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"La Decadencia Cubana de Fin de Siglo y su Salida"

Enrique Baloyra Herp, PhD

Profesor de Postgrado de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami

Versión de un discurso pronunciado el 11 de Julio de 1995 ante la militancia de la CoordinadoraSocial Demócrata de Cuba, en la Iglesia Episcopal de Todos los Santos de Miami.

Muchas fueron las ocasiones en que algún estudioso, individuo ilustre o grupo de ciudadanos mirase a la Cuba colonial para lamentarse de su triste y deteriorada condición.(1) A éstas podemos sumar las críticas hechas a la Cuba Republicana.(2) Numerosos también han sido los testimonios de extranjeros criticando lo criollo.(3)

Aún destilando lo superficial e interesado de todas estas críticas, denuncias y lamentaciones parecería que somos una nación singularmente desgraciada e incapaz de sentar definitivamente un rumbo definitivo, reconciliado a las posibilidades de sus recursos naturales y del ingenio de sushabitantes. Caben otras lecturas como, por ejemplo, imaginar que somos unos malcriados,quejosos e inconformes; que concebimos la realidad como algo maniqueo y que, por lo tanto,malentendemos el carácter esencialmente dialéctico de la historia; que vivimos divorciados de lacotidianeidad de los cubanos comunes y corrientes, maestros consumados en el arte de resolver lasobrevivencia o que, simplemente, al desconocer el infortunio ajeno sobredimensionamos elpropio.

Antes de discutir nuestra decadencia quisiera, a la usanza de esos predicadores protestantesduchos en ir aproximándose a temas escabrosos a través de una serie de flanqueos, plantear dosgrandes cuestiones que no por ser clásicas resultan aburridas o fuera de lugar. Me refiero al temade la causalidad en todo lo que tiene que ver con historia y sociedad, y al tema de la certezacientífica, en todo lo que tiene que ver con epistemología (como conocemos) y nomología (comodescribimos lo conocido).

La primera cuestión aborda el problema con que nos enfrentamos en materia de historia ysociedad, al tener que escoger entre dos grandes escuelas interpretativas: estructuralismo yvoluntarismo. Básicamente, o bien los desenlaces que vemos en la historia y en la sociedad sonatribuídos a decisiones y resultados previos (estructura) que limitan y precondicionan lo posible oa resultados que dependen de la habilidad con que se ejecuten estrategias urdidas a partir de unacierta distribución de recursos (agencia) y que tratan de alcanzar lo probable.

Entre nosotros lo estructural, en lo referente a la Cuba real y posible, se ha visto retratado en laspreocupaciones demográficas de José Antonio Saco (1832); en una geopolítica que privilegiaba loeconómico como marco interpretativo, y cuyo exponente más famoso en este siglo fue RamiroGuerra (1927, 1940), con aportes valiosos de otros como Fernando Ortiz (1947); en lasindagaciones culturalistas del propio Ortiz (1916, 1917, 1921) y de Jorge Mañach, quienes sedetuvieron a ponderar las consecuencias que había que prever a partir de un ajiaco de viveza criolla, intolerancia, desprecio por la ley, mezcolanzas raciales, indolencia, sincretismo religioso y choteo. Lo posible vendría dictado por una economía monoproductora de exportación o por una sociedad racialmente mixta o por una cultura no democrática o por todo esto o, como si fuerapoco, por una proximidad a la primera potencia del planeta. Desde este ángulo, cualquier logro en materia de progreso, igualdad y democracia podría ser visto como coyuntural y reversible, lecturanada desdeñable dados los ciclos de oprobio que hemos padecido.

Al pesimismo estructuralista se le contrapuso un optimismo voluntarista cuyos mejoresexponentes fueron las metas trazadas por las distintas generaciones revolucionarias a partir de1868. Caben aquí los de sobra conocidos manifiestos-programas que bosquejaron una Cubaprobable y mejor: el Manifiesto de Montecristi (1895), el Manifiesto-Programa del ABC (1932),el de Joven Cuba (1934), la Nuestra Razón del Movimiento 26 de Julio (1956). Vemos en estos,claro está, las aspiraciones de los elementos pensantes dentro de los distintos movimientos y nocomo unas miras machacadas y consensuadas en las bases y refinadas por la dirigencia.

Pero al intepretar lo político hay que tener siempre mucho ciudado con el estructuralismo pues insiste en precondicionar lo posible a algo previo, sea lo económico o lo cultural. Un defecto fataldel estructuralismo es el intentar, por medios heroicos inclusive, de explicar la política a partir decualquier cosa -- cultura, economía, sicología, idiosincracia --con tal que no tenga que ver con lapolítica en si. Pero hay que cuidarse también de un excesivo optimismo de la voluntad y deplantearnos interpretaciones o metas que no se compadecen con la realidad.

Nuestra historia aconseja que no nos divorciemos de ninguna de las dos escuelas. ¿No fue la"siempre fiel" un poco a la zaga de ciertos condicionamientos del tipo de sociedad que prevalecióen Cuba a partir del tránsito de la factoría a la colonia? ¿No ha insistido insensatamente ladirigencia revolucionaria en esquemas que no producen bienestar? Por otra parte, ¿no sugierennuestras experiencias de este siglo que no vamos a crear una democracia sino con actosextraordinarios de la voluntad? ¿No ha sido la revolución socialista proclamada el 15 de abril de1961 de un voluntarismo realmente extraordinario? ¿Dónde nos debemos colocar en el balanceentre pesimismo y utopía? ¿Ha llegado el momento de dejarnos de comparar con los países másadelantados del hemisferio y de ceñirnos a lo que es posible en sociedades como las del Caribe?

Estos cuestionamientos nos llevan al segundo punto, al de la certeza de lo que sabemos. Quisierausar como referencia lo que dicen los físicos acerca de la certeza con que se enfrentan a larealidad. Tomo prestadas, y con mucha reticencia dado que no se trata de nada con que me sientacómodo y familiarizado, algunas de sus reflexiones para señalar que, en último caso, la certezamáxima a la que se puede aspirar en el quehacer científico es a la de no rechazar una hipótesisdada su "concordancia con experimento".(4) Es decir, nunca se llega a la convicción de que unapremisa es cierta; simplemente se dice que sirve para interpretar un aspecto de la realidad con másprecisión y elegancia que otras rivales.

Algunos filósofos, sociólogos y lingüistas se han tratado de aprovechar de esta indeterminación ydel aspecto probabilístico de la mecánica cuántica para introducir un elemento deconstructivo ycaótico que, con visos de posmodernismos, intenta descalificar el conocimiento y desligitimar laactividad científica en si. No me simpatiza esto en lo más mínimo y me propongo solamentellamar la atención a que, inclusive en las ciencias más exactas, hay un elemento de chance y un nivel, por mínimo que sea, de incertidumbre que son irreducibles. De manera que, inclusive enáreas donde el conocimiento avanza de manera más sistemática y disciplinada, consideramos como "final" una teoría simplemente porque es la mejor de que disponemos. Y aunque inconclusas y tentativas dichas teorías nos han indicado cómo valernos de las fuerzas de la naturaleza para, de alguna manera, hacernos copartícipes en ese proceso evolutivo e inconcluso que es la creación.

Según el mejor de sus biógrafos, el almirante Cristóbal resultó pésimo en sus cálculos de longitud, lo cual no le impidió descubrir América. La historia de la ciencia está repleta de accidentes similares. Alguien inconforme con alguna de nuestras explicaciones finales salió en busca de una alternativa y abrió nuevas perspectivas. El innovar y revisar lo dado por sabido abre la posibilidad de descubrir. El aferrarse a lo que se tiene por cierto puede ser una debilidad fatal. Para entender nuestra decadencia y cómo salir de ella debemos preguntarnos no ya cuál es nuestra "teoría final" o correcta sobre Cuba, sino cuáles son las pruebas a que debemos someter las interpretaciones que tenemos para ir reduciendo ese margen de error que es inevitable en todas nuestras apreciaciones.

En la coyuntura actual, estructuralismo y voluntarismo se conjugan de una manera infernal. Unosinsisten en profundizar o en perfeccionar lo que existe para salir del atolladero: algunos de afuera insisten en apretar el torniquete del embargo, los que mandan dentro dicen que no se van asuicidar políticamente. Unos pretenden que a través de los cambios económicos, por magros queestos sean, se va a producir una dinámica irreversible y, por ende, irresistible. Otros opinan quehay que confiar en que los espacios que se han ido abriendo en una exigua sociedad civil se van air ampliando. En realidad todos podemos estar equivocamos. ¿Dónde está la clave: en cambiosdrásticos de estructura o en lo insidioso de cambios que inclusive pueden pasar desapercibidos?Tomemos un poco de distancia. ¿Quién de nosotros necesita ayuda para enumerar los distintosaspectos de nuestra decadencia? Cualquier lista deshilvanada recogida por ahí sugeriría que setrata de una crisis de la sociedad entera:

En lo material, la producción está todavía por debajo de un cuarenta por ciento de lo que erahace cinco años. El monto del comercio exterior anda por un veinte o un treinta por ciento de loque era hace diez años. La deuda externa en moneda fuerte y la ausencia de nuevas fuentes decrédito frenan las inversiones extranjeras que llevan años estancadas en una mítica cifra de milmillones de pesos. Tras mucha incertidumbre y no pocos equívocos la agricultura ha sido capazde generar unos pocos productos de consumo tales como viandas, tubérculos, vegetales y carnede cerdo que no están ni con mucho al alcance del bolsillo de la mayoría de los cubanos, quienesse ven obligados a participar en la economía informal, ya sea a través de operaciones de bolsanegra, de prostitución o de delincuencia. Al abarcar a no más del tres por ciento de la fuerzalaboral activa, los renglones aprobados para el desempeño de actividades por cuenta propiaresultan insuficientes para darle oportunidades a quienes están desempleados o a los que nopueden cubrir sus necesidades básicas con la escala salarial oficial. La vivienda urbana estáseriamente deteriorada y va a resultar insuficiente e inclusive insegura durante largo tiempo.

En el campo de los bienes colectivos tales como la salud, que había sido preconizado por eloficialismo como una de las conquistas indiscutibles del experimento revolucionario se ve plagadapor una insuficiencia general de medicinas y medicamentos, inutilizando en gran manera a unvasto personal altamente calificado pero incapaz de desempeñar su papel debido a la falta derecursos.

De la educación podríamos decir otro tanto.

En lo espiritual se ha ido constatando un modesto pero decidido auge en la asistencia a la liturgiay a las ceremonias religiosas en general, pero no alcanzamos a saber si se trata de escapismo o deuna conversión sincera.

Añadan todo lo que ustedes quieran.

En lo político, que es donde hay que dar la pelea, al decir de un compañero social demócrata ypremio Nobel de la Paz por su labor en América Central, "no hay voluntad de cambio". La Cubaque propone el castrismo no es en realidad la de la gerontocracia de la República Popular China.Resulta muy holgada esta comparación: hay diferencias insalvables de tamaño y de cultura queapuntan en direcciones opuestas y que sacan la comparación de cualquiera perspectiva razonable.La Cuba que propone el castrismo es la inagurada hace ya más de ciento cincuenta años por elcapitán general Francisco Dionisio Vives: con algunas islas de prosperidad, inclusive concrecimiento, pero desmoralizada, carente de solidaridad y bajo el garrote vil y la ley marcial.Resumiendo, podría decirse sin miedo a exageración que el experimento revolucionario estáliquidado. El mundo se les ha venido abajo a los revolucionarios. Pero, sin embargo, el régimen semantiene a pesar de la espantosa decadencia en que ha sumido a la nación para asegurar susupervivencia.

Los de la oposición no hemos sabido rellenar ese vacío con una alternativa basada en la esperanzay en la imaginación. Un poco mecánicamente hemos seguido con más de lo mismo. Con eldesplome del Muro de Berlín se asumió que el experimento revolucionario cubano caería por supropio peso. Dijeron unos: ¿No dependía el régimen para su subsistencia de la ayuda soviética?¿No era indispensable el referente ideológico para proveer el marco justificativo de la legitimidaddel régimen? Exacerbemos el embargo económico y agravemos la consuetudinaria incapacidad delcastrismo para generar el más mínimo bienestar económico, desguarnecida ya de la coberturaeconómica soviética. De ahí será corta la distancia a un clima de anarquía y de desmoronamientoque inevitablemente llevará al colapso final. Dijimos otros: No se trata de eso. Castro tiene quenegociar y que abrir espacios de esperanza, tiene que poner en juego la imaginación. No le quedamás remedio que cambiar.

Quizás sea difícil imaginar la vida de otra manera y apreciar la autonomía de lo político en lahistoria cubana contemporánea. En resumidas cuentas, es posible que los cambios que han venidoocurriendo en Cuba sean en parte atribuíbles al embargo. Pero es también posible que, dada esaautonomía de la política en Cuba, la única salida sea por la vía de la negociación. El grupodirigente en Cuba no tiene la más mínima idea de cómo generar prosperidad pero ha demostradoque no necesita lecciones para mantenerse en el poder. ¿Cómo reconciliamos estas dos mitades deun mismo fracaso?

Durante la larga espera hemos reinventado y reeditado a Cuba. La obra está casi completa, almenos en lo cultural y en lo económico. Esto nos abre grandes oportunidades y nos expone apeligros mortales. Se trata, por una parte, de que, querrámoslo o no, en Estados Unidos locubano ya no es ajeno y está siendo rápidamente incorporado al mosaico norteamericano. Esto nolo dicen los sociólogos sino que es una apuesta de quienes invierten en y viven de la industria dela imaginación. Ya nada es más natural que incluir a los cubanos en temas norteamericanos nosólo de Miami sino de cualquier parte. De ahí la incongruencia de protestas contra una decisiónavalada por una política norteamericana que arranca con la administración Reagan y que llega asincerarse, en una coyuntura muy adversa, con la de Clinton. Pregunto, ¿han consultado ustedeslas cifras de inmigración directa desde Cuba a Estados Unidos entre 1981 y 1992? ¿De qué sequejan los que se las daban de influyentes con cualquier administración? ¿Entendemos el por quéporcentajes apreciables de nuestros compatriotas estimen justo que no se le permita la entradalibremente, bajo la Ley de Ajuste Cubano, a quien se aparezca por acá con nada más convincenteque decir que "en Cuba no hay nada que comer"? ¿Cómo nos adaptamos a esto? ¿Cerramos losojos o ajustamos lo que sabemos a una realidad cambiante? ¿Nos puede borrar de la historia unacuerdo sobre inmigración? ¿Nos puede realmente marginar cualquier acuerdo bilateral entreCuba y Estados Unidos? ¿Somo águilas o gallinas?

Vivimos en una indigencia vergonzante de iniciativas políticas. Soñamos con el gran líder que va adestronar al tirano, cuando debíamos andar organizando al pueblo en asamblea para exigirle quese largue. Le pedimos a un cardenal de un país que no puede ni remotamente ser llamadocristiano, que se eche encima todo el peso de un protagonismo político que no le corresponde yque no sería reciprocado por una gran mayoría que no cree ni en la electricidad o que andabuscando "fundamentos" para sobrevivir su triste realidad. Vivimos exigiéndole privilegios algobierno federal, cabildeando y amarrando alianzas con tirios y troyanos, pero listos a gritar"traición", cual extranjeros permanentes, cuando no se nos satisfaga.

Vivimos satisfechos de que no hemos dejado de ser cubanos, aunque intermediados por un guiónque a la larga nos pone del otro lado no de una muralla ideológica, sino del exitismo voluntarista,avalado por el esfuerzo y los logros de dos generaciones, que nos hace harto incomprensibles laprostración y la pasividad de los cubanos insulares. Vivimos complacidos porque hemosconstruído un ambiente donde ha sido posible la creatividad artística y donde, sin darnos cuenta,hemos contribuído a la mayor penetración cultural en la historia contemporánea del continente,imponiéndoles la cultura de Miami tanto a los otrora desdeñosos hermanos del Cono Sur como alos factores de poder económico, financiero y social anglosajones que aspiran a dominar nuestromercado. Y es que la economía latinoamericana no sólo tiene que ver con lo que se fabrica en SaoPaulo o lo que se ensambla en Monterrey o lo que se protege del fisco en Panamá o en GrandCayman. Tiene también mucho que ver con lo que se graba en la playa y en Miami Springs, conlos arreglos financieros que se cocinan en Brickell Avenue y con lo que se factura en Medley ypasa por el puerto de Miami.

Entendámolos bien: hemos dejado de ser los malos de la película. El resto del hemisferio no tienemayor contradicción con nosotros: comercia con nosotros, canta y baila con nosotros. Quieresaber lo que pasa aquí. Completemos el cuadro con nuestra sabia y paciente labor en laPlataforma Democrática. Cada día son menos los que se tragan el petardo de que los problemasde Cuba no se resuelven por culpa de la intransigencia de los cubanos de Miami. Toda la galaxiasabe que, sea cual sea su vehemencia, la mayoría de los cubanos de Miami quieren la democraciapara su país.

Estamos ante una decadencia innegable pero no saldremos de ella si no avivamos las imaginaciónconfrontando valientemente la realidad. Los de afuera no hemos sabido apreciar en su verdaderamagnitud el poder real que tenemos y lo mucho que lo podemos aumentar. Desgraciadamente, losque llevan la delantera en este terreno insisten en la tesis de que, acumulando fuerza desde fueravan a poder determinar el desarrollo interno de los hechos. Esto es mucho pero insuficiente. Losque queremos entrar a jugar en Cuba carecemos de vínculos adecuados y de oportunidad parapoder hacerlo. No podemos resignarnos a desempeñar el papel de "moderados razonables". Esotampoco basta. Todos estamos obligados a demostrar que nuestras ideas "concuerdan conexperimento". Todos estamos obligados a hacer la democracia para todos, absolutamente todos.

Tenemos algunas lecciones que asimilar como, por ejemplo, nuestras percepciones sobre el ánimoy las disposiciones de los hermanos que nos llegan. Basado en la experiencia de los últimos meses,y sin apologías de una política que tiene mucho de oportunista y que duele en carne propia, nocreo que la mayoría de los que están llegando sean refugiados políticos. Es innegable que hansufrido. Sienten que han escapado del infierno. Pero no se comportan ni piensan como tales.Balbucean algunas frases que saben que van a caer bien, se ponen a la altura de los másintransigentes o simplemente hacen mutis por el foro discretamente felices con la oportunidad depoder rehacer sus vidas. ¿Por qué tiene que ser esto motivo de escándalo? ¿Que es más oneroso,el no poder encontrar a diario un mártir o un héroe para el noticiero de las seis o el tener queafrontar, como tienen que hacerlo cada vez que se miran al espejo los que apostaron por el culto aun megalomaníaco, que han metido al país en la peor crisis de su historia?

Bien. Se nos agota la cuota de refugiados. ¿Y qué? ¿Para qué andar buscando héroes si lo quenecesitamos es gentes sensatas, dispuesta a correr los riesgos de cada día y a quienescomunicarles un mensaje reivindicativo? ¿Andamos buscando voz y agencia para los que no lastienen o a la caza de un protagonismo que no nos corresponde? ¿Necesitamos más mártires de losque tenemos o simplemente un círculo más y más grande de cubanos que, al unísono con lacélebre y maltratada poetisa, digan simplemente "No, no estamos de acuerdo"? Que simplementedigan "no, no más disimulo, no más putería". Me resulta difícil entrever el heroísmo del "maceta"pero me doy cuenta que, pidiendo prestada una metáfora, pudiera ser una de esas hormigas que seestán comiendo al último de la dinastía de un patriarca testarudo, que se ha amarrado a un árbolque no da sombra. Me cuesta trabajo creer que lleguemos a la democracia con timbiriches yquincallería pero ¿quién sabe? Queda por demostrar. Tenemos, por otra parte que asumir que, aligual que en el pasado, si hacen falta héroes Cuba los parirá. Por el momento, lo que se ha podidolograr es mantener las denuncias a los atropellos y a las violaciones, el sabotaje implícito a losplanes descabellados, el abrir espacios muy pero que muy precarios en la sociedad e inclusive enel Partido. No tenemos mucho más. Con estos bueyes tenemos que arar.

Lo que concuerda con experimento, es decir, con la realidad, es que tenemos un pueblovapuleado y agobiado por una mediocridad asfixiante. Ese pueblo se ha atrevido a ciertos desafíospero no los ha podido mantener vigentes: siempre se le ha abierto una válvula de escape. Esaválvula se acaba de cerrar. Los que han salido de sus casas tirando sus medallas y sus libros nohan logrado encender una chispa. Pero por lo menos ya se atreven a salir. No menospreciemosesto. No le pidamos peras al olmo.

Lo que concuerda con experimento también nos obliga a un compromiso triple con los de allá. Elprimero es de mantener nuestra solidaridad y esto implica penetrar y darle aire a esa mediocridadasfixiante de la manera que sea. ¿Por qué nos tienen que asustar los intercambios? ¿Qué tenemosque temerle al fax, al teléfono y al video-casette? Seamos excelentes comunicadores. El segundoes un compromiso con la verdad y esto incluye recordarles que nadie, absolutamente nadie, sinoellos mismos puede conquistarles su libertad. Las cosas no tienen un desenlace inexorable. Quiense aferra al poder no lo hace simplemente por pura sobrevivencia sino por razón de vida y no va ahacer nada en contra de sus intereses si no le queda más remedio. Hace falta la agencia para crearvínculos, para actuar en concierto, para organizarse y exigir derechos. Seamos buenosconspiradores. El tercero es el de aceptar que no somos ni podemos ser protagonistas. Esto no esuna claudicación sino un acto de realismo. Son ellos los que tienen que protagonizar.Ayúdemoslos a jugar ese papel.

Termino con un visión optimista. En realidad la estructura nos es propicia. Si la hubiésemosdiseñado con esmero maquiavélico no nos podría haber quedado mejor. Estamos en un equilibrioen el que los que creen en soluciones drásticas tienen poder de veto. Muy bien. Estoprecondiciona las cosas de manera que los que creemos en la fuerza de la razón y los que somosvoluntaristas de lo probable estamos obligados a producir resultados intachables para poderdesbloquear la situación. Lo sentimos mucho caballeros. No basta con tener fama de aperturista.Hay que actuar como tal. No basta con buenas intenciones. No basta con ser disidente, hay quepasar a una oposición leal a la nación. No basta con creer en la negociación y tener fama demoderado. Hay que meter el hombro para hacerla posible. El pueblo tiene derecho a pedir pruebasantes de meter la mano en la candela.

Todo este complicado equilibrio va a descalificar tanto a los protagonismos como a las maromaspublicitarias de los que buscan consagrarse en la historia o en el poder. Todos sabemos quetenemos que lidiar con claro-oscuros y que Roma no se hizo en un día pero para llegar a unademocracia hay que crear una dinámica de gobierno y oposición. Y, para ser democrático,cualquier proceso de cambio tendrá que tarde o temprano incluir una negociación entreadversarios. Lo sentimos mucho caballeros pero, afortunadamente, nunca ha sido difícil el darseun abrazo entre cubanos. Y sucede que no andamos en busca de cariño sino de unas reglas clarasdel juego, para crear un sistema de poder basado en la desconfianza, donde no quepa el abusoentre adversarios. El pan con lechón, la cerveza y las reconciliaciones vendrán después.

Colegas de las social democracias, hemos demostrado que sabemos correr riesgos y sobrevivir laadversidad. Estamos comprometidos con la solución pacífica. Pero no hemos bregado tanto paraembarcarnos en la primera pirueta que se nos brinde como una migaja a un medigante. Noandamos mendigando el poder. Queremos una democracia probable para un pueblo que nomerece una dictadura que se justifica como lo único posible. El tiempo está a nuestro favor. Nosomos quienes quieren resolver una situación económica extrema con medidas que la empeoran.No somos quienes aspiran a tener legimitidad sin partidos y sin elecciones libres. Somos quieneshan acumulado poder moral y credibilidad para jugar el papel de oposición democrática. No nosinteresa ningún otro.

Compañeros social demócratas, no hemos trabajado en vano, especialmente en los últimos cincoaños. Hemos avanzado mucho. Consolidemos lo ganado. Revisemos nuestras premisas.Aligeremos el lastre de lo que no explica nada. Calibremos la estrategia. Seamos pacientes peromantengámonos vigentes. No somos imprescindibles. Por lo tanto, sigamos trabajando, sigamosinsistiendo.

La Cuba real es abominable.

La Cuba posible resulta mezquina.

La Cuba probable sigue mereciendo nuestro mejor esfuerzo.

Muchas gracias. Versión de un discurso pronunciado el 11 de julio de 1995 ante la militancia de la CoordinadoraSocial Demócrata de Cuba (CSDC), en la Iglesia Episcopal de Todos los Santos de Miami.

NOTAS

1. Véase el Informe Sobre La Agricultura en La Habana que Francisco de Arango y Parreñoelevase a la Corona, las representaciones del Padre Félix Varela ante las Cortes, los trabajos deRamón de la Sagra (1831, 1863), el ensayo histórico (1842) y el diccionario (1859) de Jacobo dela Pezuela, las peticiones elevadas por el Círculo Reformista y por la Sociedad Económica, lascondiciones laborales descritas por el periódico La Aurora, las reflexiones de Raimundo Cabrera(1887), las Bases del programa revolucionario de José Martí (1892), la denuncia de Enrique JoséVarona (1895), y las cifras espantosas del censo de 1899.

2. Incluyendo los estudios comparativos de Varona (1919) y de Carlos Manuel Trelles y Govín(1923), la protesta de "los trece" y el lanzamiento del grupo minorista (1923), y el ensayo deFernando Ortiz que sugiere el título de esta reflexión (1924).

3. Quizás denigrantes, injustos y etnocéntricos pero inquietantes, como los de David Turnbull(1840), Alexander Humboldt (1856), Anthony Trollope (1862), Samuel Hazard (1871), IreneWright (1919), Edwin Atkins (1926), Charles Chapman (1927), Leland Jenks (1928), Ruby HartPhillips (1935) y Hugh Thomas (1970), así como los de Román Orozco (1993) y Jean-FrancoisFogel y Bertrand Rosenthal (1993), cronistas del deterioro revolucionario castrista.

4. Véanse los ensayos de Richard Feynman (1967), Steven Hawking (1988) y Steven Weinberg(1992).

 

       morm21@yahoo.com