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 Entro 2007

 

CONTENIDO DE ESTA EDICION:

 

 

                              

                             

Nuevamente la Base Naval norteamericana en Guantánamo es noticia, en esta ocasión con relación a la visita que a su cerca perimetral hiciera la pacifista y defensora de  Derechos Humanos Sra. Cindy Sheehan y la Delegación internacional que la acompaña.

 

Revolución, llena eres de gracia
Por Leonardo Calvo Cárdenas

Las revoluciones son el proceso de transformaciones profundas que con mayor o menor violencia provocan trascendentales cambios en las estructuras sociales. Generalmente esos cambios se producen en medio de conmociones, enfrentamientos y polarizaciones, la revolución como acontecimiento político de impacto social, económico y cultural concluye cuando se han cumplido los objetivos transformadores o llega a establecerse un orden político institucional mas o menos estable y definitivo.

Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha
Por Dimas Castellanos

En La Isabel, un ingenio matancero propiedad de su padre, nació el 27 de junio de 1872 Cosme de la Torriente Peraza, una de esas personas que nacen para la historia. Con 22 años de edad, siendo miembro de las logias masónicas, licenciado en Filosofía y Letras y estudiante de Derecho en la Universidad de La Habana, fue tocado por la sugestiva prédica del apóstol.

 

LA LEY DE SHEEHAN:

 LOS DERECHOS HUMANOS Y LOS HUMANOS SIN DERECHOS.

Cindy Sheehan

Nuevamente la Base Naval norteamericana en Guantánamo es noticia, en esta ocasión con relación a la visita que a su cerca perimetral hiciera la pacifista y defensora de  Derechos Humanos Sra. Cindy Sheehan y la Delegación internacional que la acompaña.

 

Loables son los propósitos  de la Sra. Sheehan y sus acompañantes (pacifistas, ex prisioneros  y familiares de detenidos ): denunciar el limbo jurídico en que se encuentran  centenares de encarcelados en la instalación militar convertida en presidio para presuntos miembros de redes terroristas internacionales, los abusos a que han sido sometidos por parte de las autoridades del penal (temas sobre los cuales existe abundante evidencia testimonial) y exigir el cierre del  centro de detención norteamericano enclavado en suelo cubano; va a la defensa de la Justicia y de los Derechos Humanos de aquellos que aún en el caso de haber cometido  terribles crímenes deben recibir juicio justo con  garantías para la defensa y sanción adecuada a la magnitud de la falta cometida.

Como madre que perdió un hijo en la guerra ha de conocer el infinito dolor  y la profunda huella que deja en el alma la pérdida irreparable; ha de sufrir también el dolor ajeno como propio porque al igual que ella miles de madres cubanas,  un día,  recibieron la triste noticia de la muerte del hijo en una guerra lejana y ajena o la del hijo detenido o  preso arbitrariamente o condenado de forma abusiva.

 

   

Dr. Alfredo  Pulido   Antonio Díaz Sánchez  Efrén Fernández          René Gómez Manzano

Regis Iglesias   

 Pero la Sra. Sheehan y su Delegación solo ven  un lado de la geografía cubana, lamentablemente no han podido o  no han querido ver en los centenares de cárceles que

 

 

                 Alfredo Felipe

existen del lado de acá de la cerca, ni conocer acerca de Regis Iglesias,  fino poeta que cumple sanción de privación de libertad por  18  años, o del Dr. Alfredo  Pulido, excelente odontólogo que extingue condena  de  14  años, o de Antonio Díaz Sánchez sentenciado a 20 años de prisión, o del obrero Efrén Fernández, sancionado a 12 años, o del sindicalista Alfredo Felipe Fuentes, condenado a 26 años; sus armas eran lápiz, papel e ideas por lo que fueron  sometidos en 2003 a juicios sin garantías ni defensa, o del abogado René Gómez Manzano detenido desde hace un año y medio sin acusación ni juicio, también en un limbo jurídico. "No estamos aquí para ver los problemas que hay dentro de Cuba sino para protestar por los abusos
que se están cometiendo en Guantánamo, aunque defendemos el respeto a los derechos humanos en todo el mundo” expresó a la prensa internacional la Sra. Medea Benjamin, miembro de la Delegación (*). Regis, Alfredo, Antonio, Efrén, Alfredo Felipe y René también son seres  humanos, hijos del país del cual la Sra. Sheehan y sus acompañantes son huéspedes; estos compatriotas también han sido y están siendo objeto de iniquidades  pero para ellos no se pide ni exige el cumplimiento de esos Derechos  que deberían alcanzar a todos por igual.

Un grupo de Damas cubanas, esposas y madres de estos y otros prisioneros políticos del Gobierno de La Habana ha tratado de acercarse a esta luchadora por la Paz(**) pero infructuosos han sido sus esfuerzos por hacerse oír y  simplemente exponer la terrible situación por la que también atraviesan sus familiares encarcelados, consideraciones e intereses políticos han convertido en selectivos a luchadores por algo tan hermoso y altruista como lo es la Dignidad Humana, quizás estemos a las puertas de una nueva Ley, no escrita, que regula la actuación de los paladines de la Justicia y la Paz, la Ley de Sheehan:  exigir  para algunos los Derechos Humanos  que ignora convenientemente para  otros,  los  Humanos Sin Derechos.

(*) Reporte de la agencia EFE desde La Habana,  Enero/09/2007.

 (**) Ver “Damas de Blanco: Carta Abierta a Cindy  Sheehan” en:

http://www.damasdeblanco.com/imagenes/00017.pdf

 

Fdo. Dr. Antonio Llaca

Desde la ciudad de  El Tigre, Edo. Anzoátegui. Venezuela.

12/01/2007.

 

Revolución, llena eres de gracia
Por Leonardo Calvo Cárdenas

Las revoluciones son el proceso de transformaciones profundas que con mayor o menor violencia provocan trascendentales cambios en las estructuras sociales. Generalmente esos cambios se producen en medio de conmociones, enfrentamientos y polarizaciones, la revolución como acontecimiento político de impacto social, económico y cultural concluye cuando se han cumplido los objetivos transformadores o llega a establecerse un orden político institucional mas o menos estable y definitivo.

Solo una en la historia -la cubana- siguió llamándose para siempre revolución. Por obra y gracia de la voluntad de sus lideres, para utilidad del poder que detentan fue traicionada en sus inicios, puesto que no se restableció la Constitución de 1940, no se restauraron las correlaciones democráticas, nunca se realizaron aquellas prometidas elecciones dieciocho meses después del triunfo, no se respetó la libertad de palabra, movimiento, empresa y creencias.

Los líderes de la revolución “interminable” no se molestaron siquiera en rescatar algunas de las virtudes que Fidel Castro reconoció a la Cuba republicana en su alegato de defensa durante el juicio por los sucesos del asalto al Cuartel Moncada en 1953:

“Os voy a referir una historia. Había una vez una republica, Tenía su Constitución, sus leyes, sus libertades, todo el mundo podía reunirse, asociarse, hablar y escribir con entera libertad. El gobierno no satisfacía al pueblo pero el pueblo podía cambiarlo y ya solo faltaban unos días para hacerlo. Existía una opinión pública respetada y acatada y todos los problemas de interés colectivo eran discutidos libremente. Había partidos políticos, horas doctrinales de radio, programas polémicos de televisión, actos públicos y en el pueblo palpitaba el entusiasmo. Este pueblo había sufrido mucho y si no era feliz deseaba serlo y tenia derecho a ello...”

La revolución finalmente no resultó ser verde como las palmas, mas bien era, como advirtió aquella minoría preclara, un meloncito (sandia) verde por fuera y roja por dentro. A pasos escalonados pero ininterrumpidos se fueron implantando estructuras y métodos comunistas, proceso que incluyo toda forma de adoctrinamiento y la eliminación del escenario político -por todas las vías posibles- tanto de los que habían hecho la revolución y no eran proclives a abrazar esa ideología extraña y útil como de los comunistas que no estaban dispuestos a supeditarse incondicionalmente al poder absoluto del alto liderazgo.

Esas estructuras y métodos comunistas implantados por personas comunistas que demostraron poca fe y casi nula participación en la lucha insurreccional, pero que a fin de cuentas fueron los que pusieron su talento, experiencia, capacidad organizativa, su falta de patrones éticos y sensibilidad humana para convertir en lo que ha sido a aquella revolución humanista de Martí y de Chivás (1), por cierto tres referentes que tienen muy poca identidad con el comunismo como doctrina y poder.

La revolución como proceso radical de transformaciones esenciales pudo haber concluido en abril de 1961 cuando se declaró oficialmente el carácter socialista que ya se hacia patente en las estructuras políticas y económicas del país o a mas tardar en 1976 fecha en que se concretizó la institucionalización del sistema totalitario; pero el poder instaurado y el sistema político que lo sustenta continuaron durante décadas llamándose revolución.

En una muy sui géneris y útil subversión del concepto la revolución se convirtió en un poder inamovible e incontestable armado de una especie de patente de corzo santificada a perpetuidad por esa supuesta legitimidad original para controlar a libre antojo los destinos de toda una nación. A partir de esta nueva definición ser revolucionario en Cuba no significa buscar la transformación profunda y positiva de lo existente sino respaldar, defender y sobre todo obedecer incondicionalmente todo lo que dimane de ese poder.

Los hombres se equivocan la revolución es infalible; si el fracaso o el error son muy grandes entonces la revolución es capaz de hacer lo que reza en ese slogan patético y absurdo: “Convertir el revés en victoria”, algo muy fácil por cierto, puesto que la revolución también es la dueña del merito y la critica.

En ese camino la justicia, la policía y hasta la conciencia, entre muchas otras cosas, se convirtieron en revolucionarias para actuar siempre a favor de ese poder absoluto e incontestable. A los creadores e intelectuales se les advirtió -o amenazó- que “dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada” sin aclarar nunca cuales eran los limites y quien los determinaba.

Hace más de cuarenta años en Cuba no es el gobierno, sino la revolución, la que decide, distribuye y despoja. Los que se enfrentan a un gobierno tradicional son opositores, los que se oponen a la revolución son traidores y contrarrevolucionarios. Ser contrarrevolucionario significa oponerse a los valores y principios originales y legítimos de la revolución y no a la actuación reprobable de los que ejercen el poder, aunque estos últimos en su andar largo y deplorable por la historia hayan pisoteado con saña esos valores y principios.

Al lograr confundir en el discurso y en las percepciones los conceptos de revolución, patria, nación y Estado ha sido relativamente fácil para los gobernantes cubanos anular los derechos y las referencias cívicas; en fin, privar a los ciudadanos de espacios y voz. Aun cuando cada vez estamos más lejos de los principios y promesas originales, aun cuando el discurso esté tan divorciado de los hechos, la revolución sigue siendo ese ente omnipresente e inasible, perfecto e infalible que siempre actúa de buena fe, madre de todos los éxitos e incapaz de asumir alguna responsabilidad.

Solo la incorporación de una sólida cultura cívica y política, fundada en la libertad, el libre albedrío y la diversidad de los individuos, sin imposiciones ni manipulación, podrá salvarnos. Solo esa cultura nos hará capaces de colocar a la revolución en su lugar para valorarla en su dimensión histórica, con sus sombras y sus luces, al gobierno en capacidad de asumir prerrogativas, obligaciones y responsabilidades, y a los ciudadanos plenos de dignidad como protagonistas de su propia historia.

Cosme de la Torriente: la oportunidad de una fecha
Por Dimas Castellanos

En La Isabel, un ingenio matancero propiedad de su padre, nació el 27 de junio de 1872 Cosme de la Torriente Peraza, una de esas personas que nacen para la historia. Con 22 años de edad, siendo miembro de las logias masónicas, licenciado en Filosofía y Letras y estudiante de Derecho en la Universidad de La Habana, fue tocado por la sugestiva prédica del apóstol.

Incorporado a la Guerra de Independencia, emigró a los Estados Unidos y regresó como expedicionario junto al General Calixto García. Por sus méritos militares alcanzó los grados de Coronel, integró varios estados mayores y fue elegido delegado a la Asamblea Constituyente de la Yaya, donde defendió la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

En la República ocupó múltiples responsabilidades: Secretario de Gobierno; Magistrado; Senador; Secretario de Estado; Encargado de Negocios y Embajador de Cuba, primero en Madrid y después en Washington; representante en la Liga de las Naciones y Presidente de su Cuarta Asamblea; Delegado de las Naciones Unidas para América Latina; y Fundador y Presidente de la Sociedad de Amigos de la República.

De la Torriente fue una de las pocas figuras nacionales que entendió la política como servicio. Su actuación cívica, digna y ética le permitió transitar desde la violencia hasta el diálogo: una rara síntesis de virtudes entregada al mejoramiento de la cultura política cubana. Ello nos obliga, al arribar al 134 aniversario de su nacimiento, no sólo a recordar y reconocer, sino también a rescatar todo lo valioso de su copiosa obra. Una necesidad de los pueblos si no quieren desaprovechar ese tesoro que denominamos memoria histórica, tan necesaria para reflexionar, utilizar y esquivar errores.

La política –a la que dedicó 60 de los 84 años que vivió sin reposo– es el arte de convertir lo necesario en posible y lo posible en real sin el empleo de otra fuerza que no sea la de los argumentos. Un axioma utilizado por aquel General prusiano, Carl von Klausewitz, que combatió contra Napoleón en Waterloo y devino destacado teórico militar con su obra “De la guerra”, en la que afirmó: la guerra, no es otra cosa que la continuación de la política por otros medios. A lo que un siglo más tarde, Lenin, el líder bolchevique ruso, añadió: “precisamente por los medios violentos”.

La superioridad del diálogo sobre la violencia la demuestra el hecho universal de que los conflictos, después de acarrear ríos de sangre, generalmente concluyen en la mesa de negociaciones con un apretón de manos y un brindis entre vencedores y vencidos. Esa experiencia milenaria sugiere sentarse a la mesa de negociaciones antes que la política se transmute en guerra.

Nuestra cultura de violencia cuenta con un abultado expediente: conquista, colonización, piratería, ocupaciones, esclavitud, cimarronería, conspiraciones, guerras, guerritas, masacres, dictaduras, revoluciones, contrarrevoluciones, exportación de revoluciones y envío de fuerzas regulares a otras regiones; sin mencionar los efectos negativos del nutrido arsenal de discriminaciones, vituperios, groserías, descalificaciones y ofensas verbales que tenemos siempre a disposición. Ante el reconocimiento de esa fatal herencia negativa se imponen cambios en nuestra forma de pensar, hablar y actuar, para desandar caminos, humanizar las relaciones y regresar al diálogo y a la diplomacia.

En ese propósito, el rescate de figuras como la de Cosme de la Torriente se justifica con sólo enumerar algunos ejemplos de su pensar y accionar.

1- Siendo Encargado de Negocios en España se celebró una reunión del Cuerpo Diplomático en Madrid para felicitar al Rey Alfonso XIII, quien había salido ileso de un atentado. En dicha reunión la Reina humilló a Cuba al negarle el saludo a su representante, quien, con altura, pero con energía, elevó una protesta y recomendó al gobierno cubano retirar la Legación de Madrid si la Reina no cambiaba de actitud. En respuesta, La Habana elevó su nivel y presentó sus credenciales como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario, ante lo cual la Reina recibió a Cosme y le dispensó las mayores amabilidades.

2- Al producirse en Cuba la segunda intervención norteamericana en 1906, Cosme renunció a su cargo diplomático en España y escribió a Charles Magoon: “...no se olvide que yo, el único de los Ministros Plenipotenciarios de la República de Cuba que tomó parte en la Guerra de Independencia contra España con las armas en la mano, por entender que mi pueblo era capaz de regir sus propios destinos, no puedo estar en ninguna nación, y menos en la que fue nuestra dominadora, representando lo que es la negación de las ideas que defendí...”.

3- Siendo embajador de Cuba en Washington en 1925 logró que los senadores de aquel país aprobaran, después de más de 20 años de espera, el Tratado Hay-Quesada que devolvió la soberanía de Cuba sobre la Isla de Pinos y en 1934 redactó el Proyecto inicial del Tratado de Relaciones de Cuba y Estados Unidos que habría de abrogar la Enmienda Platt y tuvo el privilegio de dirigir desde La Habana las negociaciones, del embajador Manuel Márquez Sterling que culminaron con la abrogación, el 29 de mayo de 1934, del histórico Tratado mediante el cual se había impuesto dicha Enmienda.

4- Fue el primer congresista que propuso se concediera el voto a las mujeres en condiciones de igualdad con el hombre, y finalmente en los años cincuenta, encabezó el Diálogo Cívico, defendiendo la democracia y la institucionalización contra la disyuntiva entre dictadura y violencia revolucionaria, con la consigna “Elecciones generales con garantía”.

5- En una oportunidad expresó: “Siempre he sido contrario a los alzamientos armados como solución política; y también fui y soy contrario declarado de las violencias personales, que son el origen fundamental de nuestras perturbaciones”.

Su predilección por los métodos no violentos, precisamente en Cuba, donde esa tendencia constituye uno de nuestros males raigales, lo llevó a declarar en una oportunidad: “He sido y seguiré siendo firme y decidido enemigo de todo derramamiento de sangre, tanto legal como arbitrario: en nuestra tierra la sangre derramada injustamente es la semilla que más germina y más poderosos frutos produce. Quizás sea este modo de pensar mío un sentimiento ancestral, algo que me viene de muy lejos; pero en la paz y en la guerra, en todas mis edades, siempre he sentido una viva aversión contra los que no dan importancia a la vida de sus semejantes”.

Como abogado de profesión siempre creyó en la fuerza de la ley y no en la ley de la fuerza. Como político actuó desde la moderación en un medio caracterizado por la intransigencia y la ruptura. Convencido profundamente de lo infructuoso de la violencia cuando de fundar pueblos y conformar naciones se trata, encaminó sus pasos hacia la conciliación, la gradualidad y el diálogo como cimientos ético-culturales de la acción política. Una obra que Brown Scott sintetizó así: “Feliz el hombre que liberó a su patria con las armas en la mano y que definió luego sus fronteras y derechos en la paz”.

Sus palabras, que evocan el amor al prójimo –ese mensaje universal de dignidad, amor y humanismo contenido en el evangelio cristiano– deben erigirse como fundamento de las relaciones interpersonales entre cubanos y como pilar de la nación que estamos convocados a completar, al margen de cualquier diferencia natural, política, social, cultural, religiosa o económica, desde el diálogo y la reconciliación.

 

       morm21@yahoo.com