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¿Qué es Consenso Cubanos?

Somos un grupo de organizaciones cubanas políticas, sociales, laborales, culturales, intelectuales, religiosas y de derechos humanos, comprometidas con la reconciliación y la transición no violenta hacia un estado soberano de derechoPonencia presentada ante la  English

 

Enrique Baloyra : De la euforia neoliberal al realismo socialdemocrata..

Erróneamente se considera la caída del muro de Berlín, en Noviembre de 1989, y el fallido intento de restauración golpista bolchevique de Agosto de 1991, como el punto final del estalinismo. A partir de esas fechas se han hecho todo tipo de vaticinios sobre el final de la historia, sobre la derrota definitiva de la izquierda y sobre el triunfo de la democracia capitalista. Se pretende con esto subrayar que hay que enterrar todas las aspiraciones a democratizar el capitalismo real, que es imposible construir una sociedad solidaria y que hay que someterse a la lógica del mercado.

Nosotros, cubanos conscientes de la necesidad de un cambio trascendente en las estructuras políticas, sociales y económicas de nuestro país, nos juntamos más allá de nuestras estrategias en favor de la liberación para afirmar ante nuestro pueblo y la comunidad internacional los postulados esenciales que substancien la alternativa democrática al despotismo que impera actualmente en nuestra patria.

 

 Conferencia Nacional de la Corriente Socialista Democratica en celebracion del X Aniversario de su fundacion. Habana Enero 16-19 del 2002

Cuba: una mirada analítica a los primeros meses de 2005

Han transcurrido los primeros cinco meses del actual año 2005 y, tal y como habíamos anticipado en el documento Cuba: reflexiones de 2004, este se está comportando de un modo “(…) singular para los cubanos, colmado de sensibles expectativas y de multiplicadas responsabilidades”.

 

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PROYE       PROYECTO DEMÓCRATA CUBA                                             Miembro de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA)

 

 Sede: Calle 7ma. #49405 (altos), e/ 494 y 494-A. Guanabo, Playas del Este, La Habana, Cuba. C.P.: 19120.

Telefax: (537) 96-2636          E-mail: Prodecu@hotmail.com      Sitio web: http://www.prodecu.org

  Cuba: una mirada analítica a los primeros meses de 2005

 

Introducción

 

Han transcurrido los primeros cinco meses del actual año 2005 y, tal y como habíamos anticipado en el documento Cuba: reflexiones de 2004, este se está comportando de un modo “(…) singular para los cubanos, colmado de sensibles expectativas y de multiplicadas responsabilidades”.

 

Por estas circunstancias y por la trascendencia de los acontecimientos que se han venido produciendo es que adelantamos algunas opiniones sobre estos en el ámbito del tiempo acontecido.

 

En esta oportunidad nuestras visiones serán ofrecidas partiendo de enfoques puntuales de los actores más importantes que, de alguna manera, participan en lo que se ha dado en llamar “el tema cubano”.

 

 

El gobierno de Cuba

 

Las autoridades cubanas, en correspondencia con la llamada Batalla de Ideas y, espoleadas por el Dictamen de la Comisión de Ayuda para una Cuba Libre del gobierno de los Estados Unidos, han continuado enfrascadas en una acelerada campaña que abarca los campos de la economía, la sociedad y la política.

 

Con relación al primero, el aumento del ingreso mínimo que reciben los pensionados así como el incremento proporcional del monto de las prestaciones de la seguridad social, más la elevación del salario mínimo que devengan los trabajadores, aparentemente, apuntan a crear una nueva imagen del interés estatal por reducir las penurias de estos sectores. Tales incrementos, traducidos al cambio actual por pesos convertibles, sitúan las pensiones a partir de 6,25 pesos convertibles mensuales y al salario mínimo a 10,40. Aunque estas cifras resultan realmente simbólicas provocan una cierta expectación, enmarcada en la promesa de las autoridades de que continuarían incrementándose en el futuro cercano.

 

En otra dirección, fue revalorada la moneda nacional, tasándose de 26,00 a 24,00 ahora por cada peso cubano convertible y se aumentó el gravamen sobre el dólar estadounidense impuesto el pasado año, situándose actualmente alrededor del 18% de descuento por unidad.

 

Si por una parte, el aumento de los salarios y las prestaciones de la seguridad social benefician de alguna manera a determinados grupos sociales, estas otras medidas financiero-monetarias afectan a aquellos que reciben remesas de sus familiares desde los Estados Unidos, ya restringidas por las últimas regulaciones del gobierno norteamericano que las limitan a 100 dólares mensuales por persona, regulando además tanto a quiénes califican para enviarlas como para recibirlas: padres, hijos, hermanos y cónyuges.

 

A todas luces, parecen ser medidas compensatorias de las autoridades cubanas por los incrementos realizados a las pensiones y los salarios, las cuales no podemos cuantificar por la ausencia de información económica sobre el monto de las remesas que se reciben en el archipiélago.

 

Otro asunto abordado tiene que ver con la sustitución del combustible de uso doméstico, en este caso gas licuado, por la electricidad. Para el primero se realizaron inversiones durante los últimos años en gran parte del territorio nacional con la intención de solucionar un grave y añejo problema: la energía con la cual cocinar los alimentos. Durante el periodo especial este fue uno de los problemas más álgidos de la cotidianidad de la familia cubana y aún lo es para muchas. Al parecer, la escalada de los precios del petróleo, los que se han mantenido alrededor de los 50 dólares el barril y por ende también los precios del gas, con la tendencia al alza provocada por la guerra en Iraq, han impulsado este nuevo programa. Más allá de las promesas sobre la solución electroenergética nacional, a las que los cubanos no nos hemos acostumbrado en los 46 años transcurridos y, teniendo en cuenta la posición geográfica de nuestro archipiélago caribeño y la incidencia al paso de ciclones tropicales o huracanes, no debe ser nada halagüeño lo que nos depara el futuro, producto de la vulnerabilidad de las redes de transmisión eléctrica. La interrogante que surge es: ¿Son los técnicos los que proponen estos programas o los políticos?

 

A estos propósitos se han dedicado decenas de horas de programación televisiva, en las que se han mostrado toda una serie de enseres eléctricos de variados modelos y fabricantes como ollas, cocinas, hornillas, refrigeradores, ventiladores y cachivaches de todo tipo dirigidas, no solo a estimular a las amas de casa, sino a promover el ahorro de energía eléctrica y portadores energéticos.

 

Oportunamente y, aprovechando los temas referentes a las cocinas, se prometen nuevas ofertas de productos de consumo, antaño tradicionales en los hábitos de los cubanos, como el chocolate y el café, con la intención nada velada de crear sentimientos esperanzadores de que, al fin, comienzan a tomarse en cuenta las insatisfacciones de la extenuada audiencia nacional.

 

En los temas sociales continúan, en el mismo marco de la susodicha Batalla de Ideas, la puesta a punto de la red nacional de policlínicas y centros de rehabilitación así como el desarrollo de las actividades de los trabajadores sociales en la comunidad. Sin embargo, para el primero, los planes de colaboración médica con el exterior continúan afectando los servicios que deben prestar estas instituciones de salud.

 

En cuanto a los problemas sociales acumulados que atañen a la juventud, se ha denunciado en las últimas semanas, por defensores de los derechos humanos, la aplicación nuevamente de la llamada Ley de Peligrosidad. Los ambientes en los que participan personas de estas edades tempranas se han tornado, por lo general, desordenados y peligrosos. Pero la violencia no solo se manifiesta en las calles, también en las cárceles. En el Combinado del Este se produjeron disturbios que causaron 5 víctimas fatales entre los reclusos, según la Comisión Cubana de DD.HH. y Reconciliación Nacional. Estas informaciones, generalmente, no trascienden a la población a pesar de declaraciones de las autoridades que refieren que somos uno de los países mejor informados. En todo caso, sucesos como estos se publican en nuestro patio cuando ocurren fuera de él.

 

En la esfera de la política, la que implica también todas las acciones anteriores, las cuales se supeditan a ella, las autoridades cubanas se han volcado, fundamentalmente, en la lucha por conseguir la extradición a Venezuela del terrorista internacional de origen cubano Luis Posada Carriles, quien apareció casualmente en Miami buscando asilo político.

 

Tras esta nueva ofensiva mediática contra el terrorismo, que ha ido creciendo en la misma medida en que se buscan referencias en la historia más reciente, cuando las llamas de la guerra fría encendieron tres continentes: Asia, África y América Latina, se han difuminado los resultados del 61er Periodo de Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas efectuado en Ginebra, Suiza, entre los meses de marzo y abril pasados.

 

Como se ha hecho ya casi habitual en este politizado foro anual, Cuba perdió la votación sobre la resolución que la mantiene bajo el escrutinio de esta Comisión, resolución realizada esta vez directamente por los Estados Unidos. Pero lo más significativo en esta ocasión fue la composición de las votaciones. Ningún país de América Latina votó a favor de Cuba. Argentina y Brasil se abstuvieron, junto a Perú, Ecuador, Paraguay y la República Dominicana. Otros cuatro países: Guatemala, Honduras, Costa Rica y México, votaron a favor de la resolución contra Cuba. Una muestra más del nivel que ha alcanzado el aislamiento de las autoridades del archipiélago, producto de su política discriminatoria en el tema de los derechos económicos, civiles y políticos del pueblo cubano.

 

Otro asunto pendiente que ha regresado al ostracismo se refiere a los 71 prisioneros de conciencia que continúan en las cárceles junto a otros presos políticos pacíficos, que suman ambos alrededor de 300 y entre los cuales se encuentran muchos que calificarían para ser amnistiados por problemas de edad y salud bajo licencias extrapenales. Este proceso de excarcelación selectivo se detuvo y es crucial que continúe hasta que no quede ningún cubano encarcelado por emitir libremente su pensamiento.

 

 

La oposición pacífica

 

Los días 20 y 21 de mayo se produjo, finalmente, la reunión de la Asamblea para Promover la Sociedad Civil. Aunque nuestra organización no participó sí se mantuvo al tanto de sus incidentes y resultados más relevantes.

 

En nuestra opinión, este evento sirvió, en primer lugar, para reafirmar que: tal como es plural la democracia participativa a la que aspiramos, plural es la oposición pacífica interna cubana.

 

En el espacio de esta pluralidad se ha ratificado que: constituir una organización opositora pacífica independiente no es solo un asunto de discurso, sino de praxis. Las entidades políticas no solo se identifican por sus adversarios, sino también por sus asociados.

 

Como resultados negativos queremos apuntar solo dos: El primero se refiere al modo en que los celos e intereses personales pueden contribuir a introducir la sospecha y la desconfianza en el seno de la oposición, como contribución gratuita a quiénes nos prefieren anatematizados. El segundo trata sobre la marcada intolerancia de las autoridades, que, por la razón que sea, permitieron la realización de esta reunión y, sin embargo, no facilitaron la participación de visitantes procedentes de la Unión Europea.

 

Los Estados Unidos

 

En relación con el gobierno norteamericano, ya en las conclusiones de nuestro informe Cuba: reflexiones de 2004 anticipábamos que el presente 2005 sería muy singular pues el comienzo del segundo periodo presidencial de George W. Bush lo ubicaba en ese contexto.

 

A las últimas medidas agresivas tomadas en el marco del Dictamen de la Comisión de Ayuda para una Cuba Libre hay que añadir ahora la bochornosa actitud asumida ante el caso del terrorista Luis Posada Carriles, que pone en tela de juicio la credibilidad –si es que queda aún algún crédito– de la política antiterrorista asumida por la Casa Blanca. Los entornos geopolíticos continúan enrareciéndose peligrosamente. Finalizando mayo, increíblemente, el Gral Bantz John Craddock, jefe del Comando Sur y exdirector de asesoría militar del actual Secretario de Defensa Ronald Rumsfeld declaró que le preocupaba la presencia de terroristas en Cuba (¿…?).

 

Esta y diferentes declaraciones de variada naturaleza y de variados funcionarios continúan complicando la situación en nuestra área, por lo que todos los cubanos debemos elevar nuestro sentido de responsabilidad en los tiempos que corren.

 

Nuestra organización opositora pacífica independiente privilegia, ante todo, el respeto a la no-intromisión en los asuntos que solo son de la competencia del pueblo cubano. Nosotros somos los llamados a trabajar por la democratización de la sociedad cubana, por devolver la soberanía al pueblo y por construir nuestra historia nacional y, para que este proceso sea legítimo y viable solo necesitamos que nos acompañen con la solidaridad, no con la injerencia.

 

 

La Unión Europea

 

Sobre las posiciones de la UE en el tema de la democratización de Cuba y el apoyo a nuestra lucha por el respeto de todos los derechos humanos de los cubanos, la libertad incondicional de los presos de conciencia y de los prisioneros políticos pacíficos, confirmamos nuestro respaldo a las posiciones avanzadas por el gobierno español para proseguir el diálogo crítico-constructivo con las autoridades del archipiélago y ampliarlo con la sociedad civil y, por mantener el levantamiento de las medidas diplomáticas impuestas por la Unión Europea. Parafraseando unas palabras expresadas por F. Mitterrand en el año 1985, reafirmamos nuestra posición en esta materia: Es necesario que Europa se convierta realmente de nuevo en el principal protagonista de su propia historia y que pueda desempeñar en toda su magnitud el papel de factor de equilibrio y estabilidad en las relaciones entre Cuba, la oposición pacífica independiente y los Estados Unidos de América.

 

 

 

 

 

Rafael León Rodríguez

Coordinador General                                                                                                                

San Cristóbal de La Habana, junio de 2005.

 

 

 

 Consenso Cubano

 Firma C. C.

Preámbulo

 

Somos un grupo de organizaciones cubanas políticas, sociales, laborales, culturales, intelectuales, religiosas y de derechos humanos, comprometidas con la reconciliación y la transición no violenta hacia un estado soberano de derecho.

 

Anhelamos un futuro para Cuba lleno de esperanza y optimismo.  Para lograrlo,  Cuba y todos los cubanos tenemos que cambiar. No tenemos por qué temer al cambio. El cambio, como lo proponemos, es positivo y necesario. Tenemos fe en los cubanos, en los de dentro y fuera de la isla. Confiamos en que los cubanos seremos capaces de lograr los cambios necesarios a través de procesos no violentos. 

 

Trabajaremos para crear una Cuba nueva, mejor que la de hoy y que la de ayer.  Una Cuba democrática,  donde la soberanía radique en el pueblo, dotada de una constitución que proteja y promueva todos los derechos humanos–políticos, civiles, económicos, religiosos,  sociales y culturales– y garantice un estado de derecho secular y con poderes separados.

 

En esa nueva Cuba imperará el principio de igualdad de todos los ciudadanos ante la ley en un marco de iguales oportunidades y justicia social. La discriminación e intolerancia por razones de raza, género, incapacidad, ideas políticas, credo, nacionalidad u otro motivo no serán permitidas y se trabajará también tenazmente por erradicar las raíces culturales que les han permitido subsistir hasta el presente.

 

Estamos convencidos de que esa Cuba tendrá una economía pujante y productiva que promueva un desarrollo sostenible -que por ello podrá extender especial consideración y apoyo a los sectores más vulnerables de la sociedad-apuntalada en el capital intelectual de todo el pueblo cubano, producto de su educación y experiencia adquiridas tanto en la Isla como en el exterior, y en la virtud del trabajo y el respeto a la dignidad del trabajador. Será una economía libre y a la vez orientada a la protección y fomento de la plena justicia social, donde todos los cubanos encuentren igualdad de oportunidades para labrar su futuro, basados en su trabajo, conocimientos y desempeño. 

 

Pilares para un consenso cubano

 

Las organizaciones que suscribimos este documento identificamos y acordamos por consenso que los siguientes puntos resultan pilares esenciales de los procesos de cambios políticos, económicos y sociales necesarios para el futuro de Cuba:

 

  1. Creemos en la integridad de la Nación Cubana.  El futuro ha de ser labrado de forma incluyente por todos los cubanos, donde quiera que radiquen, con los mismos derechos y responsabilidades que estén dispuestos a asumir cuando la Patria los necesite.

 

  1.  Sostenemos el derecho de los cubanos a determinar nuestro futuro en plena independencia y soberanía, sin injerencias o imposiciones de ninguna nación extranjera. Las relaciones políticas con otros estados deben fraguarse en base al respeto, la dignidad y la soberanía recíproca.

 

  1. Exigimos la eliminación inmediata de la pena de muerte, la libertad incondicional de todos los presos políticos y el respeto de los derechos fundamentales de todos los cubanos. Abogamos por el ajuste inmediato de los códigos penales, civiles y laborales a las normas y principios estipulados en la Carta Internacional de los Derechos Humanos y por la Organización Internacional del Trabajo.

 

 

  1. Favorecemos las reformas económicas y políticas que promuevan nuevas oportunidades y espacios para los cubanos, y que constituyan pasos encaminados hacia el establecimiento de un modelo de desarrollo sostenible basado en la democracia, el estado de derecho, y una economía productiva enmarcada en la justicia social.

 

  1. Procuramos el compromiso con la promoción de una transición no violenta y pactada hacia la democracia que le devuelva la soberanía y los derechos al pueblo cubano. Es imperativo propiciar el comienzo de la transición como condición necesaria a su realización. En ausencia de una voluntad política para lograr tal objetivo, respaldamos otras acciones no violentas por las que puedan optar los cubanos.

 

  1. Procuramos un futuro de reconciliación, paz y armonía y rechazamos el odio y la división. Promovemos la reconciliación, el amor fraternal, el diálogo y la reunificación familiar. El diálogo que proponemos debe ser entre aquellos cubanos que estén comprometidos a alcanzar una transición no violenta hacia un estado plenamente democrático y de libertades ciudadanas normadas por un genuino estado de derecho. Para lograr este fin, el diálogo ha de ser respetuoso, honesto, crítico, sustantivo y pluralista.

 

  1. Es necesario conocer y aprender del pasado para no repetirlo. Proponemos una amnistía general para todos los delitos o crímenes políticos, dentro del marco de los límites establecidos por el derecho internacional vigente, y basada en un proceso que conduzca al establecimiento de la verdad y la preservación de la memoria histórica. 

 

  1. Llamamos a todos los cubanos a evitar derramamientos de sangre y actos de violencia en general, particularmente aquéllos dirigidos contra la población indefensa.

 

  1. Apoyamos el derecho fundamental de todos los cubanos de salir y entrar libremente a Cuba sin ningún impedimento o restricción. Abogamos por la eliminación de todas las limitaciones existentes, cualquiera que sea su origen, que impidan el ejercicio de este derecho.

 

  1. Reconocemos el papel profesional y apolítico de las Fuerzas Armadas como garantes de la soberanía y la  seguridad nacional, subordinadas a la voluntad de todo el pueblo expresada en instituciones democráticamente elegidas. 

 

  1. Rechazamos la discriminación e intolerancia por razón de raza, género, orientación sexual, credo, ideas, incapacidad, opiniones políticas, y orígen nacional.  La dignidad, igualdad de derechos, oportunidades y plena participación en la sociedad de todos y cada uno de los cubanos han de ser enaltecidas, constitucionalmente  protegidas e institucionalmente fomentadas.

 

  1. Reconocemos la propiedad privada como unos de los derechos fundamentales de la persona. Abogamos por el derecho de todos los cubanos a trabajar por cuenta propia y constituir sus propias empresas.

 

  1. Entendemos que el conjunto de todas las propiedades expropiadas presenta un dilema ético y pragmático de múltiples derechos y reclamos, que implican temas de equidad y justicia. Sin embargo, el caso específico de las viviendas familiares y pequeñas parcelas agropecuarias requieren un trato particular. Por lo tanto, abogamos por el reconocimiento inequívoco, libre de las actuales restricciones, del derecho a la plena propiedad de las viviendas familiares y pequeñas propiedades agropecuarias a favor de las familias que las ocupan hoy. De este modo, esas familias, sin temer desalojos, querellas o nuevos recargos de parte de los anteriores propietarios, estarán finalmente en plena y efectiva capacidad para disponer de ellas como bienes de capital. Abogamos también por el derecho de los antiguos propietarios o sus descendientes a reclamar compensación del estado.

 

  1. Nos sentimos inequívocamente comprometidos con la necesidad de tener  como  prioridad nacional el acceso universal a la educación y al cuidado de la salud y mejorar la calidad de esos servicios.

 

  1.  Solicitamos la solidaridad internacional con el pueblo cubano en su lucha por sus derechos. Apoyamos el multilateralismo como herramienta efectiva para propiciar el cambio en Cuba. Vemos con beneplácito todo esfuerzo por parte de la comunidad internacional de apoyar a los cubanos e intermediar en la búsqueda de soluciones por el camino de la no violencia.

 

16.   Apoyamos el derecho que asiste a los cubanos de tener acceso a la información, contactos y recursos necesarios para nutrir una sociedad civil independiente y poder estar en condiciones normales para ejercer una participación ciudadana, plural y pacífica, en la política nacional. Por eso coincidimos con las palabras del Papa Juan Pablo II, favoreciendo que el mundo se abra a Cuba y que Cuba se abra al mundo, como forma de superar el aislamiento del pueblo cubano.

 

  1. Apoyamos a la oposición interna en todas sus manifestaciones, así como a todos los cubanos que anhelen y procuren el cambio no violento. Promoveremos siempre la colaboración, nunca la división. Apoyamos firmemente la pluralidad de proyectos para el cambio en este contexto.

 

  1. Abogamos por la plena libertad de expresión y el debate libre y civilizado de las ideas. Rechazamos enérgicamente la intolerancia, la intimidación y las actitudes excluyentes.

 

Firmantes de documento Pilares para un Consenso Cubano.

Partidos políticos

Coordinadora Social Demócrata                             Byron Miguel
Partido Demócrata Cristiano de Cuba                     Marcelino Miyares Sotolongo
Unión Liberal Cubana                                            Carlos Alberto Montaner

Instituciones académicas y culturales

Bibliotecas Independientes de Cuba                      Ramón Colás
Instituto de Estudios Cubanos                              Enrique Patterson
Instituto Jacques Maritain                                    José Ignacio Rasco

Otras organizaciones

Acción Democrática Cubana                                Juan Carlos Acosta
Agenda Cuba                                                      Tomás Rodríguez
Christian Commitment Foundation                        Lorenzo de Toro
Comité Cubano Pro Derechos Humanos                Ricardo Bofill
Confederación Campesina de Cuba                       José M. Pou Socarrás
Cuba Study Group                                               Carlos A. Saladrigas
Fundación Nacional Cubano Americana                 Jorge Mas Santos
Grupo por la Responsabilidad Social
Corporativa en Cuba                                            Joel Brito
Hermanos al Rescate                                          José Basulto
Movimiento Democracia Ramón                           Saúl Sánchez




Organizaciones que han participado en calidad de observadores

Arco Progresista                                                 Lino B. Fernández
Movimiento Cristiano de Liberación                       Julio Hernández
Solidaridad de Trabajadores Cubanos                   Pedro Pérez Castro
Todos Unidos                                                     Juan Carlos Acosta

 

Consenso Cubano

 

Preamble

 

We are a group of Cuban political, social, labor, cultural, intellectual, religious and human rights organizations, committed to a process of reconciliation and to a non-violent transition in Cuba to a sovereign state under the rule of law.

 

We aspire to a future for Cuba full of hope and optimism.  To achieve it, Cuba and all Cubans must change.  We should not fear change.  Change, as we propose, is positive and necessary.  We have faith in the Cuban people, those inside and outside the Island, and we trust that we will be capable of achieving all necessary changes through non-violent processes.

 

We will endeavor to establish a new Cuba, better than the Cuba of today and better than yesterday’s.  We envision a democratic Cuba, where sovereignty rests with the people, endowed with a constitution that protects and promotes all human rights—political, civil, economic, religious, social and cultural—and that guarantees a secular state under the rule of law with proper separation of powers.

 

In the new Cuba, which we envision, all citizens will have full equality before the law, within a framework of equal opportunities and social justice for all.  Discrimination and intolerance by reason of race, gender, political ideas, creed, or nationality, will not be permitted, and we will all work emphatically to eradicate the cultural roots, which have allowed for discrimination to occur, historically and at the present time.

 

We stand convinced that the new Cuba will have a productive and energized economy which will allow for sustainable development, and because of that, will be able to extend special consideration to society’s most vulnerable sectors.  The new economy shall be constructed on the intellectual capital of all the Cuban people—the product of their education and experience, acquired both in the Island and the Diaspora—and shall be based on the work of all Cubans, in full respect for the workers’ dignity. We envision a free-market economy, yet paying special consideration to the fundamental principles of social justice, where all Cubans will find equality of opportunities to craft their own future, based on their toil, knowledge and effort.

 

Pillars for a Cuban Consensus

 

The organizations which subscribe this document have reached consensus on the following points which we believe will constitute essential pillars to underlie the processes of change--political, economic, and social--that will be necessary for Cuba’s future:

 

  1. We believe in the integrity of the Cuban nation.  Cuba’s future must be inclusively crafted by all Cubans, wherever they may live, sharing the same rights commensurate with the responsibilities that they are willing to assume.
  2. We uphold the right of all Cubans to determine our future in full independence and sovereignty, without imposition or intrusion by any other nation. Relations between nations must be based on mutual respect, dignity and sovereignty.
  3. We demand the immediate elimination of the death penalty, the unconditional release of all political prisoners, and the full respect for the fundamental rights of all Cubans. We advocate the immediate adjustment of the penal, civil, and labor codes to those principles enumerated in the Universal Declaration of Human Rights, and by the International Labor Organization.
  4. We favor all political and economic reforms which lead to new opportunities and freedoms for Cubans and which constitute steps towards the establishment of a sustainable development model, based on democracy, the rule of law, and a productive economy framed in social justice.
  5. We pursue, promote and are fully committed to a non-violent, pacted transition towards democracy, which devolves sovereignty and rights to the Cuban people. We deem imperative to seek the start of the transition as a condition precedent to its realization.  In the absence of the political will to achieve such objective, we support other non-violent actions to which the Cuban people might resort.
  6. We seek a future based on reconciliation, peace, and harmony, and reject hatred and division.  We shall promote reconciliation, fraternal love, dialogue and family reunification.  The dialogue we propose shall be among those Cubans who are committed to achieve a non-violent transition towards a fully democratic state, replete with civil liberties under the rule of law.  To achieve this end, dialogue must be respectful, honest, critical, substantive and plural.
  7. We deem it necessary to seek the truth about history, in order to not repeat it. We propose a general amnesty for all political crimes within the boundaries established by international law, and based on the establishment of a process to document the truth and the preservation of historical memory.
  8. We call on all Cubans to avoid bloodshed and acts of violence, especially those directed against innocent civilians.
  9. We support the fundamental right of all Cubans to freely leave and re-enter Cuba without any restriction or impediment.  We advocate the elimination of all existing restrictions, regardless of their origin, which restrict the full exercise of this right.
  10. We recognize the professional and apolitical role of the armed forces as guarantors of Cuba’s sovereignty and national security, subordinated to the will of the people expressed through democratically elected institutions.
  11. We reject discrimination and intolerance by reason of race, gender, sexual orientation, creed, ideas, disability, political ideals, or national origin.  The dignity, equality of rights and opportunities, and the full participation in society of each and every Cuban shall be exalted, constitutionally protected, and institutionally promoted.
  12. We recognize the fundamental right of a person to own property.  We advocate for the right of all Cubans to self-employment and to form their own enterprises.
  13. We are very cognizant that all expropriated properties present a complex ethical and pragmatic dilemma of multiple rights and claims, which involve issues of equity and justice.  Notwithstanding, the specific situation of residential property and small farms require special consideration. Accordingly, we advocate the recognition and granting of clear and unhindered title to those persons who currently occupy those properties. Thus, such families and persons shall finally enjoy full, unhindered possession of those properties as capital assets, without current restrictions and without fear of eviction, claims or levies by former owners. We also advocate for the right of the former owners or their descendants to claim compensation from the state.
  14. We feel fully committed with upholding the principle of universal access to healthcare and education as national priorities, and to seek to improve the quality of such services.
  15. We seek and ask for international solidarity with the Cuban people in their quest for their fundamental rights.  We hold multilateralism as an effective tool to promote change in Cuba.  We favor all efforts by the international community to support the Cuban people and to intermediate in the search for non-violent solutions.
  16. We support the right of all Cubans to have access to the information, contacts and resources that are necessary to construct an independent civil society and to enable the Cuban people to have the resources that are necessary to enjoy a full peaceful and plural participation in civil society and in national politics.  Therefore, we agree with the words of Pope John Paul II, asking for the world to open up to Cuba and for Cuba to open up to the world, as the way to end the isolation of the Cuban people.
  17. We support Cuba’s internal opposition in all their manifestations, as well as all Cubans who seek and promote non-violent change.  We shall always promote collaboration—never division. Within this context, we firmly support the plurality of projects for change.
We fully advocate for the free expression and debate of ideas. We energetically reject any form of intolerance, intimidation and exclusionary attitudes.

 

 

CUBA ANTE EL TERCER MILENIO

por Juan Antonio Blanco

Doctor en Historia de las Relaciones Internacionales.

Profesor de Filosofia. Canada Mayo 5, 2001

En busca de una nueva izquierda

"Sólo la izquierda puede garantizar que un capitalismo sin salvaguardas, perpetuador de nuestros antiguos males sociales, se imponga en Latinoamérica. Y sólo la izquierda puede evitar que un Estado populista burocrático e improductivo sofoque a la sociedad".

Carlos Fuentes (The Left is not dead, 1991)

INTRODUCCIÓN

El nuevo milenio ha arribado finalmente sin que la humanidad haya encontrado el mejor modo de convivencia social ni ecológica en este planeta. Se acelera la expansión de una nueva civilización que sigue anclada en los mismos presupuestos destructivos manufacturados bajo distintas etiquetas ideológicas. Esta es quizás nuestra última oportunidad como especie.

Con ese telón de fondo, la fluida república cubana se adentra en su segundo siglo de existencia. En ese breve peregrinar su sistema organizativo y modelos de desarrollo han cambiado en más de una ocasión. Ahora la nación está también iniciando su propia transición hacia un nuevo paradigma organizativo que bien puede ser peor o mejor que aquellos con los que ya experimentó en el pasado. Antes que apoyar el progreso de la Isla hay que delinear primero los contenidos que atribuimos a ese concepto para evitar incurrir en errores por los que ya se transitó. Esa, entre otras, es la función y el reto de una nueva izquierda cubana.

La izquierda siempre se distinguió en el pasado por representar mucho más que una definición ideológica o alineación partidista. Era una concepción y sentido de vida. Una identidad cultural más que política. De ahí siempre derivó su fuerza. La transformación de Cuba en el nuevo milenio demanda no sólo de la reconstrucción económica, sino de la reconstrucción de significados y esa es también la misión de una nueva izquierda en este Tercer Milenio.

El texto que sigue a continuación es un muy apretado compendio de reflexiones y opiniones personales sobre el tema de los retos que se le presentan a Cuba –mi país- al iniciarse el nuevo milenio y las posibles aproximaciones a su solución por parte de una nueva izquierda cubana que, intuyo y deseo, irá emergiendo en los años venideros. Comparto con el postmodernismo la alergia por los discursos grandilocuentes que dan la impresión de que el científico social habla en nombre de la nación y dicta verdades definitivas sobre su objeto de estudio. Pero, al mismo tiempo, resulta difícil encontrar formas de redacción que distancien al académico de sus propias ideas sin dar la falsa impresión de que teme ser identificado con ellas; algo que no me perdonaría. La ciencia social puede ser más o menos rigurosa, pero nunca inocente. Por eso –y aunque debería ser superflua la aclaración- este autor desea alertar a sus lectores que todas las ideas que aquí aparecen no son más que eso: ideas personales de quien las expone asumiendo plena responsabilidad por ellas. No comprometen a ninguna otra persona o institución, ni pretenden constituir la única y definitiva verdad sobre este tema. Por ello, como reza una vieja canción: "cualquier reclamación que sea sin membretes".

 

LOS MITOS MODERNOS Y SU OCASO

Los tres grandes mitos de la modernidad han sido el mercado, la democracia liberal y el socialismo de estado.

El disenso en torno a ellos estructura, aún hoy, toda la retórica de las barricadas políticas y clasistas, de uno y otro lado. Lo realmente notable es que la crisis evidente de estos tres mitos clave de la modernidad, ha desatado un nuevo y apasionado fundamentalismo en su favor, al estar ausente, no ya la propuesta concreta de su reemplazo por nuevos mitos que aporten la eficacia de aquellos en su momento, sino --y es lo esencial-- al estar ausente también la necesaria crítica radical de la Era Industrial y sus instituciones. Incluso el actual debate sobre la posmodernidad se hace a partir de valores, axiomas y mitos de esa modernidad ya en plena crisis.

Es interesante, sin embargo, que las posiciones en apariencia diametralmente opuestas asumidas por algunos en estas polémicas, se apoyan también sobre una base de axiomas consensualmente compartidos, como ocurre entre los beatos del mercado y los creyentes en el Estado burocrático paternalista, quienes ven estos mitos como los vehículos idóneos para la realización de la Razón en la economía y en la sociedad. En el caso del debate mercado vs. Estado, como el distribuidor de recursos y riquezas --lo que supuestamente es central al aparente conflicto entre las dos culturas modernas, la capitalista y la socialista-- lo cierto es que ambas partes comparten los mismos criterios modernos de eficiencia económica a ser aplicados por el mercado, o por el Estado.

El socialismo de estado compartió con el capitalismo a lo largo del siglo XX las lógicas de la modernidad y del industrialismo. Dominar la naturaleza, controlar la sociedad, organizar piramidalmente en jerarquías burocráticas, producir en gran escala, centralizar poder en élites dirigentes, el culto a las estadísticas y a las supuestas unívocas verdades científicas son algunos de los criterios aceptados de manera consensual, por una y otra cultura.

La racionalización de los procesos económicos en las culturas industriales, sean capitalistas o socialistas, se expresa en la aplicación de criterios racionales de eficiencia en los procesos de producción y servicios.

Esta noción de eficiencia se define como relación cuantitativa in put-out put, es decir, valor monetario de los recursos invertidos vs. valor monetario de los bienes y servicios creados que se expresan en forma de ganancias. Bajo retóricas legitimadoras diferentes, ambas culturas se asientan en el axioma de la eficiencia económica de cada productor para maximizar ganancias. Según este criterio, lo que es bueno para la empresa lo es también para la sociedad.

Este enfoque racionalista, por otro lado, queda enmarcado en el terreno exclusivo de la economía, por lo que conceptos como racionalidad o eficiencia, de donde se parte, dejan al margen toda consideración extraeconómica. La relación in put- out put se mide en valores monetarios, no en valores de uso, recursos naturales o riquezas sociales (espirituales, humanas) consumidas por un lado y creadas por otro en el proceso productivo. Aspectos cruciales, como los niveles de contaminación y toxicidad ambiental o el problema de los desechos no reciclables son considerados "externalidades" dentro de un criterio neoclásico compartido por empresarios capitalistas y socialistas.

Ninguna de estas culturas modernas ha operado a plenitud con un criterio de eficiencia social que incluya la rentabilidad económica como premisa, pero que además, la desborde conceptualmente a partir de un equilibrio entre recursos consumidos y necesidades humanas resueltas, sin perjuicio de productores, consumidores o del ecosistema.

De este modo, tanto el mercado como el Estado persiguieron criterios de racionalidad y eficiencia económicas, con implicaciones cuantiosas en despilfarros y costos, sociales y ecológicos.

Por otra parte, ambas culturas modernas, mientras cruzaban espadas sobre su pretendida naturaleza democrática --justificada en sistemas multipartidistas o monopartidistas--, compartían el criterio de que dicho concepto expresaba el consenso de la mayoría de los gobernados, en torno a las políticas en curso y/o a la elección de gobierno, según las reglas que para ese ejercicio imponía una, u otra. El mito democrático, como criterio de racionalidad política, pese a las diatribas recriminatorias recíprocas de cada cual, era básicamente compartido por ambas culturas al entenderlo como consenso mayoritario en función legitimadora de las decisiones políticas gubernamentales. Este consenso de las mayorías se manufacturaba, cada vez más, desde los poderosos y persuasivos medios de comunicación de las élites gobernantes.

Dadas estas coincidencias axiomáticas esenciales entre ambas culturas modernas, o sea, los criterios de racionalidad económica y de racionalidad política, los debates dicotómicos entre mercado vs. planificación estatal, y sistemas políticos multipartidistas vs. sistemas políticos de partido único, resultan secundarios.

Nuestra comprensión de este fenómeno no es la de aquellos que creyeron se trataba de dos procesos o culturas esencialmente distintos, con tendencias a converger a lo largo del desarrollo de la civilización industrial, en un momento dado. En nuestro criterio, el socialismo no llegó a constituirse en proceso civilizatorio y cultural radicalmente distinto al capitalismo y, desde temprano, compartió con éste un conjunto de axiomas y supuestos modernos, pese a su signo clasista diferente y al conflicto palpable entre ambas sociedades. Lo que el socialismo de estado significó para la humanidad fue una forma alternativa de dominación clasista, que aceleró el proceso civilizatorio industrial con un criterio más humano de distribución. No era poco, pero estaba lejos del propósito de sus iniciadores.

Desde nuestro punto de vista, el colapso del bloque del Este no corrobora la llamada tesis de la convergencia inevitable entre dos sistemas que fuesen esencialmente diferentes. Este fenómeno demuestra la incapacidad del estamento burocrático dominante en esas sociedades, tanto para introducir reajustes flexibles al modelo sobre el cual las habían estructurado, como también para renunciar al poder en favor de la población. Las liturgias con que se veneraron ciertas piezas prescindibles de dicho modelo, contribuyeron a impedirle al estamento burocrático su oportuno reemplazo, y éste quedó rehén de su propia retórica dogmática legitimadora de ciertos esquemas organizativos. La pretensión de "modernizar" el socialismo de estado desde el punto de vista económico, manteniendo idéntica la estructura burocrática de poder, fue objetivamente imposible, dados los mencionados obstáculos, aun cuando fuera concebible en la teoría.(1)

Frente al estancamiento de su desarrollo, distintos sectores y clases dentro del socialismo de estado creyeron tener la posibilidad de:

a) prorrogar la hegemonía --no siendo ya posible el absoluto dominio-- del estamento burocrático central, con la alteración sensible de sus esquemas organizativos económicos y políticos; un New Deal del socialismo de estado que retuviera su esencia clasista (burocrática) en lo político;

b) retomar el proyecto socialista original con el traspaso del poder real (económico y político), o de una cuota sustantiva de éste, del estamento burocrático central a la población. Esta opción habría requerido que la burocracia actuase como vanguardia política real de la población, y no como élite de poder; que se "suicidara" como estamento social dominante en favor del pueblo, o que fuese desplazado por éste del poder, de modo más o menos forzoso;

c) que el estamento burocrático central, de concierto con los centros de poder occidentales, mostrara su disposición a desmantelar su propia maquinaria de poder --en detrimento de los círculos burocráticos periféricos--, a condición de poderse auto transformar en clase propietaria y dirigir el proceso de conversión del socialismo de estado en una cultura industrial capitalista.

La primera y segunda opciones resultaron irreales, ante la ineptitud para las reformas y la resistencia a cambios revolucionarios en la estructura de poder, demostradas por el estamento burocrático central.(2) La tercera --por la que, en general, se encaminaron esos países--, no pudo materializarse de modo ideal para la burocracia central, y se produjo el colapso de las antiguas estructuras, sin tener su reemplazo. La exclusión social y económica, la aparición del crimen internacional organizado y los desafíos a la gobernabilidad política, es lo que ha venido prevaleciendo, desde entonces, en Europa del Este y las naciones de la ex Unión Soviética.

La opción en favor del mito del mercado no logró el reino del anhelado capitalismo utópico.

Se acostumbra decir por unos que el capitalismo --con su mito del mercado-- es un fracaso, porque no ha asegurado una vida decente a la mayor parte de los habitantes del planeta. Otros prefieren asegurar que el socialismo --con su mito del Estado-- es el fracasado, por no aportar a sus poblaciones los niveles de vida de las sociedades de consumo occidentales. Unos y otros intercambian la misma acusación sobre la incapacidad del mercado, o del Estado, para preservar las libertades democráticas.

Este apasionado debate amerita algunos comentarios.

Tal y como reconocía el propio Karl Marx, el advenimiento del capitalismo ha sido uno de los hechos más revolucionarios de la historia humana. Por un lado, el capitalismo nos trajo la expansión de las ideas liberales con su reconocimiento a los derechos políticos y civiles y la separación de poderes. Por otro lado, facilitó el surgimiento de una revolucion científica y tecnológica permanentes que trajo primero la civilización industrial y más recientemente la civilización cibernética.

Cuando el capitalismo es abandonado a la lógica exclusiva del mercado, puede resultar eficiente, pero no eficaz. La eficacia de una economía esta determinada por la capacidad de un sistema económico para responder a las necesidades del conjunto de la sociedad al mismo tiempo que sostiene niveles aceptables – no necesariamente máximos- de competitividad y eficiencia empresariales. La eficiencia tiene poco que ver con el propósito de asegurar una vida decente a cada ciudadano. La maximalización permanente de ganancias y la externalización de costos sociales y ambientales para asegurarla es el leit motiv de la escuela neoliberal. La eficiencia de un sistema político, sin embargo, se mide por su capacidad para facilitar las buenas practicas de gobierno en la búsqueda de amplios márgenes de gobernabilidad. Allí donde la lógica lucrativa del capitalismo abandona los criterios de eficacia económica y de buen gobierno para asegurarse exclusivamente la eficiencia económica, entendiéndola como maximalización de ganancias y externalización de costos, el sistema pierde en gobernabilidad política.

La legitimidad del sistema capitalista ha descansado siempre en el sobreentendido --falso, pero ampliamente compartido-- de que la maximalización de ganancias de cada empresa, basada en la propiedad privada y la competencia, resulta beneficiosa a la larga para toda la sociedad. Sobre ese principio ideológico se reconstruye cotidianamente el consenso político en favor del status quo burgués. Cuando un sector fundamentalista reduce las diversas formas de organización posibles bajo el capitalismo a su versión neoliberal atenta directamente contra ese presupuesto. Los "logros sociales" del capitalismo no han sido el resultado directo de la lógica del mercado sino de la lucha política de fuerzas que lograron imponerle al mercado una agenda social. Los estados de bienestar que dieron una nueva gobernabilidad a las sociedades capitalistas nunca habrían sido posibles de haber prevalecido las corrientes fundamentalistas y extremas del neoliberalismo económico. Sin embargo, son aquellos beneficios sociales los que han propiciado la persistencia del mito de que "lo que es bueno para la empresa, es bueno para la sociedad".

La crítica ética al capitalismo neoliberal, sin embargo, puede ser legítima, pero debe partir de la conciencia de que éste no se auto valora sobre la base de criterios morales. En el actual proyecto de globalización neoliberal la ética capitalista comienza y termina en su concepto de eficiencia económica.

En las nuevas condiciones tecnológicas, el principio de la maximalización de ganancias no puede sostenerse sin producir un definitivo desastre ecológico mundial y hacer ingobernable el sistema geopolítico transnacionalizado sobre el que se asienta. El crecimiento económico permanente, como condición de supervivencia en mercados cada vez más competitivos, ha encontrado ya su límite ecológico y social.

El principio de maximalización de ganancias de las culturas que operan sobre el mito del mercado pudo ser asimilado por la naturaleza y la sociedad humana durante siglos; pero la realidad tecnológica y política actual no permitirá por mucho más tiempo ese curso histórico sin que ocurra una auténtica catástrofe. Mientras la tala de bosques se hacía con hachas, los desechos químicos eran inexistentes, los accidentes genéticos y nucleares eran impensables y los productos de consumo masivo no eran contaminantes, el ecosistema logró sobrevivir al "progreso" tecnológico de las culturas industriales modernas.

Por otra parte, el advenimiento de la civilización industrial en Europa y Norteamérica pudo financiarse sobre la base de la explotación despiadada de millones de seres humanos --indígenas, africanos o inmigrantes. En aquel tiempo los victimarios, constituidos en naciones y con el control absoluto de los instrumentos para ejercer su opresión --armas, transportes, etcétera--, podían someter a su antojo a pueblos enteros hasta el exterminio. El actual ascenso de la Civilización Cibernética o de la Información, no podrá continuarse financiando de manera indefinida con nuevos mecanismos de despojo del mundo subdesarrollado, como la deuda externa, el drenaje de cerebros, la privatización y el libre comercio favorables a las transnacionales, como ya se hizo en los albores de la Civilización Industrial, sin que ocurran graves conflagraciones entre potencias rivales y cruentas guerras de liberación.

En una época de relaciones económicas interdependientes y armas de exterminio masivo, la interpretación neoliberal del principio de eficiencia económica conduce a la humanidad entera --incluida la propia elite transnacional de poder-- a un callejón sin salida.

El socialismo, por su parte, no se planteó nunca en su proyecto original propiciar sociedades de consumo al estilo occidental para sus poblaciones. Su atractivo como proyecto social alternativo en el marco de la modernidad y su industrialismo, residía precisamente en su capacidad para realizar una distribución de riquezas dirigida a satisfacer necesidades humanas básicas, tanto materiales como espirituales, por lo que su eficiencia económica estaba llamada a medirse, no por indicadores de consumo, sino por aquellos que reflejasen la calidad de vida del ciudadano común.

En el terreno político, tampoco el proyecto original socialista se propuso simplemente asegurar las libertades democráticas de todos sus ciudadanos, sino pretendió, con su aspiración de incorporarlos de forma masiva a los procesos de toma de decisión y ejecución de políticas, llegar a extinguir al propio Estado.

La legitimidad del sistema se basó en la retórica de esos ideales iniciales, de los cuales en la práctica se fue distanciando de forma progresiva. El socialismo soviético se volvió obsoleto porque la distancia entre su retórica y su realidad no podía ya salvar su legitimidad, ni permitir su funcionamiento económico y político. El peculiar sistema de dominación burocrática que emergió bajo el nombre de socialismo de estado, demostró su incapacidad para reproducir económica y políticamente el sistema, llegado un determinado punto en su desarrollo. Sus primeros éxitos, como el elevamiento de las condiciones materiales y culturales de vida de sus ciudadanos, se convirtieron en el principal desafío a su eficiencia. El sistema no supo reaccionar a su propio éxito como nuevo punto de partida para su evolución posterior y sucumbió a su primera crisis general.

A diferencia de la burguesía en las culturas capitalistas, la burocracia socialista nunca encontró un acomodo político eficaz con el sector técnico y científico que le permitiera servirse de él sin inhibir su capacidad creadora. La represión y control ejercidos contra los investigadores naturales y sociales que disentían del paradigma científico oficialmente aceptado en cada instante, impidió o retardó la revolución científica en áreas clave para el desarrollo contemporáneo de las sociedades industriales, como la sociología, la computación, el diseño industrial y la genética. Por otro lado, la concepción burocrática y sobre centralizada del proceso de planificación económico, dirigido a lograr resultados cuantitativos, y no a innovar el aparato de producción, retardó por años la introducción de los resultados obtenidos en los procesos científico y tecnológico, en la industria, la agricultura y los servicios.

En resumen, la intolerancia y represión intelectual hacia el sector científico, sumada a la ausencia de un diseño de conexión eficaz entre los procesos de investigación y los procesos de desarrollo, estancaron el rápido avance obtenido al inicio por estas sociedades. La función de la investigación y el desarrollo (R&D) es la de ser el motor central de las sociedades industriales avanzadas; su disfuncionalidad, ineficacia o insuficiente articulación, de manera inevitable produce el estancamiento económico y político de estas sociedades.(3)

En la era del fax, el correo electrónico, el turismo masivo, la TV vía satélite y la permanente y acelerada revolución científico técnica, el estilo autoritario de regimentación de la sociedad civil, desde el Estado, no puede sostenerse sin estancar la vida económica y social. Para decirlo en términos marxistas, el modo en que estaban estructuradas las relaciones de producción en las culturas del socialismo de estado, se convirtió en una traba al desarrollo de las fuerzas productivas y abrió un período de crisis social. Durante varias décadas, ese modo de organizar las relaciones de producción fue, sin embargo, el que demostró su eficacia (aunque no su eficiencia), en cada uno de esos países, en relación con el pasado.

El proceso revolucionario mediante el cual se arrancó al campesino ruso de su azadón para educarlo, alimentarlo, vestirlo, entregarle una vivienda y convertirlo, apenas cuatro décadas y media después, en el primer hombre al espacio, no deja duda alguna de que el conjunto de rasgos que caracterizaron al socialismo soviético --incluidos sus aspectos totalitarios-- resultaron altamente eficaces, tanto para el desarrollo económico, social y cultural de la URSS, como para preservarse a sí mismo de la agresión externa y las fuerzas restauradoras internas. El contraste entre los índices económicos y sociales de desarrollo en países donde se instalaron esas culturas industriales socialistas, y los de aquellas otras naciones periféricas que se mantuvieron dentro de culturas industriales capitalistas es, en general y por amplio margen, favorable a las primeras. Su industrialismo, sin embargo, resultó tan destructor del medio ambiente como cualquier sociedad occidental.(4)

Pero, una vez agotado su esquema funcional de organización e iniciado el estancamiento, los éxitos pasados no pudieron servir de base a una retórica apologética y legitimadora que, setenta años más tarde, sostuviera el status quo del sistema.

Los defensores del socialismo de estado, a fines del siglo XX, olvidaron que llegado el momento, los más apasionados discursos no son capaces de alterar los despiadados veredictos de la historia.

En la Era de la Información, ninguna cultura que pretenda basar el dominio incontestado de una clase o estrato social sobre el control directo, centralizado y micro administrativo de los procesos políticos, económicos y culturales de su sociedad civil, desde el Estado, podrá encontrar el mínimo de eficacia y legitimidad necesarios para preservar su status quo --sobre todo, si cuenta con una población culta. Mucho menos podrá hacerlo si la clase o estamento dominante, a cuya disposición está un poder tan extendido y centralizado, no tiene como principios, para ingresar y mantenerse en ella, la capacidad y eficacia profesionales, sino la incondicionalidad y lealtad burocráticas. Las culturas industriales del socialismo de estado no están capacitadas desde el punto de vista estructural, ni política ni económicamente, para transitar hacia la Civilización de la Información.

Ambas culturas industriales se han tornado obsoletas como esquemas organizativos en la Era de la Información, no porque las juzguemos a partir de valores y criterios ajenos a ellas mismas, sino porque, a partir de sus propios criterios de autovaloración, de forma creciente, sus principios de funcionamiento carecen de la eficiencia necesaria para proporcionarles los objetivos perseguidos por ellas y mantener, esencialmente, su status quo.

El arribo al estadio tecnológico de la Civilización de la Información reclama --so pena de una catástrofe, de la que no escaparía ninguna clase social-- un capitalismo y socialismo radicalmente transformados en lo que han sido algunos de los elementos centrales de su organización. Más que ante un nuevo modelo de funcionamiento de esas históricas culturas industriales, las nuevas tecnologías nos ponen en el camino de edificar una nueva cultura responsable ante la ecología y la sociedad. Orientar la posmodernidad por la senda de viejas o nuevas culturas de dominación, sólo puede depararle a la humanidad una pesadilla orwelliana de fatal desenlace, social y ecológico, para cada habitante de esta nave espacial que es nuestro planeta.(5)

Los mitos, otrora tan eficaces, están en crisis junto a la Era Moderna que los trajo al mundo. La opción entre mercado y Estado burocrático paternalista es tan falsa a fines del siglo XX, como lo es el mito democrático que una y otra reclaman para sí. La humanidad demanda, en el umbral del Tercer Milenio, una redefinición de las funciones y del lugar social otorgado al intercambio mercantil y a la autoridad estatal, que permita trascender las culturas capitalistas y socialistas del siglo XX y abra espacio a un nuevo tipo de sociedad, capaz de vivir en armonía con la naturaleza y consigo misma. En ella, el mito de la democracia liberal tendría que ser superado, por la institucionalización de un poder político y económico participativo y pluralista, con alternabilidad en su administración (gobierno), por parte de las múltiples opciones programáticas de sus diferentes sectores sociales elegidas libre y democráticamente dentro de un Estado de Derecho.

 

CUBA: CUATRO PUNTOS A CONSIDERAR

1- Lo que hoy experimenta la humanidad no es una época de cambios; es un cambio de época.

La historia humana está atravesando el umbral de un nuevo proceso civilizatorio cuya extensa y profunda influencia involucra al conjunto de estilos de vida, relaciones humanas y formas de producción. Ese proceso aún no es uniforme ni alcanza a todos los habitantes del planeta por igual como ocurrió en los casos de la revolución neolítica y la industrial, pero quienes tarden en incorporarse a él correrán el destino de quienes llegaron tardíamente a los otros dos.

Los supuestos organizativos del capitalismo y el socialismo realmente existente impiden hasta ahora hacer un uso liberador de las nuevas tecnologías a nuestro alcance además de estar en la raíz de su empleo más destructivo. La nueva civilización tecnológica reclama de nuevos paradigmas de organización societaria. El reto más grande que tiene Cuba-- pero también la humanidad en su conjunto-- es el de incorporarse tempranamente al nuevo proceso civilizatorio y organizarlo dentro de un nuevo paradigma de desarrollo capaz de generar economías inclusivas y ecológicamente responsables, así como sistemas políticos de mayor participación democrática y transparencia.

2- Adicionalmente, en el caso de Cuba, estamos siendo testigos de un sistema que había derivado su funcionalidad a partir de un hábitat geopolítico internacional que fue rápida y dramáticamente cambiado por otro que ahora le niega la capacidad de reproducirse según su lógica anterior. Una vez transformado su hábitat sustentatorio, cualquier sistema -natural o social- está obligado a abrirse al nuevo medio ambiente y reestructurarse a fin de recuperar su equilibrio en el marco de un nuevo esquema organizativo.

Cuba atraviesa no sólo por una crisis económica, sino por una crisis estructural. Estamos en presencia de un paisaje institucional que ha perdido su anterior hábitat sustentatorio y se ha salido de manera significativa del nivel normal de desequilibrio dinámico inherente a todo sistema, presentado una capacidad zigzagueante cuando no declinante-- para su autoreproducción cotidiana.

Estamos en presencia de dos crisis y de dos bloqueos que obstaculizan su solución. Por un lado, una crisis estructural del socialismo de estado al cual se adhirió de modo definitivo Cuba desde fines de la década de los sesenta y que la política de reformas no ha podido hasta ahora superar de manera definitiva. Por otro lado, también presenciamos una crisis coyuntural, de reinserción económica internacional, que fue iniciada por la desaparición de la URSS y es agravada por el bloqueo estadounidense. Ambas crisis sostienen vínculos de interdependencia, por lo que resulta virtualmente imposible superar a plenitud ninguna de las dos de manera separada. El levantamiento del bloqueo estadounidense no resolvería per se la crisis estructural cubana, del mismo modo que la plena solución de esta última no es concebible sin el cese de la actual política de Washington dirigida precisamente a entorpecerla. Cuba no puede esperar éxito de una política de resistencia frente a la crisis coyuntural si no va conjugada con una estrategia integral de transición hacia otro paradigma de desarrollo societario y no sólo hacia otra forma de estructurar la economía. Una autentica posición de izquierda reclama la oposición diáfana e incondicional a ambos "bloqueos": el estadounidense frente a la crisis económica coyuntural y el del dogmatismo oficial frente a la crisis sistémica-estructural interna.

La crisis del sistema cubano para administrar tensiones y sostener consensos se hace cada vez más visible. ¿Cuál es su raíz? Al parecer esta se ubica en los siguientes factores:

La renuencia a admitir la irreversibilidad de la crisis y su carácter sistémico, mezcladas con la ausencia de una propuesta de programa de gobierno creíble y transparente sobre el cual pueda construirse un consenso informado y democrático.

La creciente dificultad del estado para definir los criterios de moralidad social, asignar roles ciudadanos y disipar el sentido de responsabilidad individual por acciones reprobables realizadas a partir de ordenes superiores.

La incapacidad del actual sistema económico para generar la reproducción ampliada del capital, incrementar significativamente la productividad, permitir la rentabilidad y renovación tecnológica del parque productivo instalado, cubrir los déficit de la balanza de pagos y de su deuda externa, y producir una renta nacional suficiente para poder sostener la equidad y calidad del acceso a los servicios públicos y su expansión frente a la explosión de la tercera edad que ya se enfrenta en el corto y mediano plazo.

Los discursos triunfalistas sobre las fluctuantes y siempre precarias estadísticas de crecimiento de uno u otro sector o de la economía en su conjunto (en las que ni siquiera se calcula la tasa de depreciación del capital instalado) no dan respuesta a estas interrogantes.

Desde mediados de los años 80, y muy particularmente desde 1991, el Estado cubano ha entrado en una crisis estructural sistémica. Diseñado para constituir un subsistema dentro de una estructura sistémica mayor (el "campo socialista"), la sociedad cubana da señales de creciente entropía al desaparecer el hábitat internacional que la sustentaba y dentro de cuya lógica actuaba.

Por estructura entendemos, ontológicamente, la relativa repetición regular de eventos al interior de su espacio, lo que permite, epistemológicamente, entenderlo como predecible. Las estructuras son espacios al interior de los cuales las probabilidades no están distribuidas al azar: la ocurrencia de ciertos eventos es más probable que la de otros. Lo único predecible hoy dentro de las estructuras del socialismo de Estado cubano es su creciente entropía y, por lo tanto, la cada vez más frecuente aparición de eventos impredecibles y de difícil gobernabilidad dentro de los parámetros del sistema.

La literatura política a menudo oscurece hasta borrarlas las distinciones sociológicas entre el Estado, el régimen y el gobierno que puedan existir en un país en un momento dado. La naturaleza de cada uno y de sus interconexiones es la que define el funcionamiento del sistema político que ellas constituyen. En su conjunto estos tres elementos constituyen partes o subsistemas de un todo único. La autonomía relativa de las partes aporta flexibilidad al conjunto sistémico y permite su evolución y reforma hacia múltiples diseños de funcionamiento. Un Estado puede ser presidencialista, su régimen tener una naturaleza oligárquica y su gobierno ser de derechas; pero también podría tener un Estado monárquico, un régimen poliárquico y un gobierno de izquierdas, etc. En el caso cubano la naturaleza del Estado se ha mantenido invariable, la del régimen ha sufrido algunos cambios y la del gobierno bastante pocos pese a que por él han rotado equipos diferentes de funcionarios representantes de varias generaciones pero atados siempre en su desenvolvimiento a las posiciones de una cúspide inalterable del poder. La flexibilidad del sistema cubano es por ello sumamente limitada aún dentro de las posibilidades de configuración diferente que le otorgaría la propia definición "socialista" que reclama la Constitución de la República para su Estado.

El problema, por tanto, no radica en las condiciones morales o el mayor o menor talento de los funcionarios, sino en el agotamiento y obsolescencia de un sistema político que bloquea sus capacidades creativas. La crisis sistémica, por ello, no podrá ser resuelta exclusivamente desde la esfera económica.

Mañana bien podrían abrirse amplios créditos financieros y comerciales a Cuba, encontrarse grandes yacimientos petroleros o recibirse toneladas de combustible desde Venezuela e Irán a precios preferenciales, o bien podrían también sus abnegados y brillantes científicos crear una vacuna contra el SIDA, pero el verticalismo autoritario y micro administrativo del Estado, la falta de incentivos a la producción, la ausencia de espacios de opinión pública para indicar errores y debatir esquemas alternativos de organización, el todavía deficitario poder del "Poder Popular" frente a las poderosas instituciones ministeriales, la centralización de decisiones nacionales en unas pocas manos dentro de la cúpula del partido y la ausencia de un sólido estado de derecho, no permitirían al país sacar provecho de ese golpe de suerte. El resultado de poder contar con mayores créditos se traduciría en un mayor endeudamiento externo ante la realidad de una economía ineficiente. La economía cubana no era rentable cuando existía el campo socialista y la URSS y ninguna ayuda externa ni golpe de suerte, incluida la eventualidad del levantamiento total del bloqueo estadounidense cuyos beneficios nunca alcanzarían a los recibidos por treinta años de la URSS, sería capaz de alterar esa realidad hoy sin haberse trascendido primero su crisis estructural, lo que equivale a decir: a sustituir su sistema actual por otro, preferiblemente orientado al desarrollo humano sustentable.

Sobran talento y buena voluntad no solo entre funcionarios, intelectuales, profesionales y trabajadores cubanos, sino también entre aquellos críticos que disienten del actual sistema, para corregir el fatal rumbo que hoy llevan las cosas. Pero del mismo modo que el más dotado ciclista no podría ganar una carrera en un vehículo sin ruedas, este potencial queda paralizado por un sistema político verticalista e intolerante, asociado al "socialismo de Estado", que quedó ratificado desde el V Pleno del CC en 1996.

3-Si alguna vez fue cierto que la libertad tendría que esperar primero por la justicia social, hoy la segunda ya no resulta sostenible sin expandir la primera. Hay más de un modo de entrar al nuevo milenio y de insertarse en la globalización de la civilización cibernética. Hay más de un futuro posible para el mundo y para Cuba. Nada es más urgente hoy que abrir el espacio de irrestricta libertad para reflexionar sobre el futuro al que aspiramos y cómo acercarnos a él.

En la capacidad de innovación del sistema -como la demostrada por el capitalismo a lo largo de más de dos siglos- radica la clave para elaborar una estrategia eficaz de supervivencia de la nación en su inserción dentro del nuevo proceso civilizatorio. Si alguna vez la arquitectura institucional del socialismo de estado fue un instrumento útil al proyecto revolucionario hoy podría llegar a constituirse en el más mortal de sus enemigos por el modo en que propicia el ejercicio dogmático y teocrático del marxismo al que quedo asociada y que a su vez crea barreras que dificultan el vuelo de la imaginación y la creatividad.

La única manera de ser revolucionario hoy -si por ello entendemos la lealtad a los ideales originales del proyecto revolucionario y no a su actual paisaje institucional- es abogando por una reforma radical desde una perspectiva de izquierda. Ser revolucionario implica hoy la promoción de la reforma sostenida e integral de la sociedad y la más extensa socialización de ese poder (económico y político) en favor de los ciudadanos y sus instituciones. Los ciudadanos se han visto, lamentablemente, enfrentados a escoger entre dos lealtades. Serle fiel a los ideales que animaron el proyecto revolucionario o a la institucionalidad y políticas que hoy nos separan de ellos. Dada la actual regimentación de los espacios de diálogo y propuestas y la criminalización -incluso extraterritorial- a partir de la Ley 88 (1999), de aquellas opiniones emitidas por ciudadanos cubanos que puedan ser percibidas como "perjudiciales" por las autoridades, se ha hecho imposible servir a ambos a la vez. La apuesta definitiva al socialismo de Estado por la máxima dirección del país es la única responsable de esa situación.

No todo reformismo ni toda transición son de derechas, como suponen algunos, del mismo modo que no todo conservadurismo tiene tampoco que serlo, como suponen otros.

Liberar la imaginación para viabilizar la innovación consciente y evitar una evolución y desenlace negativos para la nación, sin embargo, no será posible si las libertades de pensamiento y expresión, dentro y fuera de los circuitos académicos, no son siempre reconocidas como el mas preciado de los atributos de la sociedad. Su irrestricto respeto debe incluir a todos aquellos, sin excepción, que difieran de las ideas prevalecientes en un momento dado. El hereje, pese a su milenaria condición de perseguido, a menudo ha sido aquel que se arriesga precisamente por su vocación de buscar nuevas y más prometedoras rutas al desarrollo humano. La historia nunca podrá prescindir de ellos y ninguna sociedad, sea la estadounidense con el macartismo o la soviética con sus Gulags, puede reprimirlos sin pagar considerables costos, no solo sociales y políticos, sino también económicos.

Las políticas que fomentan el dogmatismo y la inflexibilidad han dejado de ser una rémora vinculada a las alianzas internacionales que se hicieron para sobrevivir nuestra anterior realidad geopolítica antes de la caída del Muro de Berlín para devenir en un innecesario obstáculo a los intereses de la nación. Ellas tienden a privar al país, cada vez que actúan, de la posibilidad de beneficiarse de todo el talento que su población ha podido alcanzar precisamente por la expansión universal del derecho a una educación gratuita establecido por el proceso revolucionario de 1959.Sin superar definitivamente el bloqueo mental del dogmatismo no será posible trascender, de modo oportuno y suficiente, la crisis estructural de la economía.

4- Resulta peligrosa y simplista la tendencia intelectual que vemos tanto en Cuba como en el exterior, a concentrarse en el análisis de los macro indicadores económicos para de ellos derivar conclusiones acerca de la gobernabilidad del país.

Cuba -pese a sus graves diferencias sociales-- no era ni remotamente la nación más atrasada de América Latina en 1959, pero sin embargo fue allí donde se produjo la primera revolución de orientación socialista del hemisferio occidental aun cuando la economía cubana de 1958 atravesaba un boom. ¿Por qué? Cuba era un país económicamente más atrasado y con menores niveles de consumo que la mayor parte de los países del bloque del Este, pero fue allá donde el socialismo de estado se desmoronó mientras Cuba siguió su curso y ha logrado sostenerse sola a noventa millas de quién quedó como única superpotencia mundial: los Estados Unidos de América. ¿Por qué?

Estas interrogantes no pueden pasarse por alto a la hora de hacer el análisis de la coyuntura actual y sus posibles desenlaces.

Deberíamos convenir que en el caso de Cuba los factores extraeconómicos parecen haber jugado un papel relevante en su historia reciente, razón por la cual merecen tenerse muy en cuenta.

Esto es de suma importancia en nuestro análisis porque podría darse la aparente paradoja (ya ocurrida, como vimos, anteriormente) de que mientras la economía sufre una grave crisis, las esferas políticas y culturales pudieran ser capaces de reproducir el sistema e incluso de reforzarlo si logran persuadir a la población de que aquel es legítimo y meritorio de su sacrificio o de que frente a él todas las alternativas son peores por lo que no habría ninguna (la derrota nazi en Stalingrado no seria explicable desde la economía). Pero también es valido el reverso de la medalla: la economía pudiera llegar a mejorar e, incluso, a andar razonablemente bien, pero, sin embargo, enfrentarse una grave crisis social y política que llegue a hacer saltar al sistema en su conjunto como ocurrió en la desaparecida República Democrática Alemana. La diferencia entre la posibilidad de que se desarrolle un escenario u otro no radica en la economía sino en la subjetividad humana y esta es, por su propia naturaleza, fluctuante.

En realidad los factores subjetivos, la lectura de la realidad—falsa o verdadera- que hace el ciudadano común cubano, parece haber tenido un mayor peso en el curso de los acontecimientos que las "objetivas" cifras del PNB y el PIB de 1958 y 1988 recopiladas por los expertos. Una parte de la población podría estar dispuesta a nuevos sacrificios si honradamente creyese que el sistema o las autoridades no son responsables de su situación y sus dirigentes tienen una propuesta creíble para resolverla. Pero también podría llegar a estar dispuesta a la insurrección si se siente injustamente tratada por ellos y cree tener una alternativa a su circunstancia.

Barrington Moore en su estudio clásico sobre las causas de la rebelión social, señalaba la necesidad de que se conjugaran tres factores para que pudiese ocurrir una rebelión: a) una parte significativa de los ciudadanos debería sentirse injustamente tratada, b) esa parte de los ciudadanos debería creer que esa situación no es inevitable por existir alternativas viables a su situación, y c) que un hecho sirviese de catalizador a la revuelta. ¿Se dan esas circunstancias en Cuba? No lo parece.

En efecto, la mayoría de la población no cree merecer la situación en que vive, pero parte de la culpa se la asigna al bloqueo aunque, de manera creciente, se la relaciona también con la obsolescencia del sistema y la falta de voluntad política para transformarlo. Por otro lado la intolerancia de ciertos sectores minoritarios pero influyentes del exilio y el especial reconocimiento que hasta ahora han recibido de Washington, continúan dando crédito a la tesis gubernamental de que toda alternativa al status quo será peor que la realidad actual, por lo que, supuestamente,"no hay alternativas".

Por último, hechos catalíticos han venido ocurriendo con frecuencia y han dado lugar a reacciones violentas por parte de pobladores y autoridades, pero estos incidentes han sido, en su mayoría, poco conocidos por el control oficial sobre los medios informativos. Además, una explosión social puede ocurrir y apagarse con la misma velocidad, tal y como ocurrió con el "maleconazo" del 5 de agosto de 1994.

Para que una explosión social se transforme en fuerza kinética, en rebelión generalizada o revolución, -sea cual fuese su orientación ideológica- requiere de un programa capaz de presentarse como expresión del interés general. Esa propuesta programática no se vislumbra con nitidez en los limitados manifiestos y consignas de las fragmentadas fuerzas de oposición.(6) Curiosamente, tampoco el gobierno ni el partido -que carece de programa oficial desde su III Congreso en 1986- han presentado una propuesta programática pública, más allá de sus propias consignas y directrices anuales. En ese contexto, los perfiles de un futuro posible siguen siendo neblinosos para el ciudadano común, por lo que su posición respecto a él es conservadora: "más vale malo conocido que bueno por conocer".

Quien desee atisbar el grado de gobernabilidad en el país debería observar, junto a los indicadores macroeconómicos, que pocas veces se traducen en ningún lugar del mundo en beneficios inmediatos a los ciudadanos, otros indicadores del estado psicosocial de la ciudadanía y formularse preguntas tales como: ¿cuál lectura de su cotidianidad hace el ciudadano común en Cuba? ¿Considera que su situación es justa y necesaria? ¿Cree que hay otros modos de remediar la situación existente? ¿Ve en las autoridades la solución a sus problemas o aquellos que presentan un problema a cada solución? ¿El ciudadano ve en el Estado una fuente de soluciones para sus proyectos de felicidad personal o ve en el Estado un ente sin capacidad propositiva, pero con fuerza suficiente para obstaculizar sus propias soluciones cuando llega a imaginarlas? La clave de la seguridad nacional radica en la percepción ciudadana sobre su cotidianidad y perspectivas.

Parodiando a Milán Kundera se podría decir que de manera creciente la situación cubana asemeja una "insoportable irrelevancia del poder". Cuando los ciudadanos no ven en las autoridades la solución a sus problemas cotidianos, el poder que ellas detentan se vuelve irrelevante para ellos. La tendencia en esos casos es a buscar proyectos individuales de felicidad al margen de las instituciones y políticas vigentes. Pero si estas últimas se empeñan, adicionalmente, en bloquear esos proyectos individuales y familiares de felicidad, el paisaje institucional no sólo resulta irrelevante sino insoportable al desafío de la cotidianidad. La conclusión más radical y subversiva de los estudiantes chinos congregados frente al Comité Central del PCCH en 1989 estaba resumida en la frase de una de sus pancartas: "¿Quién les ha dicho que los necesitamos?" A ese punto se llega cuando el poder se comporta con sorda soberbia por demasiado tiempo.

El estudioso de Cuba está urgido de encontrar un set más holístico de indicadores si desea evitar ser sorprendido por esos movimientos telúricos que de pronto irrumpen en la Historia sin previo aviso, pero que se incuban en el subsuelo de la sociedad por largo tiempo mientras los analistas sólo atendían a lo que ocurría en su superficie.

¿CUÁL IZQUIERDA?

Desde hace algún tiempo ha resurgido el interés por especular en torno a la evolución que experimentará la realidad cubana el día que, de algún modo, desaparezca la persona que ha sido su "máximo líder" por más de cuatro décadas. La mayor parte de esas disquisiciones giran en torno a los escenarios posibles de la transición a la llamada "Cuba Post Castro", o sea, se especula sobre el modo en que ocurrirá la transición, pero muy poco espacio se dedica al tema de hacia donde podría ella dirigirse.

En general, esos debates se preocupan más por las políticas que podrían aplicarse en ese proceso de cambios que por las economías políticas que ellas dejarán instaladas en términos de cuotas de poder y distribución de riquezas entre los diferentes sectores sociales. Ese es, sin embargo, el tema que debería priorizar toda persona de izquierda en esta transición, sea funcionario, simple ciudadano, simpatizante, disidente o exiliado ya que-contrario a las etiquetas- las ideas de izquierda cohabitan todos esos espacios junto a las de derecha. La recíproca demonización que han desarrollado las autoridades y aquellos que se les oponen, no se compadece con la realidad. La evidencia apunta a que tanto en uno como en el otro bando existen personas decentes y honradas y otras que no lo son.

Suponer que en Cuba "la izquierda está en el poder" es hoy una aseveración debatible. Sin embargo, es posible afirmar (y debatir) la idea de que actualmente existe una izquierda (y una derecha) en Cuba que cohabitan tanto el gobierno como la oposición, como ocurre a menudo en sociedades posrevolucionarias como la cubana. De hecho existen promotores de una reforma neoliberal tanto en la oposición como en la tecnocracia cubana con la única diferencia de que los primeros prefieren que el sector privado lidere ese proceso y los segundos aspiran a que sea el propio partido comunista el encargado de hacerlo. Lo que revela con mayor nitidez la naturaleza de izquierda o derechas de un proyecto de transición hoy día no son las etiquetas ideológicas que unos u otros se adjudiquen, ni las políticas per se que unos u otros propongan, sino las economías políticas que ellas traen aparejadas.

Más que discutir aisladamente las políticas económicas que fomenta el gobierno o aquellas que propone la oposición deberíamos interesarnos por conocer primero cuál sería la economía política que quedará estructurada como resultado de la aplicación integral de unas u otras y que lugar dentro de ella tendría el ciudadano de a pie. Los que proponen estandarizar nuestra institucionalidad con las del resto de los países de la región olvidan que los doscientos millones de latinoamericanos que viven en la pobreza tienen algo que ver con la incapacidad de esas instituciones para resolverles el problema. En ese sentido sería preferible no ser "un país normal", aunque tal aspiración pueda aparecer ante algunos como un ideal deseable después de los sobresaltos revolucionarios de varias décadas. Debemos aspirar a un país decente con una vida decente para todas y todos.

La visión oficial del futuro consiste en un eterno "perfeccionamiento" del presente sin llegar nunca a abandonarlo en esencia. Según esa perspectiva, la historia sistémica de Cuba se cierra con las transformaciones llevadas a cabo por el proceso revolucionario de 1959; argumento algo exótico para quienes llevan cuarenta años legitimando su poder amparados por la dialéctica marxista. Su respuesta a los cambiantes desafíos del presente es una suerte de inmovilismo dinámico que denominan "estrategia de resistencia." Lamentablemente, una estrategia de resistencia no equivale a una estrategia de desarrollo. La primera se resume en un conjunto de políticas ad-hoc que pretende preservar el status quo. La segunda demanda de un nuevo paradigma y cosmovisión. Desde su tercer congreso, el PCC ha renunciado a aprobar un programa que explique su percepción del punto en que se halla la nación, explique a dónde y cómo desea conducirla y se fije el compromiso de un plazo de tiempo para lograrlo. Aunque siempre ese ha sido su estilo de dirección, particularmente desde el V Pleno de su Comité Central en 1996, el Partido Comunista de Cuba se limita a solicitar (y exigir) la confianza y obediencia ciegas de la población.

El país se ha volcado a sobrevivir, a ganar tiempo en espera de algún milagro interno o exterior (encontrar grandes yacimientos de petróleo o contar con un nuevo mecenas geopolítico), pero carece de un proyecto coherente y viable de desarrollo en las nuevas circunstancias. En cualquier caso, si alguno existe, no se ha hecho público ni sometido al consenso de sus propias elites. Las directivas económicas y los proyectos sectoriales carecen de un marco conceptual que explique hacia cuál economía política se marcha con ellos y, por lo tanto,