
Leonardo Calvo Cárdenas
El gobierno cubano, según afirma, se propone convertir a nuestro país en el más culto del mundo.

Es fácil discernir que poco futuro tiene el ambicioso propósito en un país con tan pobres fundamentos materiales y tan limitados espacios de libertad tanto para la creación, la difusión o el disfrute de cualquier producto artístico o cultural.

Pero otro fenómeno –bien lamentable por cierto– lastra cualquier alcance cultural de la nación cubana. Nuestra cultura es una sola, verdad sin dudas ni matices que en las últimas décadas ha sido coartada por la complejidad de las álgidas circunstancias políticas que ha vivido nuestro país.

Figuras cumbres de nuestra historia cultural como Heredia, Brindis de Salas, Bonifacio Byrne, Dámaso Pérez Prado o Agustín Cárdenas alcanzaron la mayor parte de sus glorias fuera de nuestras fronteras sin que ello hiciera mella en la grandeza y cubanía de sus obras. Pero en los últimos cuarenta años muchos cubanos han tenido que reubicarse, desenvolverse y triunfar (Consenso) lejos de su patria, presos del desarraigo y la nostalgia, sufriendo además el desconocimiento y rechazo prejuicioso de las autoridades de la isla, que por demás han condenado a nuestro pueblo a la ignorancia de mucho de lo grande y bueno que han aportado esos artistas a la cultura universal.

En este mundo globalizado e interdependiente Cuba es la única nación de occidente donde un pueblo con considerables niveles de instrucción vive de espaldas a la obra y la gloria de muchos de sus más ilustres hijos.

El hecho lamentable de que quien controla de manera absoluta todos los espacios y medios de instrucción académica, promoción y difusión cultural solo valore, reconozca y difunda lo que se acomode a sus estrechos criterios de fidelidad política y a su esquemático referente de cultura como control ideológico, ha provocado entre otros fenómenos indeseables:

 

bulletLa distorsión y empobrecimiento de los referentes de apreciación estética del pueblo cubano.
bulletQue nuestro pueblo viva privado de gran parte de nuestra riqueza y acervo cultural.
bulletLa pérdida de muchas de nuestras identidades y tradiciones.
bulletUn creciente rechazo a lo que se conoce como cultura oficialista.

 

Ese monopolio excluyente de los espacios culturales además motiva que muchos talentos —principalmente jóvenes— criados y formados por la revolución, busquen en otras latitudes eso que es esencial para la creación artística: la libertad; aunque esta decisión implique romper los lazos físicos con su tierra y pasar a engrosar la lista negra de los ignorados y denigrados por el gobierno cubano.

La atrofia estructural de un sistema en crisis permanente alcanza también el sector de la cultura, porque Cuba es el país que más instituciones culturales y artísticas oficiales posee. Junto al Ministerio de Cultura, las empresas, asociaciones y demás organismos forman una extensa red que parece servir muy bien para controlar las ideas y garantizar fidelidades, afianzar la censura y el control ideológico sobre los creadores pero que muchas veces se muestra incapaz de dar espacio e impulso al talento joven o desconocido que a lo largo del país se esfuerza, en difíciles condiciones y con frecuencia en vano, por seguir aportando a nuestra cultura y lograr el reconocimiento que merece, al punto que en los últimos años productores y promotores extranjeros han tenido que venir a “descubrir” e impulsar a valiosos artistas que permanecían en el anonimato o el ostracismo.

Hace muy pocos años el previsor Ry Cooder entregó al mundo mucho del talento oculto o desahuciado por los medios de promoción y difusión de la música en Cuba y con Buena Vista Social Club –disco merecedor del premio Grammy y documental nominado al no menos codiciado Oscar- ganaron justo reconocimiento y popularidad internacionales, figuras como Rubén González que sin perder su proverbial sencillez impactó con fuerza en la pianística contemporánea, Francisco Repilado “Compay Segundo” que ya nonagenario impuso su presencia obligada en cada escenario musical de categoría universal, o Ibrahin Ferrer que pasó del desencanto, la venta de carbón y el lustre de zapatos a convertirse en uno de los cantantes más conocido de la historia del Cuba en todo el mundo.

La ola de sui géneris descubrimientos, sin embargo, llegó tarde para Carlos Embale, la voz más emblemática y genuina de la música tradicional cubana que murió en una inexplicable miseria después de desandar menesteroso la populosa y restaurada calle Obispo en La Habana, ante la incrédula perplejidad de los que lograban reconocerlo y la pasmosa indiferencia de nuestras instituciones culturales.

A saber cuántos talentos en toda Cuba esperan por el ansiado descubridor, o la necesaria liberalización cultural que les permita sin presión ni condicionamientos ser por fin profetas en su tierra.

Obviando la fatua vanidad de quien presume de algo que carece, el propósito de ampliar los horizontes culturales de nuestro pueblo es loable y plausible, pero José Martí nos enseñó que no hay separación posible entre cultura y libertad. No es la propaganda autocomplaciente lo que nos acercará al noble propósito. Solo reconociendo el pluralismo natural de nuestro pueblo y respetando el derecho de los cubanos a disfrutar con orgullo la obra y los logros de sus artistas, independientemente de cómo piensen y dónde vivan, la cultura será el maravilloso patrimonio de todos y no la bandera propagandística de un poder vacío de alternativas y horizontes.



_____________________________________________________
Leonardo Calvo Cárdenas. Licenciado en Historia. Miembro del Secretariado
de la Corriente Socialista Democrática y del Centro
de Estudios del Socialismo Democrático.

 

                                                                   

Y ESTAS MISERAS  PRISIONES                                                   

               ATAUDES GIGANTES.

               QUE ENCIERRAN CADAVERES.

               QUE SON VIDAS.

               PARA LA PATRIA MUERTA.

                                                                                                                   

                                                                                                               La Cabaña,1968.

                                                                                                                J.R.Beruvides.

                       Barrotes en si mayor.

        Cai preso.

        Hace diez mil años.

        No….cincuenta.

        Ayer…Ayer…No se.

        Mi cerebro se comprimio,

        en una particula

        de intransigente rebeldia.

        La cosecha era temprana.

        Espigaba la bayoneta

        y la sangre

        sobre las espaldas

        de mis hermanos presos.

        Algun que otro muerto,

        pasaba sin chistar

        por delante

        de los Derechos Humanos.

        Tuvieron suerte.

        Ellos no escucharon

        El macabro ritual:

          PREPAREN.!!

         APUNTEN.!!!

         FUEGO.!!!!

         Hoy estuve preso.

         Hoy…….?

         No;……Ayer no.

         Siempre…… Que espanto.!!

                                             

                                                    J.R.Beruvides

                                                     07-24-05.hr:11:45 am.

 

A todos mis hermanos ex-presos y presos en la actualidad.Triunfaremos.

 

 

 

       morm21@yahoo.com