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El reino de la doble
moral,por Carmelo Mesa-Lago
Articulos Prensa Internacional
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ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DEL TOTALITARISMO
Arq. SALVADOR E. SUBIRÁ
ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DEL TOTALITARISMO Arq. Salvador E. Subirá
TOTALITARISMO Y AUTORITARISMO ………………………………………….. 3 TOTALITARISMO VS. DEMOCRACIA ……………………………………………. 3 EL FENÓMENO DEL TOTALITARISMO ………………………………………….. 7 LA CRISIS EN LA DEMOCRACIA …………………………………………………. 7 EL CAUDILLO ……………………………………………………………………….. 9 LA COYUNTURA HISTÓRICA ……………………………………………………... 10 LA UTOPÍA …………………………………………………………………………… 11
LA IMPLANTACIÓN DEL TOTALITARISMO CUBANO ………………………… 13 LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN ……………………………………………….. 16 LA VIVIENDA ………………………………………………………………………... 17 EL SINDICALISMO ………………………………………………………………….. 17 LA EDUCACIÓN ……………………………………………………………………... 18 LA RECUPERACIÓN DE BIENES MALVERSADOS ……………………………… 21 LA CULTURA ………………………………………………………………………… 21 LA SOCIEDAD CIVIL ………………………………………………………………... 22 LA RELIGIÓN ………………………………………………………………………… 24 LOS SERVICIOS SOCIALES ………………………………………………………… 25 LA REFORMA AGRARIA …………………………………………………………… 25 LA SALUD ……………………………………………………………………………. 26 EL TERROR …………………………………………………………………… 29 LAS RELACIONES EXTERIORES ………………………………………………….. 30
LA DISCUTIDA ESTABILIDAD DEL RÉGIMEN CUBANO ……………………… 35 UN BALANCE PARCIAL DEL PROCESO CUBANO ……………………………… 38 CONTEXTO INTERNACIONAL DE LA REVOLUCIÓN CUBANA ………………. 40 LA CRISIS ESPERADA ………………………………………………………………. 43 COORDENADAS PARA LA DEMOCRATIZACIÓN DEL PAÍS …………… 45
ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DEL TOTALITARISMO Por: Arq. SALVADOR E. SUBIRÁ
Dedicado a las jóvenes generaciones de cubanos que desconocen los orígenes de la sociedad en que viven. Y también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo, y especialmente de Latinoamérica, que están interesados en conocer sobre el advenimiento y desarrollo de la Revolución Cubana
TOTALITARISMO Y AUTORITARISMO
Debemos empezar por establecer bien el significado de dos términos que muchos, equivocadamente, interpretan como sinónimos e intercambian como tales. Estos dos términos se refieren a sistemas de ejercer el poder, y son el autoritarismo y el totalitarismo. Pensamos que la razón de la confusión está en que ambos abusan con la autoridad, lo que es decir que ignoran derechos legítimos de los gobernados y se exceden en el uso del poder para su gestión de gobierno. Esto es característico en los dos sistemas, pero el totalitarismo va mucho más allá que el autoritarismo. En el totalitarismo, no sólo hay exceso en el uso del poder, sino que se va al total acorralamiento de la persona por el control y la manipulación de todas sus necesidades y urgencias de vida a fin de forzar su incorporación a la corriente socio política que el régimen impone. El acepta que las ciudadanos sean políticamente neutrales, pero en el totalitarismo no se reconoce derecho a la neutralidad, se exige el apoyo. El autoritarismo define a un dictador, mientras el totalitarismo implica un tirano. Y el totalitarismo es el tema que vamos a tratar.
TOTALITARISMO VS. DEMOCRACIA
El totalitarismo y la democracia son dos sistemas de gobierno que albergan grandes e insuperables diferencias. Cada uno de ellos representa fielmente lo opuesto del otro. Pero muchos, que no han tenido una experiencia de primera mano en un país totalitario, no pueden comprender la degradación que sufre la persona expuesta a esa situación. Por ello creemos conveniente empezar por contrastar los dos sistemas para que el lector pueda tener una vivencia de lo que es la vida dentro de un país sometido al totalitarismo.
El poder absoluto del totalitarismo nunca surge del derecho y la legalidad, sino como subversión de ambos ▪ La democracia siempre surge del derecho y de la ley, y está comprometida al mantenimiento de ambos.
En el totalitarismo el poder supremo se designa a sí mismo y de hecho se proclama como destinado y providencial ▪ En la democracia el poder central sabe que la ciudadanía lo ha elegido para regir el país, y que es sólo un capítulo en la historia de su país.
El totalitarismo siempre llega a fundar una nueva era que se dice de “justicia” e “igualdad”, por lo que necesita demoler todo el orden existente ▪ La democracia por su parte no destruye, sino que enmienda errores, ofrece y promueve nuevos desarrollos, elabora la igualdad de oportunidades, sostiene la solidaridad y garantiza la libertad y los derechos humanos.
Para el totalitarismo el poder es posesión absoluta del país y de la ciudadanía, por lo que se yergue sobre los ciudadanos y les reclama el sacrificio de todos sus derechos humanos ▪ Para la democracia el poder es sólo un servicio al país y a la ciudadanía, que se ejerce a través de un poder temporal delegado y que está comprometido con el respeto y defensa de los derechos humanos.
El totalitarismo fomenta la escisión social de clases para destruir la solidaridad y poder alcanzar y sostener el poder ▪ La democracia elabora y mantiene la solidaridad como medio para lograr todo tipo de desarrollo.
El totalitarismo siempre centraliza la administración en un poder ejecutivo que no reconoce ni permite la autonomía de otros poderes ▪ En la democracia el gobierno central está separado en poderes autónomos que dan balance a la acción del gobierno, y también se reconoce cierta autonomía en los niveles inferiores de gobierno.
El totalitarismo crea organismos puramente formales y sin capacidad de decisión, que sirven para trasmitir y controlar la ejecución de las directrices centrales, y también para poder presentarse como una sociedad organizada ▪ La democracia no sólo fomenta y respeta el más amplio desarrollo de la sociedad civil, sino que favorece su interacción para lograr realizar el bien común.
El totalitarismo se siente con derecho a detentar el poder por tiempo indefinido ▪ En la democracia se sabe que el partido gobernante sólo dispone de un período de tiempo predeterminado, y después del cual debe acudir nuevamente a competir en una elección por el favor de su ciudadanía.
En el totalitarismo toda expresión política está limitada a lo que determina un partido único que expresa la opinión oficial ▪ En la democracia se reconoce y respeta el derecho a la pluralidad de opiniones y de partidos.
En el totalitarismo no se respeta la privacidad del individuo porque su método es como un torbellino que todo lo profana y manipula ▪ En una democracia la administración trabaja para proveer una sociedad estable que permita al individuo la mayor privacidad posible.
En el totalitarismo no se respeta a los que disienten de la política oficial ▪ En la democracia, no sólo se respeta a la mayoría, sino también a las minorías.
El totalitarismo deshumaniza a la persona por la coacción de su expresión propia y conminándola a que asuma, o finja, la adhesión y reverencia del ente abstracto que llaman revolución ▪ La democracia elabora el contexto democrático con el tejido de todas las expresiones que se manifiestan en libertad.
El totalitarismo condena todo el pasado como abominable crimen global ▪ La democracia se apoya en la experiencia de ese pasado para proyectarse en el futuro.
El totalitarismo destruye todos los valores tradicionales aprendidos en la cotidianeidad de la vida, la historia y la cultura, y los sustituye por otros sin raíces ▪ La democracia reconoce el valor de estos y los mantiene como cimiento de su edificación social.
El totalitarismo tiene su principal fuente de energía en la denuncia de una hostilidad externa que lo asecha ▪ La democracia crea lazos amistosos con todas las naciones en busca de las mejores relaciones y vías para el desarrollo de su país.
El totalitarismo nunca tiene voluntad de cambio ▪ Sin embargo la democracia está abierta al cambio con cada elección.
El totalitarismo sólo es eficiente y rápido para lograr los objetivos que interesan al poder, lo que es fácil de explicar por el control que ejerce sobre todos los medios, pero fracasa en el conjunto de objetivos que interesan a los ciudadanos. Y es porque el poder central, al controlarlo todo, se convierte en cuello de botella que malogra todo el esfuerzo nacional ▪ La democracia sí labora por los objetivos que interesan a los ciudadanos, y lo hace aprovechando y combinando los esfuerzos de todos los miembros de la sociedad, lo que hace que obtenga mayores y mejores resultados, que aunque más lentos son también más perdurables.
Para resumir puede decirse que el totalitarismo es regresivo a etapas primarias del desarrollo social humano, mientras la democracia, en todas sus formas, es el mejor resultado de la larga experiencia social humana.
Como se demuestra, ambos sistemas, no sólo son diferentes sino también inconciliables. No obstante han alternado en la historia contemporánea. Y justo es reconocer que los tránsitos de uno al otro sistema siempre conllevan grandes traumas sociales y humanos. Lo cambios que se requieren son tan complejos porque ambas formas crean y desarrollan las instituciones en que se apoyan, y por ello siempre ha de hablarse de un proceso de cambio, o lo que mejor sería llamar, una transición.
Los motivos para que ocurra una transición en una sociedad varían. Por ejemplo, el totalitarismo no llega porque se reniegue de los principios democráticos, sino por la opinión mayoritaria de que los líderes e instituciones existentes son incapaces para resolver los problemas del país. Y el retorno de la democracia está determinado por el fracaso global (político, económico y social) de la sociedad revolucionaria y el agotamiento del discurso mesiánico que la ha animado.
Claro que el tránsito hacia el totalitarismo siempre es más fácil porque las acciones de facto con que se funda un totalitarismo son más inmediatas y efectivas que las de jure con que se defiende una democracia. Es lógico que la destrucción requiere menos esfuerzo que la construcción. Y destrucción es lo que ejerce el totalitarismo, porque precisamente, nace como negación del orden existente.
Para compensar el gran vacío que provoca, el totalitarismo se define y justifica a sí mismo con apelaciones a valores y emociones sociales profundas que legitimen su advenimiento irregular. En países de larga historia y población homogénea lo han realizado por la exaltación de la raza. En países de atrasado desarrollo social lo han hecho como reivindicación de las clases explotadas y para la instauración de una utopía igualitaria. En países pequeños, de más reciente origen y con diversidad racial, se han declarado herederos históricos y fieles representantes de los ideales que motivaron a los fundadores de sus respectivos países, y ser luchadores para el logro de una soberanía total y definitiva. Este tema de la soberanía es usado como una droga política para enajenar a sus ciudadanos con el fin de lograr sus fines. Siempre condenan globalmente el sistema social anterior con todo tipo de improperios, agobiándolo de lacras, y llegando hasta la propagación de falsedades, porque ello contribuye a excusar sus propios desmanes y a ser visto como instrumento de salvación para el país. Con estas tácticas, ellos entienden que adquieren toda la libertad para reinterpretar el resto de la historia a la medida de su conveniencia, y construirle un arco de triunfo a su propio advenimiento.
El totalitarismo, cuando toma posesión de un país, siempre trae la intención de rebasar sus fronteras. Puede pensarse que lo hace por instinto de conservación en busca de apoyo internacional, pero pronto queda demostrado que lo hace por entender que su mesianismo no cabe en las dimensiones geográficas del país que le concede su base de operaciones, y que merece un espacio político mayor. Al principio su discurso lo proclama con idealismos y generalidades, pero muy pronto sus acciones lo ejecutan de forma ilegal y encubierta, que más tarde se vuelve desafiante.
El totalitarismo siempre llega para quedarse, porque ellos mismos se proclaman y conducen como la solución definitiva. No importa que el camino para cumplir su propuesta original sea incierto y cruelmente interminable. Sus dirigentes se siguen proclamando siempre como profetas en camino hacia una tierra prometida, sin reconocer que sus propios motivos son el poder y la ambición desmedidos, y que nunca quedarán satisfechos.
Pero a pesar de su estilo rudo, sus crímenes ocultos y las turbias intenciones emboscadas en todas sus gestiones, los totalitarios no renuncian a vestirse de limpio con ropajes de prestigio. Aunque la realidad grite atronadoramente que no hay libertad, ni democracia, ellos se dicen gobernar los pueblos más libres y las democracias más perfectas. Aunque nunca haya una consulta popular para obtener la representación de la soberanía nacional, el totalitario se roba su representación para esgrimirla y defenderse en todas las vitrinas políticas internacionales. Cuando el análisis lógico de sus acciones llega a un callejón sin salida y de inconsecuencias, el totalitario decide que es tiempo de desautorizar al idioma y sus significados establecidos, o de destronar el reconocimiento universal del método aristotélico para establecer una conclusión.
El totalitarismo, sometiendo la realidad socio política del país a una elevada temperatura, logra fundir todos los conceptos e instancias en una abstracción que tiene muchos rostros, y que son usados alternativamente por el poder para lograr su mejor imagen y conveniencia.
Aunque la agenda que nos hemos propuest es la transición a la democracia, hemos querido trazar un mapa de las dificultades que han de afrontarse para deshacer el camino de desastre que siempre deja atrás un régimen totalitario.
EL FENOMENO DEL TOTALITARISMO.
Apartándonos ahora de sus características, pasemos a analizar el totalitarismo como un fenómeno político y social. Y empecemos por decir que toda fundación totalitaria requiere de cuatro factores que la hacen posible, y son: 1-la existencia de una crisis en la democracia, 2- la aparición de un caudillo carismático, 3- la oportunidad de una coyuntura histórica y 4- el ideal de una utopía. Puede analizarse como estos cuatro factores se repiten en todo proceso totalitario, y queremos ilustrarlo a través del ejemplo cubano para mayor claridad.
LA CRISIS EN LA DEMOCRACIA
La democracia cubana podía mostrar muchos logros económicos y sociales pero la realidad es que tuvo una gran crisis. Aunque se habían cumplido casi tres períodos democráticos en sucesión, existía una parte del ejército que guardaba simpatía y añoranza por la experiencia de Fulgencio Batista durante la década de los años treinta. En fin de cuentas, el 4 de Septiembre, una Junta Cívico Militar había dado un giro político al país que, entre otras cosas, resultó en un desbande del ejército del país y se había fundado otro mediante el ascenso de muchos militares a grados superiores que desde entonces creían más en los cambios de facto que en la democracia. Todo lo cual resultaba ser muy peligroso.
En el ámbito político existían diversos partidos políticos. Algunos eran volátiles como los intereses momentáneos que los creaban. Pero también se crearon partidos políticos mayores con amplios programas progresistas, y que desde el poder, crearon importantes instituciones necesarias para darle solidez de la república. Durante esos tres períodos el pueblo disfrutó de un verdadero régimen de libertades, floreció la prensa y se promulgaron leyes sociales avanzadas de gran beneficio para la clase obrera. Puede decirse que la clase media creció y se consolidó como el sector que definía los resultados electorales del país. El debate político entre partidos siempre traía a colación acusaciones de corrupción, malversación y peculado típicas de la lucha por el poder en toda Latinoamérica, y aún en el mundo desarrollado, pero que pocas veces podían ser demostradas. Sin embargo el debate se fue radicalizando y subiendo el tono de las acusaciones, hasta un punto que llegó a minar la credibilidad de los partidos y sus dirigentes ante la opinión pública. No era extraño escuchar al pueblo sencillo manifestar que la profesión de político no era para personas decentes. Mas a pesar de todo lo anterior la economía marchaba, la moneda cubana era sólida, la industrialización avanzaba, la asignación de fondos para la educación era elevada y producía profesionales de primera línea, el sindicalismo tuvo un amplio desarrollo con muchos logros para la clase trabajadora, los índices de consumo y de servicios eran altos, aún cuando se los comparaba con los de países más desarrollados que Cuba, y el país iba adquiriendo prestigio en los foros internacionales.
Esto no quiere significar que Cuba fuese un paraíso de perfecciones. Había desajustes sociales que requerían atención. Prueba de ello fueron los resultados de una encuesta realizada por estudiantes universitarios sobre el nivel de vida del trabajador agrícola cubano. Los resultados demostraban cuestiones que reclamaban la inmediata acción y solución gubernamental. Pero el mero hecho de realizarse esta encuesta demostraba la voluntad de conocer y la intención de corregir aquellas desigualdades. En parte todo esto ocurría porque era una república joven de 50 años de existencia, que había heredado una situación colonial, con poca densidad demográfica, con economía histórica basada en el monocultivo de la caña de azúcar, con diversidad racial, y cuya civilidad aún no había tenido tiempo para asentarse y desarrollarse en todo el territorio nacional, ni explotar con efectividad todos los recursos naturales del país. Tampoco se habían podido desarrollar todas las comunicaciones necesarias y afinar los engranajes económicos. Pero Cuba era un país que creía en su futuro y en el que todo reclamo justo encontraba camino para una solución.
Las elecciones siempre son un momento de esperanza por la expectativa de un nuevo gobierno, y porque en la democracia, todo partido que llega al poder, tiene que realizar una buena labor si es que quiere ganar la próxima elección. Fue en ese preciso momento, y en ese ambiente, que Fulgencio Batista, con un grupo de militares afines, escogió para destruir toda la mecánica democrática del país. Lo hizo pretextando la corrupción del gobierno depuesto, pero la realidad es que se estaba a sólo semanas de unas elecciones presidenciales donde había candidatos honestos, capacitados y de prestigio. El golpista enseguida reajustó los mandos del ejército, concedió ascensos para consolidar su posición y promulgó unos estatutos para regir bajo su mandato.
Es obvio que el sorprendido pueblo cubano, acostumbrado a las libertades anteriores, y por haber estado en vísperas de una consulta popular, se sintió burlado por aquella violación de su orden constitucional. De momento no hubo grandes reacciones más allá de la condena pública, porque el dictador logró el apoyo de todos los cuerpos armados. Pero los partidos políticos mayoritarios y el pueblo pronto comenzarían un proceso ascendente de oposición, que tras agotar los medios políticos, llegaría a una guerra abierta y sin cuartel.
Mientras tanto Batista se fue aprovechando de cuanta complicidad oportunista se le ofrecía para estabilizar su régimen, recompensándolas con depredaciones al erario. La corrupción fue alcanzando niveles nunca vistos y no sólo beneficiaba a los miembros de los cuerpos armados sino también a políticos, periodistas e intelectuales. Entonces intentó legitimarse con un amplio programa de obras públicas, con el nombramiento de funcionarios capaces que implantaron políticas económicas acertadas, y finalmente convocando a dos procesos eleccionarios. Pero los partidos y el pueblo no se dejaron conquistar, estimaron que no se podía confiar en la honestidad y legalidad de aquellas elecciones, y en gran parte fueron al abstencionismo. No cabe duda que un país en las condiciones que acabamos de describir estaba padeciendo una verdadera crisis democrática. Y esta crisis fue la que abrió la puerta para los eventos posteriores.
EL CAUDILLO
El caudillo por su parte había venido incubándose. No llegaba por un camino institucional, aunque lo intentó sin resultados. Así fue cuando quiso aspirar a presidente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) para usarlo como trampolín que le lograra el ingreso a la política reconocida del país, pero vio frustradas sus ambiciones por dicho cargo a causa del extremo rechazo que le profesaba el estudiantado. Se asoció entonces con grupos armados de activismo político gansteril que actuaban en el medio cubano, aunque también lo hicieron en el llamado Bogotazo de Colombia. Pero tampoco esta actividad le rindió los dividendos políticos que ambicionaba, pero sí le sirvió para ser más conocido. La fallida expedición de Cayo Confites para derrocar a Rafael Leónidas Trujillo fue otra aventura inconclusa para su pedigree. Para Fidel Castro llegar al poder no era una aspiración humana sino una obsesión, y ello se notaba enseguida que se lo trataba. Entonces decidió una recurva a lo institucional y se incorporó al Partido Ortodoxo, donde a pesar de la desconfianza de muchos líderes, logró ser postulado para representante en el Congreso. Fueron esas las elecciones que se malograron por la asonada de Batista, y Castro quedó nuevamente frustrado. Pero esta misma dictadura habría de proveerle la oportunidad de buscar su objetivo a través de las armas, lo que nunca hubiera sido aceptable en contra de un gobierno democrático. Muy pronto, como él no estaba dispuesto a renunciar a sus planes, intentó una nueva vía para alcanzar el poder. Se propuso y logró convencer y organizar a un grupo de jóvenes idealistas para una acción, que supuestamente, pudiera traer el fin del régimen militar de facto.
El que Castro pudiera complotar a este grupo de jóvenes para esa acción de envergadura, que él no les definió se trataba del ataque a la segunda guarnición del país hasta unas horas antes del hecho, y de resultado tan dudoso además, demuestra el ambiente de rechazo radical que ya existía en algunos sectores del país. Pero además demuestra el poder de impresionar y seducir que tenía Fidel Castro, y que ha seguido ejerciendo sobre sus interlocutores hasta el día de hoy. La acción del Cuartel Moncada fue extremadamente ambiciosa, sangrienta y poco justificable, pero no se puede desmerecer el valor de quienes participaron en la misma.De hecho fue la primera acción armada en contra del régimen de Batista, y luego sirvió como referencia para la lucha del Movimiento 26 de Julio. Mas ahora queremos anotar una característica de la lucha de Fidel Castro que comenzó en el asalto al Cuartel Moncada, continuó hasta su llegada a La Habana en 1959 y aún la ejerce en sus momentos de crisis.
La lucha que se había planteado era para la recuperación del orden democrático definido por la Constitución de 1940. Así lo manifestaban todos los líderes desde las primeras protestas, y esa fue la lucha que prendió en el pueblo cubano. Nadie pensaba que aquella contienda tuviese emboscada una intención diferente. Los líderes de las acciones armadas se lanzaron generosa y heroicamente al combate exponiendo su propia vida al sacrificio máximo por los fines obvios de regresar al régimen de derecho y la democracia. No cabe duda que lo hicieron imbuídos por la frase de nuestro Himno Nacional Cubano, que proclama que el “morir por la patria es vivir”. Demasiados murieron en esos empeños: Reynold García, José Antonio Echeverría, Menelao Mora, Fructuoso Rodríguez, Frank País, la mayor parte de los atacantes al Moncada que murieron en la acción, y otros.
Pero no fue así con Fidel Castro. El no luchaba desinteresadamente por la democracia que todos querían, sino por su meta personal de obtener el poder. Y si esa era la meta, no tenía ningún sentido que se arriesgara a perder su vida en esa lucha. Desde muchos años atrás Castro había ido desarrollando una forma astuta de escatimar sus propios riesgos a costa de sacrificar a jóvenes idealistas para que lograran los fines que él perseguía y su beneficio político. Ello caracterizó todas las etapas de su lucha, y después lo ha seguido demostrando durante su medio siglo de tiranía.
Con el jubiloso triunfo de la revolución todos esperaban una normalización democrática del país. Pero muy pronto se hizo evidente que los hechos no llevaban ese rumbo y que habría que luchar de nuevo. Y es por ello que los revolucionarios de la primera hornada de oposición a la comunización del país proclamaron que reiniciaban la lucha a causa de una traición a la voluntad y los sacrificios del pueblo cubano, y tenían la razón.
LA COYUNTURA HISTORICA
La coyuntura se fue formando gradualmente por la concurrencia de hechos desde diversas vertientes. El primero, y más importante, fue la tozudez de Batista en negarse a cualquier tipo de solución para que la república pudiese regresar a la Constitución y la democracia. No fueron pocas las oportunidades que se le ofrecieron a través de distintas propuestas políticas pero las desperdició todas. La más lógica y airosa hubiera sido la elección de 1954, pero con la postulación del propio dictador para la primera magistratura del país quedaba demostrado que sólo se convocaban para legitimar y alargar la permanencia del golpista en el poder. Pero hubo otras iniciativas como fueron el Movimiento de la Nación, el Pacto de Montreal, la Sociedad de Amigos de la República con su Diálogo Cívico, y finalmente el mítin de la Plazoleta del Muelle de Luz. Ninguna de ellas le interesó a Batista que se sentía en control del país y no aceptaba nada que pudiera terminar o disminuir su poder. Con ello el pueblo iba perdiendo la esperanza en una solución incruenta y reforzando su sospecha de que no había otra solución que la armada.
Los partidos políticos y las fuerzas armadas son las instituciones destinadas a salvaguardar el régimen de derecho y la democracia de un país, pero en el caso cubano ambas instituciones fallaron. Los partidos políticos no se sintieron fuertes para enfrentarse a un golpe que logró controlar todos los cuerpos armados, y luego fueron a la abstención en las elecciones amañadas que se convocaron para elegir un nuevo Congreso, por la certeza de que el dictador las amañaría para que los resultados fuesen favorables a sus intereses. En realidad los partidos ofrecían un triste aspecto de impotencia, y posteriormente muchos de sus miembros fueron pasando a los grupos de la lucha armada. Y es claro que esta situación deslucida colaboró a la coyuntura para el advenimiento del totalitarismo.
Las fuerzas armadas remodeladas por Batista, con profusos ascensos de elementos que le eran afectos, perdieron su carácter de ejército nacional para la defensa del país y sus instituciones, y se convirtieron en la tropa de Batista. Gran parte de sus miembros se aprovecharon de la situación de poder y comenzaron a enriquecerse con extorsiones a los comerciantes, con concesiones para el juego ilegal, y permitiendo todo tipo de corrupción a cambio de beneficios. Y esto a todos los niveles, desde el dictador Batista hasta el policía de cuadra. El pueblo comenzó a tener la percepción de que las fuerzas armadas no eran para defenderlo sino para explotarlo. Encontrarse con un policía era motivo de preocupación, y esto generó que los éxitos de quienes luchaban en la clandestinidad para deponer al régimen pronto fueran vistos con simpatía. Pero tanta corrupción fue resquebrajando la moral de los institutos armados y su principio de autoridad. La corrupción de los altos mandos llegó a permitir el tránsito de las tropas guerrilleras opositoras de una provincia a otra a cambio de dinero. Si triste fue la situación de los partidos políticos, la de los cuerpos armados fue execrable y vergonzosa, primero por haber apoyado el golpe, y segundo por exponer al país a un vacío de poder que permitió la llegada de un totalitarismo.
Un último aspecto coyuntural fue la desaparición progresiva de los otros líderes que habían luchado en descubierto y con valentía, a quienes se le reconocía la capacidad y el prestigio, y que contaban con la confianza del pueblo para detentar el poder y restablecer la democracia. El sacrificio generoso de estas vidas encomiables vino así a beneficiar a quien sólo luchaba por el poder y se reservaba para el día de la victoria.
LA UTOPIA
La utopía es muy importante porque ella siempre ofrece un tiempo definitivo y permanente, sin los capítulos sucesivos en que se basa la democracia.
La caída del régimen de Batista fue un relámpago en la oscura noche que vivía el país. El dictador unió la despedida del año 1958 con su adiós definitivo a Cuba y se fue a aterrizar en el feudo del desprestigiado Trujillo. Como Batista había concentrado la autoridad militar en sí mismo, sus corruptas fuerzas armadas quedaron más desmoralizadas de lo que ya lo estaban, y por ello resultaron fáciles de desbandar.
Por su parte, al clandestinaje y a los grupos armados, se le abrieron los cielos al saber que a aquella tragedia cubana se le eliminaba de repente un acto final que se anticipaba desgarrador. El balance de muerte y terror había sido muy elevado y venía dejando hondas cicatrices en la sociedad cubana. Mas para la alegría de todos, y súbitamente, llegaba el regalo de una nueva y misteriosa aurora.
La generalidad de la población aguardaba este día con impaciencia y lo recibió con una gran ilusión. Para ello ayudaba la forma, casi novelesca, en que se produjeron los hechos. También que coincidieran con el tránsito de un año a otro, como si un simple pase de hoja en el calendario, fuera a definir una nueva etapa nacional. Todos esperaban que no sólo se recuperaría la libertad de expresión y los derechos, sino que además se cumplirían sus más íntimas aspiraciones.
En ese terreno emocionalmente frágil el nuevo régimen se dispuso a sembrar sus ideas y programas. Y lo hizo con lo más demagógico del repertorio populista. Lo inició con una exaltación del nacionalismo que pronto derivó en denuncia de que la soberanía cubana había sido violada consistentemente por los E.E.U.U.. Se pasaba por alto que la república anterior había tenido diferendos con sus vecinos del Norte que habían sido resueltos favorablemente para nuestro país. Cuba había sido un país beneficiado con numerosas inversiones de capital norteamericano que nos habían provisto adelantos tecnológicos y muchas plazas de trabajo calificado, pero el nuevo régimen no vaciló en denunciar que nuestro pueblo había sido explotado por ese imperialismo económico. Y a pesar de que, en los primeros meses, los E.E.U.U. sólo observaban y analizaban los acontecimientos de la isla, como atestiguó la entrevista de Nixon con Castro, el régimen cubano ya se adelantaba a denunciar la inminencia de una invasión extranjera que exigía la militarización del país, y convirtió al país del Norte en la referencia obligada para todos los males y deficiencias que experimentaban los cubanos.
Se condenó al pasado de la república como un tiempo perverso que ahora la revolución tenía que eliminar, y se la proclamó como república mediatizada. Se reveló que los empresarios nacionales también tenían culpa por enriquecerse a costa de las clases trabajadoras, porque la explotación (léase el empleo) del hombre por el hombre era inmoral. Por ello, y como un acto de justicia, se proclamó la igualdad rasante de todos los ciudadanos, esto no sólo en el lógico terreno de los derechos y las oportunidades, sino también en todos los demás aspectos de la vida. Producto de ello fue la imposición de una libreta de abastecimientos para que todos recibieran lo mismo, y redujo grandemente el pago de rentas para la vivienda porque, según se dijo, eso constituía una de las peores formas de explotación. Y mediante todas estas “liberaciones” se prometía que el país podría construir una nueva sociedad igualitaria y feliz. Pero no sólo se aspiraba a esto para Cuba, sino que también se lucharía para que los demás pueblos de América Latina y del mundo, también pudieran lograr esta “igualdad y justicia”. Todo lo relatado anteriormente fue un proceso recorrido en pocos meses, y como se ve ya definían una utopía coincidente con la sociedad comunista anunciada por Carlos Marx.
El gran desarrollo de los medios de comunicación que se había logrado en Cuba, especialmente la televisión, benefició mucho al gobierno revolucionario a su llegada al poder. Desde los primeros meses el régimen los controló y esto le ayudó mucho a diseminar sus ideas y motivar la adhesión de grandes sectores de la población, entre los cuales había muchos que habían sufrido algún tipo de discriminación, idealistas sin experiencia, gente sencilla con la esperanza de mejorar su situación, profesionales con ingenuidad, pero también muchos oportunistas.
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HASTA AQUÍ NOS HEMOS LIMITADO A EXPONER LOS FACTORES QUE CONCURREN PARA HACER POSIBLE LA APARICIÓN DE UN RÉGIMEN TOTALITARIO, Y COMO UN EJEMPLO, LOS HEMOS IDENTIFICADO DENTRO DEL PROCESO TOTALITARIO CUBANO.
PERO EN ADICIÓN AL ANÁLISIS TEÓRICO, HAY OTRO QUE REALIZAR, Y ES EL ANÁLISIS DE LAS TÁCTICAS A TRAVÉS DE LAS CUALES SE GESTÓ Y CULMINÓ EL PROCESO EN LA REALIDAD. Y CREEMOS QUE ESTE DESARROLLO ES LA CONTINUACIÓN LÓGICA DE LO QUE SE VA EXPONIENDO. Y PARA ELLO VAMOS A EXPONER LO QUE OCURRIÓ EN LOS PRIMEROS TIEMPOS DEL PROCESO, DESDE LA LLEGADA DEL PODER REVOLUCIONARIO QUE LLENÓ A TODOS DE ESPERANZA PARA LA RECUPERACIÓN DEL ORDEN DEMOCRÁTICO, HASTA LA CONSUMACIÓN DEL FRAUDE POLÍTICO QUE DEJÓ A TODO EL PAÍS PRISIONERO EN EL TOTALITARISMO.
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IMPLANTACIÓN DEL TOTALITARISMO CUBANO
Los cubanos se creían inmunes al comunismo. También era así para los pueblos de América Latina. Era tan burda la imagen del comunismo para el mundo occidental que no se creía que pudiera seducir a nadie. En fin de cuentas el comunismo era un fenómeno que había podido triunfar en países sin tradición democrática, o bajo la ocupación de un ejército comunista. Pero América estaba exenta por el civilismo fundacional de sus repúblicas, continuado por dos siglos de ejercicio democrático, aunque salpicado de algunas dictaduras. Además estaba la presencia de E.E.U.U. que en plena guerra fría no aceptaría ese intrusismo ideológico en nuestro continente. Hasta que llegó Fidel Castro para demostrar lo contrario.
Se sabía que el comunismo aspiraba a subvertir las democracias occidentales para expandir su sistema y así lograr el control político del mundo. Incluso se conocía que en todos los países del hemisferio había grupos comunistas tolerados por la apertura de la democracia, mas no eran motivo de preocupación mayor. Los sentimientos anticomunistas generalizados del pueblo eran suficiente coraza. Sin embargo se pensaba así porque no se había visto de cerca el proceso de instauración de un régimen comunista.
Aunque el comunismo tiene principios teóricos, su verdadera fuerza no radica en lo racional, sino en la manipulación de las emociones individuales y sociales. A su llegada al poder todo régimen comunista provoca una amplia fermentación social para subvertir las instituciones y destruir la solidaridad, de modo que desaparezca la sociedad existente y dé lugar a la nueva de su conveniencia. Es su método infalible. Para ello se pronuncia en pro de aspiraciones válidas, justas y legítimas, pero las envuelve con una invectiva de la sociedad que le precedió, exagerándole la corrupción que siempre existe, exacerbando las carencias, designando culpable para todas las frustraciones, dignificando las envidias, a través de lo cual engaña a los sencillos, seduce a los ambiciosos y atrae a los oportunistas. Obviamente todo ello resquebraja la convivencia, desintegra la sociedad que encuentra, destruye la moral social, y deja libre el terreno para la nueva edificación.
La llegada al poder de un régimen comunista siempre se atribuye al trabajo y la audacia de una vanguardia política. Pero la realidad es más compleja, porque esa vanguardia no podría lograr su objetivo sin la inacción y pasividad del resto de la sociedad en que actúa. En realidad debe entenderse que el comunismo es una enfermedad social de la que participan todos los miembros de esa sociedad, ya sea por acción o por omisión. Entre los que participan por acción está el grupo mayoritario y principal de los que apoyan el proceso, que lo hacen con honestidad y creencia de que se logrará una sociedad mejor; ellos no tienen una participación directa en los hechos, pero contribuyen al crecimiento de una opinión pública favorable que aporta estabilidad al proceso. Pero además existen los afiebrados que hacen de su militancia una religión, los suicidas que renuncian voluntariamente a sus derechos individuales, los idealistas que se proyectan enamorados de las palabras sin analizar las acciones, los engañados de buena fe que poco a poco se van dejando acorralar en el compromiso, los frustrados que desean y ven la oportunidad de una venganza, los envidiosos que necesitan la desventura de otros, los ambiciosos que buscan lograr sus objetivos a toda costa, y los oportunistas que siempre están en la búsqueda de escalones para trepar. Y entre los que son los que colaboran por omisión, están los que entienden que su única obligación con la democracia es depositar un voto periódicamente, los que eligen con poco o ningún análisis, los que se dejan dominar por el miedo, los indiferentes que se dejan usar como instrumentos del crimen, los que confían en que las cosas van a cambiar por sí solas, y los que esperan que otros vendrán a resolver sus problemas. Todo este conjunto configura una sociedad que poco a poco se va adentrando en una infelicidad sin retorno. Pero pasemos a los hechos concretos que determinaron la comunización de Cuba.
Los últimos años de Batista se caracterizaron por una subversión y una represión crecientes. Toda la ciudadanía podía sentir sobre sí los efectos de ambas, los de la violencia revolucionaria y los de la represión oficial, que convertían la vida en una angustia permanente. La violencia revolucionaria actuaba en diversas formas, a través de acciones militares limitadas, realizando sabotajes y ejerciendo un terrorismo revolucionario, con los que buscaba influir en el ánimo de la población para un cambio político. La represión oficial sentía que iba perdiendo terreno en el control del país y que su lucha se iba convirtiendo en una retirada. Este sentimiento de acercamiento a un final desesperaba a sus agentes, potenciaba su corrupción y ampliaba el círculo de sus desmanes. Con todo lo cual no quedaba espacio para vivir en paz y desarrollar la vida.
La huída de Batista, no por esperada fue menos sorpresiva, y el país experimentó un vacío de poder que no podían llenar ni las fuerzas armadas ni los maltrechos partidos políticos. La ciudadanía comprendió entonces que su única opción eran los organismos revolucionarios que habían desarrollado la lucha. Fundamentalmente, había tres de ellos que contaban con el respeto del país: el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario y el Segundo Frente del Escambray, y podía esperarse que hubiera una coordinación de los mismos para constituir un gobierno provisional que crease las condiciones y convocase a las elecciones generales prometidas. Así se podría regresar al orden democrático bajo la legalidad deseada de la Constitución de 1940. Pero pronto se supo que esto no ocurriría así. Castro no demostró tener la menor consideración por las otras organizaciones revolucionarias con quienes había compartido la lucha. Desde el primer momento se proyectó asumiendo todos los poderes y tomando todas las decisiones, mientras que a los otros dirigentes sólo le respetaba la presencia en los actos públicos de los que siempre mantenía el control. Quizás para algunos esta actitud de ambición calculadora sea reconocida como meritoria, pero la realidad es que nunca puede conducir a un buen destino.
El Movimiento 26 de Julio había mantenido dos frentes armados en la provincia de Oriente y realizado trasmisiones de radio desde la Sierra Maestra, así mismo tenía comandos urbanos a lo ancho del país, todo lo cual le concedía un crédito mayor en la victoria. En adición a esto, y en el momento de la victoria, la prensa internacional proyectó la figura de Castro con grandes titulares que le valieron un crédito político que rebasaba las fronteras cubanas. Pero a las otras organizaciones no le habían faltado méritos grandes y heroicos que habían adelantado el proceso. Sin embargo, estas últimas sufrieron la desaparición en la lucha de varios líderes carismáticos que hubieran sido de gran valor en este momento de crisis para la república. Y el resultado final era que, entre los líderes reconocidos, sólo había quedado un enigmático Fidel Castro con muchos antecedentes oscuros y dignos de preocupación, pero que la mayoría del país no conocía, o irresponsablemente quiso excusar en aquel momento. Pero además, y sobre todo, apareció un músculo oculto de grandes proporciones, que aprovechando la desorganización política del país, manipulaba la opinión pública y los acontecimientos siempre desde la sombra y en servicio de Fidel Castro. Esta era la membresía organizada del PSP, que para obtener acceso al poder no vaciló en traicionar al sistema democrático que le había garantizado su propio derecho a existir como partido, y ahora laboraba para conculcárselo a todos los demás partidos. Ellos actuaban concertadamente desde los diferentes estamentos sociales del país, y hasta internacionales, tomando ventaja de la entusiasta desaprensión y desinformación de la opinión pública, y laboraba para una convergencia de todos los factores en pro de la creación y consolidación de un cesarismo bajo Fidel Castro.
Desde los primeros días aparecieron personeros del partido comunista (PSP) ocupando posiciones de importancia en niveles altos y medios de todos los sectores, y que tenían el respaldo de la cúpula revolucionaria. Hay que recordar que el derrocamiento de la dictadura había dejado desiertas muchas posiciones de poder que el nuevo régimen aprovechó para cubrir con nombramientos de dedo de sus incondicionales, lo que incluía la totalidad de la administración, las fuerzas armadas y hasta funcionarios judiciales. Estos nombramientos masivos crearon una adhesión incondicional a la cúpula del poder que los había designado, y que se fue haciendo más incondicional a medida que el Estado se iba convirtiendo en el único empleador del país. Fue un fenómeno semejante al de las fuerzas armadas anteriores con Fulgencio Batista, y que trajo los mayores males al país. Muchos de esos nuevos designados habían permanecido en distintos sectores durante años y sin mostrar una militancia aparente, y ahora repentinamente aparecían llenos de activismo y bien sincronizados con las directrices del régimen. Era frecuente encontrarse obreros comunistas de ayer, que nunca se habían sacrificado en riesgos revolucionarios, y hoy aparecían convertidos en tenientes del Ejército Rebelde. O el nombramiento de interventores sin calificaciones para el cargo pero obedientes al partido. No faltó en aquel entonces quienes mencionaran públicamente lo que muchos temían y se leía en las acciones del régimen, y era el peligro de la comunización del país. Pero el propio Castro reprimió estas expresiones con la ambigua afirmación de que “aquí no somos anti nada, sólo revolucionarios”. Aunque muy pronto, él personalmente, resultaría ser el anti-imperialista más feroz del mundo. Con estos nombramientos masivos de personal consignado se creaba una adhesión incondicional al poder de facto y todo el país quedó a merced de la voluntad y ambiciones de un nuevo dictador.
Algunos pueden pensar con admiración sobre las habilidades demostradas por un individuo dispuesto a cualquier acción para satisfacer su ego de poder, sin considerar lo que ello puede significar para todo un pueblo, su historia y su felicidad. Pero detener el análisis en la maniobra que alguien realiza para convertirse en tirano y no llegar a su repudio, es una actitud indigna y que deshonra. Sin embargo muchos lo hicieron y aún lo hacen, con un gesto que es tan indigno como el del mismo tirano.
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
El gran desarrollo de la radio y la televisión en Cuba proveyó al nuevo régimen de excelentes medios de influencia y para la divulgación de sus ideas. El pueblo se encontraba ávido de conocer nuevas ideas para renacer su república, y Fidel Castro se dispuso a satisfacer esas ansias con frecuentes y prolongados discursos a través de las ondas radiales y la televisión. Sus alocuciones estaban llenas de expresiones idealistas sobre lo que la revolución representaba, y de promesas sobre lo que se podría lograr en el futuro, pero siempre eludía el tema de la nueva institucionalidad del país que se venía manteniendo al mínimo imprescindible. Una constante de sus discursos era la crítica de los crímenes del régimen anterior, que luego fue transfiriendo, poco a poco, a algunas clases sociales y después al capitalismo. Por el entusiasmo de los primeros tiempos, e invocando la importancia del mensaje revolucionario, se vio como algo justificado la frecuente asociación en cadena de las emisoras, en lo que se llamó el FIEL (Frente Independiente de Emisoras Libres), y que se promocionaba con el slogan de “FIEL, fiel a Cuba, fiel a la revolución”. Esto fue el preámbulo pero más tarde ocurriría la intervención de todas las empresas trasmisoras “para garantizar la unidad en la divulgación del mensaje revolucionario”.
Este tiempo fue prolijo en el lanzamiento de consignas divulgadas masivamente por todos los medios, y que tácticamente ayudaban a consolidar el nuevo régimen. Es lógico que éstas no surgían espontáneamente y que había miembros del PSP elaborándolas y distribuyéndolas a sus cuadros para su difusión y repetición masiva. Entre ellas aparecieron diversos epítetos y slogans como “máximo líder” y “líder indiscutible de la revolución cubana”que siempre acompañaban al nombre de Fidel. Pero el propio Castro se convirtió en creador y vocero de slogans importantes como fue el de “armas ¿para qué?” que sirvió para desarmar al país, y el de “nos casaron con la mentira” con el que quería ocultar lo que él mismo estaba haciendo y ha mantenido a lo largo de su dominio.
Otra consigna fue la prédica y fijación del mito de la “unidad”, que según se decía todos debían mantener para poder avanzar la revolución. El término “unidad” se percibía como algo positivo, lógico y noble, y por lo cual era aceptado sin rechazo. Pero la realidad es que la “unidad” en política es un mito que no resiste el análisis. En un conjunto humano nunca hay “unidad” de opiniones, y lo único razonable y democrático es la “solidaridad” para el logro de fines compartidos. Pero la “solidaridad” implica análisis y juicio sobre las cuestiones, y esto es lo que el régimen quería eliminar. Lo que el régimen estaba pidiendo con la “unidad” es que todos los ciudadanos sacrificaran su propia opinión y el pueblo quedara a merced de los designios del régimen.
Con la prensa escrita ocurrió de modo diferente. Tras los primeros tiempos de bienvenida al proceso revolucionario, y en consonancia con la práctica democrática que se decía defender, fueron apareciendo voces de prestigio que con un tono respetuoso y responsable hacían crítica y señalamientos al nuevo régimen. Pero lejos de ser escuchados y atendidos fueron reprimidos tajantemente, y esto se hacía con un tono amenazante que descifraba la incógnita de que en Cuba ya no se iba a permitir la libertad de expresión. Ante la persistencia de voces valientes que sostenían sus opiniones, el régimen acudió a la creación de comités revolucionarios dentro de esos centros de trabajo, que en nombre de su derecho a discrepar de los directores y editorialistas, añadían notas de repudio (llamadas coletillas) al final de sus artículos. Es lógico que esta situación no podía perdurar, y el siguiente paso fue organizar supuestas “acciones del pueblo” que invadieron los recintos periodísticos con gran fanfarria y publicidad, y notable ausencia de las autoridades del orden. Y con la pérdida de la libertad de expresión a Cuba se le agotó la esperanza de regresar a la democracia.
LA VIVIENDA
La vivienda es una necesidad insoslayable que experimenta el ser humano, y que se soluciona a través de viviendas poseídas o rentadas. La inversión inmobiliaria siempre ha sido una inversión sólida que genera buenos beneficios, pero también provee la cantidad y tipos de vivienda que se necesitan en un mercado libre. Mas por el constante crecimiento de la población siempre hay un déficit de viviendas que se va subsanando con nuevas inversiones. Conociendo que la posesión de capital conlleva poder social el régimen decidió eliminar la propiedad inmobiliaria que calificaba de “parasitaria”. Para ello dictó la Ley de Reforma Urbana por la que se pretendía beneficiar a la clase obrera dándole la oportunidad de adquirir una vivienda estable y aumentar su poder adquisitivo. Por su parte a los antiguos propietarios se les daría una indemnización “decorosa” que les permitiera hacer frente a sus necesidades. La medida daba credibilidad al discurso social del régimen y fue recibida con júbilo por los beneficiados. Sin embargo tuvo el efecto negativo de paralizar inmediatamente la industria privada de la construcción, que siempre es mayoritaria en todos los países libres, con la consiguiente pérdida de puestos laborales, y creando en corto plazo, pero ya con carácter permanente y definitivo, la progresiva y desesperante escasez de viviendas que se experimenta todavía en todo el territorio nacional.
EL SINDICALISMO
El sindicalismo cubano había alcanzado un gran desarrollo, era fuerte y había logrado beneficios reales y notables para la clase obrera. Es oportuno aclarar que casi medio siglo después, muchos de estos beneficios, aún no se han podido lograr en muchos países desarrollados. Y es lógico que el activismo comunista tenía su presencia en este sindicalismo por vocación natural de su movimiento, pero esto no alteraba la postura consistentemente democrática de los afiliados, ni desfiguraba los resultados. Debe reconocerse la calidad de algunos dirigentes comunistas que lograron posiciones de liderazgo y tuvieron una excelente ejecutoria de sus obligaciones para con la clase que representaban. Pero también era lógico que los comunistas lo hicieran así por estar actuando dentro de un sistema capitalista de producción.
La clase obrera, que es siempre mayoritaria en todos los países, tuvo una actuación destacada para el derrocamiento de la dictadura de Batista. Todo esto al margen de la buena relación del Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Cuba (CTC) con el dictador Batista, aunque ello no trajo malas consecuencias para los trabajadores. Los obreros estuvieron presentes en todas las organizaciones revolucionarias, y actuando también desde las estructuras sindicales, por lo que pagaron un alto precio en vidas humanas. Por eso, al llegar al final de la lucha, sentían la victoria como algo propio y resultado de su sacrificio. Pero el obrerismo cubano tenía cultura social, estaba entrenado para el debate, y además estaba consciente de su peso político y social, y por lo cual su existencia resultaba enojosa y peligrosa para un régimen que quería inducir una ideología antidemocrática y de forma inconsulta. Por ello la destrucción del movimiento sindical cubano se convirtió en una prioridad de la agenda totalitaria, y de paso se le sustituiría por un organismo dócil y cooperativo, para lo que se contaría con la experiencia y ayuda del Partido Socialista Popular. Todo se consumó en una asamblea general ambientada y organizada por los comunistas que contó con la presencia del propio Castro, y cabe preguntarse ¿cómo fue posible desactivar un fuerte movimiento gremial reconocido por la clase obrera y exitoso en sus resultados?. Pero es que la razón y el derecho sólo tienen fuerza dentro del entorno democrático, y nunca frente a unas fuerzas armadas improvisadas, incultas, y por ello incondicionales.
LA EDUCACIÓN
La educación en Cuba republicana tenía muchos logros y motivos de orgullo. Vale la pena esbozarlo por la forma malintencionada y distorsionada con que el régimen hace referencia a la misma. La escuela pública primaria era obligatoria y servía a todo el territorio nacional, con la lógica excepción de zonas muy apartadas y de población dispersa que la república joven aún no había podido alcanzar, aunque siempre tenía la intención de extender la educación a la totalidad del país. Algo que demuestra esta voluntad de hacerlo fue el programa de las escuelas cívico rurales, que desarrollaron su campaña mucho antes de que el régimen revolucionario lanzara su famosa campaña de alfabetización. Pero una prueba aún mayor de ello, era el incremento progresivo del por ciento de fondos del presupuesto nacional que se destinaba para la educación y que resultaba ejemplar para el continente. Para ello se contaba con una clase de maestros capaces, conscientes de su importancia en la sociedad, y con dedicación dispuesta al sacrificio. Prueba de esto eran maestros rurales que no vacilaban en acudir a caballo para enseñar a los niños campesinos en escuelas rurales alejadas. Todo esto le daba a la isla un bajo nivel de analfabetismo cuando se le compara con las estadísticas del continente de entonces.
Para la escuela secundaria, como en todos los países, se habían creado centros en muchas cabezas de municipios que instruían con un variado programa de cuatro años comunes y un quinto de especialización en ciencias o en letras para poder ingresar a la enseñanza universitaria. También es de destacar la capacidad del profesorado en ese nivel educativo, que muchas veces estaba integrado por profesionales graduados de los distintos ramos.
Además de la escuela pública existía una gran variedad de escuelas privadas, confesionales y laicas, siempre supervisadas por el gobierno, que también impartían los dos niveles de educación. Pero tanto la escuela pública como la privada impartían una excelente preparación que cumplía el objetivo de dar una base sólida para la enseñanza superior.
A la llegada del régimen revolucionario el país contaba con diversas universidades estatales y privadas, que habían demostrado el éxito del sistema educativo cubano con la creación de una clase profesional numerosa, capacitada y con prestigio en todas las ramas.
Otro hecho que certifica la calidad de la educación en la Cuba prerrevolucionaria es la cantidad y calidad de libros de texto escritos por profesionales cubanos en todos los ramos, que eran usados para los distintos niveles de la enseñanza y hasta exportados para ser empleados por los sistemas educativos de otros países.
Y vale decir que todo ese complejo sistema que se ha descrito no desarrollaba su trabajo en función de ningún interés político o económico, sino únicamente en función de los valores democráticos que regían al país.
Pero es lógico que un sistema educativo con esas características no le servía al nuevo régimen para sus propósitos totalitarios. Ese régimen necesitaba destruir los valores familiares, históricos, cívicos, morales y espirituales existentes porque estorbaban para la nueva sociedad revolucionaria. Había que desprestigiar la tradición y desatar los límites de todo para que del caos se pudiera manipular el nuevo uniforme social que todos debían vestir. Y ¿cómo fue posible que algo tan amplio, complejo y establecido como el sistema educativo nacional pudiera ser eliminado y sustituido por otro tan divergente?.
La escuela pública dependía totalmente del Ministerio de Educación, y en la administración revolucionaria los ministerios sólo le debían cuentas a Fidel Castro, que a su vez era el más interesado en que se realizaran los cambios. Por eso fue fácil hacerlos a través de nuevas regulaciones y directivas que espantaban a los antiguos maestros, pero quedaban implantadas porque no había oído para sus opiniones y luego por el miedo creciente. Está claro que esto no se pudo planear ni realizar sin el concurso de los cuadros intelectuales del Partido Socialista Popular seriamente comprometido con los planes de la antigua URSS para Cuba. Por su parte la sociedad civil estaba siendo diezmada por las expropiaciones, o se estaba batiendo en retirada, y por ello no le era posible coordinar una reacción efectiva en contra de aquella hecatombe.
La desaparición de las escuelas privadas fue tan brutal como sencilla. Interventores designados por el régimen, y con el apoyo de grupos militares armados se fueron personando en cada una de esas escuelas e informándole a sus responsables que sus centros educativos quedaban intervenidos por el Estado. Así de simple.
El nuevo sistema educativo diseñado por el régimen estaba destinado a crear las condiciones para la generación del llamado hombre nuevo que sería el ciudadano ideal de la revolución y para su desarrollo futuro. Para ello se reescribió la historia del país destacando como los luchadores por la independencia habían sido burgueses que sólo actuaron por motivos económicos, que habían fundado una república mediatizada, y que la verdadera independencia era la revolución de Fidel Castro. Salvaron la figura de José Martí por su prestigio universal, pero festinadamente lo declararon como autor intelectual de toda la obra revolucionaria. Todos los nuevos textos fueron escritos desde el ángulo ideológico que interesaba al régimen, y eliminaron toda otra opción. Se condenaba la república anterior de forma absoluta porque se decía que ésta no había realizado nada bien, la culpa de todo la tenían los E.E.U.U., los valores religiosos eran un atraso, y la moral burguesa una hipocresía que debía ser sustituida por una nueva moral revolucionaria. A esto se le añadió después el proyecto de la escuela al campo, porque se decía que media jornada de trabajo y media jornada de enseñanza constituía la verdadera educación integral. Pero la realidad confesada por funcionarios de la educación revelaba que el propósito real de esta escuela al campo era la de separar a los jóvenes de la influencia y los valores familiares, y ponerlos en un ambiente desarmado y controlado ideológicamente donde se les pudiera inducir los nuevos valores.
Los toques finales al nuevo sistema educativo era la Organización de Pioneros José Martí a la que debían pertenecer todos los niños, a los que se le concedían prebendas y con la que se ejercía una descomunal presión de grupo sobre cualquier niño que se resistiera a la corriente oficial. Los pioneros debían mantener pizarras murales de contenido ideológico. Al llegar por las mañanas a las escuelas se les exigía una formación disciplinada de conjunto donde recibían orientación política sobre los acontecimientos nacionales e internacionales del día, y al final de la cual se juramentaban colectivamente con las expresiones “¡pioneros por el comunismo, seremos como el Ché, patria o muerte, venceremos!”. Y por si algún joven terminara la segunda enseñanza sin ser políticamente seguro, existía un último control de seguridad denegándole el acceso a los estudios universitarios, o limitándole las carreras que podría escoger. Con todo lo cual se garantizaría la permanencia histórica de la obra revolucionaria.
Independientemente de la finalidad torcida que se dio a la educación, cabe decir que el despliegue de recursos para desarrollarla fue descomunal, aunque no tenía base en los recursos propios del país, y era sólo el producto de un mecenazgo externo que no podía perdurar.
LA RECUPERACION DE BIENES MALVERSADOS
Una originalidad del nuevo régimen fue la creación del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados. Era lógico que cualquier enriquecimiento corrupto debía ser castigado y los fondos retornados al erario, lo que se hace en cualquier país mediante un proceso judicial. Pero el que se constituyera como una estructura ministerial ya daba idea de la envergadura de lo que se planeaba. Se recuperaron muchos bienes mal habidos por los personeros del régimen anterior y sus adláteres, pero aprovechando que todas las instancias del poder judicial estaban en un limbo, también se realizaron muchos despojos ilegales de propiedades, bienes y riquezas obtenidos con honradez, y este ministerio fue instrumental para muchas intervenciones injustas con el fin de lograr un control de los bienes de producción que la administración revolucionaria traía en su agenda.
LA CULTURA
El nuevo régimen comprendió la conveniencia de abrir un frente con la Cultura. No porque tuviera un gran interés en ella, pues traía planes de vetar toda expresión cultural adversa y de estimular el planfletismo político que le sirviera, sino porque podía ser un instrumento formidable de apoyo internacional.
El revuelo informativo, y también propagandístico, que tuvieron los acontecimientos revolucionarios de 1959 en Cuba lograron un interés y un seguimiento de los hechos por gran parte de la opinión pública mundial como la juventud idealista, las instituciones progresistas, los movimientos de izquierda, los comunistas, los intelectuales etc., muchos de los cuales, no sólo sintieron admiración por la revolución cubana, sino que también la defendieron como una causa propia. Para todos estos sectores el régimen tenía planes, pero el de los intelectuales era especialmente importante, porque estos a través de su crítica o apoyo, influyen notablemente en la formación de las opiniones, y por tanto, en la política.
Como parte del control total del país, el régimen intervino todas las imprentas y fundó la Imprenta Nacional de Cuba, cuyo primer trabajo fue la publicación en rústica de muchas obras de la literatura universal y contemporánea que no presentaban conflicto con el momento ideológico del país. Esto ofreció una buena imagen inicial del proceso cultural cubano para el exterior. Simultáneamente se reactivó y promovió la vieja Casa de las Américas con una ambiciosa agenda que incluía concursos internacionales anuales para todos los géneros literarios, la celebración de grandes eventos culturales con escritores y artistas internacionales, conferencias, exposiciones, etc.. También la Casa de las Américas publicaba una excelente revista donde se conjugaba la calidad formal con un sustancioso contenido y artículos por plumas de prestigio.
Toda esta agitada agenda cultural era posible porque estaba totalmente sufragada con generosidad por el gobierno cubano a costa del sacrificio de sus ciudadanos. Así la Casa formulaba amplias invitaciones a escritores y artistas para viajar a Cuba con todos los gastos pagados a fin de servir como jurados en los certámenes literarios, asistir a eventos culturales, a impartir conferencias o alguna otra actividad. También se invitaba a muchas personalidades latinoamericanas para que vinieran a tener una experiencia de primera mano sobre los logros de la revolución cubana. Por supuesto que en todos estos casos eran visitas dirigidas con una apretada agenda que les demostraba la mejor imagen de la revolución cubana. Para Fidel Castro había otra ganancia, y es que los actos de conclusión de tales eventos, siempre le ofrecían una tribuna influyente para difundir sus ideas y justificar sus políticas.
Su revista se mantuvo por años entre las mejores publicaciones del género literario, y su amplia circulación internacional, la convirtió en un prestigioso lugar para ser publicado. Había otro incentivo para mantener una buena relación con la Casa de las Américas y la amistad con la revolución cubana, y era la posibilidad gratuita de que la institución publicase y distribuyese alguna obra propia, que de otra forma, no había encontrado el camino editorial. Y es claro, que la riqueza de actividades, la generosidad recibida y toda la información dirigida creaban un sentimiento de buena voluntad en los intelectuales y artistas que las experimentaban, y de hecho quedaban convertidos en propagandistas de la revolución cubana.
El terror creado dentro del país, había reprimido a los concursantes cubanos de participar en los certámenes con temas de conflicto que nunca hubieran podido encontrar su camino al éxito. Mas con el tiempo llegó a ocurrir que alguien intentara temas escabrosos, y que por su calidad, el jurado lo premiara. En esos casos la cúpula gobernante siempre reaccionaba acremente y sin vacilación para ejercer su veto, que sorprendentemente escandalizaba poco a demasiados intelectuales.
LA SOCIEDAD CIVIL
La sociedad civil es expresión de la libertad de los ciudadanos, y debe estar amparada por los derechos y garantías que todo Estado de derecho reconoce a sus ciudadanos. Y a través de la sociedad civil es que todos los ciudadanos pueden contribuir su creatividad para el logro del bien común.
La sociedad civil es independiente del gobierno pero puede ayudar, complementar, y hasta liberar al gobierno de muchas funciones. Incluso la sociedad civil es pionera en iniciar los nuevos servicios que promueve el desarrollo social, tecnológico y económico de la sociedad general. Ella pues, realiza un importante papel en todo Estado democrático y moderno. Y puede decirse que a un mayor desarrollo de la sociedad civil corresponde un país más democrático.
A su llegada al poder, la revolución cubana encontró un país con un buen desarrollo de su sociedad civil que ayudaba al gobierno a escuchar las distintas voces para realizar el equilibrio democrático nacional. En algunos párrafos de este ensayo, ya hablamos de muchas manifestaciones de esta sociedad civil. Pero conviene aclarar que había muchas otras que faltan por mencionar, y demuestran el desarrollo socio-político cubano.
En el país existían asociaciones de todo tipo para actividades culturales, entre las que se puede citar la Sociedad pro Arte Musical, el Instituto Folklórico Nacional, el Ballet de Cuba, el Liceum Lawn Tennis, la Academia de la Historia, la Academia de la Lengua, la Academia de Filosofía, la Academia de Ciencias, el Club Atenas, la Sociedad Económica de Amigos del País, el Rincón Martiano, la oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, el Community Club, la Alliance Francaise, el Conservatorio Hubert de Blanc, numerosas salas de teatro como Talía, El Sótano, las Máscaras, Atelier, Farseros, etc., el Conservatorio Nacional, el Centro Católico de Orientación Cinematográfica, etc.,.
Para desarrollo de sus sectores y la defensa de los intereses, como eran los Colegios Profesionales de todos los ramos, Arquitectos, Médicos, Ingenieros, Pedagogos, Abogados, Contadores Públicos, las Asociaciones de Propietarios y Vecinos, la Asociación de Detallistas, la Asociación de Empresarios Cinematográficos, la Asociación de Artistas, la Asociación de Colonos, la Asociación de Hacendados, la Asociación de Veteranos, la Cooperativa de Ómnibus Aliados, las Logias Masónicas, la Asociación A.J.E.F., la Asociación de Acacias, los Caballeros de la Luz, los Odd Fellows, el Club de Leones, el Club de Rotarios, las Asociaciones de Antiguos Alumnos de Colegios Privados, la Sociedad Filatélica de Cuba, la Federación Estudiantil Universitaria, la Liga de la Decencia, el Centro Gallego, el Centro Asturiano, la Beneficencia Catalana, etc.,.
Para el desarrollo del deporte, como la Liga de la Pelota Profesional de Cuba, las diferentes Ligas de la Pelota Amateur de Cuba, la Comisión Nacional de Boxeo, la Federación Atlética Intercolegial, el Club San Carlos, el Club San Francisco, el Fiat Lux, el Club Capablanca, la Federación Cubana de Judo, los Boy Scouts de Cuba, la Sociedad Espeleológica de Cuba, y todas los clubes sociales del país, etc.,.
Para el recreo de sus miembros, como el Centro Gallego, el Centro Asturiano, el Club de Profesionales, el Club de Ferreteros, el Habana Yacht Club, el Vedado Tennis Club, el Círculo Militar, el Country Club, el Biltmore Lawn & Tennis Club, el Club Cubanaleco, el Club Náutico de Marianao, el Casino Español, la playa Hijas de Galicia, el Balneario Universitario, la Concha, el Club Copacabana, el Club Náutico de Varadero, el Cienfuegos Yacht Club, el Club Vista Alegre, los Clubes de Cazadores en distintas localidades, el cabaret Tropicana, el cabaret Montmartre, el cabaret Sans Souci, el Casino Nacional, el Casino Parisién, el Cabaret Sierra, numerosos clubes nocturnos, espectáculos teatrales, salas cinematográficas por todo el país, galerías de arte, etc.,.
Para las actividades religiosas, como las ramas de la Acción Católica Cubana para Caballeros, Damas y Juventud, además la Juventud Obrera Católica, la Agrupación Católica Universitaria, los Escuderos de Colón, y muchas otras de todas las denominaciones religiosas.
Todas las asociaciones nombradas, y muchas otras que harían una lista interminable, estaban en perfecto funcionamiento y cumplían una gran labor para el enriquecimiento de la sociedad cubana. Sin embargo, cuando llegó al poder el régimen revolucionario de Castro, éste fue tomando el control de todas y cada una de esas sociedades en diversas formas que no excluyeron los métodos violentos. Con ello todas las sociedades perdieron la vitalidad que caracterizaba al pueblo cubano. Muchas asociaciones perdieron su sentido en la nueva situación, otras fueron disecadas para mantener la apariencia, otras perdieron su carácter original para servir las directrices revolucionarias, y otras, como las religiosas y fraternales quedaron sitiadas, sin acceso al pueblo que era todo su sentido, y sometidas a una permanente y ostensible vigilancia por la Seguridad del Estado.
Como se podrá comprender, la llamada revolución cubana se propuso y logró destruir toda la obra, el espíritu y la iniciativa del pueblo cubano. No había que tener demasiado talento para comprender que un poder totalitario estaba reñido con la diversa y pujante sociedad civil de Cuba. Y esta fue causa principal de muchos problemas, carencias y la infelicidad del pueblo cubano por casi medio siglo.
LA RELIGION
A la religión había que aplastarla. Porque el discurso de los valores espirituales que representaban y fomentaban todas las iglesias y sus denominaciones, resultaban francamente contrarrevolucionarios para un régimen que se proclamaba ateo. No sólo se eliminó el nombre de Dios de la Constitución de la república, sino que se pasó a una ofensiva nacional, sin límites y por todos los medios.
Muy pronto trató de crear una escisión dentro del catolicismo, mayoritario en el país, a través de la creación de una Iglesia Revolucionaria, como se ha realizado en todos los, países comunistas, pero fracasó en su intento. Entonces decidió expulsar a un elevado número de sacerdotes y religiosos que dejaron muy disminuida la capacidad de la Iglesia en el país.
Como concesión, para evitar el escándalo internacional, el régimen decidió permitir a todas las iglesias el mantener un culto limitado dentro de los templos, pero se les negaba el derecho al culto público, a hacer proselitismo, o a desarrollar sus actividades caritativas tradicionales. Sin embargo, a pesar de la concesión, el régimen mantenía un ataque constante en contra de la religión por todos los medios a su alcance, especialmente a través del sistema educativo sobre niños y jóvenes. Parte del ataque se realizaba organizando y azuzando turbas que rodeaban los templos y amenazaban con vandalizar sus interiores, mientras solicitaban a coro el temido ¡paredón! para los ministros. Todo ello ocurría con la notable ausencia de las fuerzas policiales que nunca respondían al llamado. También se desarrolló una constante represión, por parte de los organismos políticos y de la seguridad, sobre quienes se mantenían como creyentes, sometiéndolos a la discriminación de los peores empleos. Para impedir también el culto dentro de los templos el régimen organizaba actividades colectivas con altavoces a las mismas horas de los servicios religiosos. Se llegó a pensar que bautizar a un hijo era desgraciarlo para una discriminación vitalicia. Sin embargo, no hubo intervención para el leprosorio del Rincón que por muchos años ha mantenido la Iglesia Católica., y resulta curioso que se quisiera abolir la religión mientras se reconocía que sólo las religiosas podían dar el servicio sacrificado, humano y amoroso que necesitan los enfermos. Finalmente el régimen decidió que lo mejor era la infiltración para conocer y deshacer cualquier forma de servicio o proselitismo. Y a partir de entonces las iglesias han tenido que desarrollar su labor espiritual bajo la vigilancia ostensible, pero sobre todo emboscada, de la Seguridad del Estado, que ha llegado hasta la infiltración de agentes en los seminarios con el fin de que recibieran la ordenación sacerdotal, como también al montaje de incidentes para desprestigiar a las iglesias y alejar a los feligreses.
LOS SERVICIOS SOCIALES
El régimen había creado grandes expectativas para la seguridad social. Para ello creó todo un Ministerio de Bienestar Social, aunque no se sabía de donde saldrían los fondos para su operación. Pero muy pronto la incógnita se despejó por la intervención de todos los fondos bien habidos de las cajas de retiro del país. Con esto se derrumbaban todas las previsiones que habían tenido los obreros durante años para su futuro, y su sacrificio quedaba sujeto a decisiones de gobierno que no tenían apelación posible. Con ese gesto omnímodo el nuevo régimen violaba los derechos, se robaba los capitales ahorrados y sus posibles intereses, y sometía el futuro de todos al arbitrio de su tiranía. Muy pronto, fue también al cambio de la moneda para obligar a toda la ciudadanía a revelar sus ahorros privados y limitarle la disposición de dinero. Los que se pudieron retirar en los primeros tiempos lograron los pagos mensuales esperados, pero con posterioridad los pagos por concepto de retiro menguaron.
LA REFORMA AGRARIA
La reforma agraria ya había sido contemplada en la Constitución de 1940 pero el Congreso aún no había abordado la legislación complementaria que definiera y viabilizara esta reforma. Había elaborado muchas otras leyes importantes para la república, pero la referente a lo agrario, y quizás por su complejidad, se había quedado atrasada. Sin embargo el tema requería una atención urgente como quedó demostrado en la encuesta realizada por la Agrupación Católica Cubana (ACU) sobre el nivel de vida del trabajador agrícola cubano. Por ello, con toda oportunidad, y aún desde la insurgencia, los miembros del futuro régimen revolucionario habían elaborado un proyecto de ley de Reforma Agraria que implantarían tras la victoria. El proyecto original fue plasmado por Humberto Sorí Marín, pero en el camino hacia su promulgación todavía sufrió algunos ajustes. La ley que llegó a proclamarse perseguía la eliminación del latifundio y de las tierras ociosas, así como el fomento de la pequeña propiedad rural campesina. La ley no trasparentaba intenciones comunistas, aunque tampoco impedía una evolución en ese sentido. Mas, al régimen, nunca le preocupaba el compromiso público que le pudieran crear las leyes que promulgaba. El tenía a su favor la interacción de las leyes, y a través del Ministerio de Recuperación de Bienes Malversados ya había podido iniciar las intervenciones de latifundios y tierras, tanto los ociosos como los que estaban en producción. Además cuando se cuenta con el control de toda la prensa se puede hacer cualquier cosa. Muy pronto se pudo constatar que la aplicación real de aquella Reforma Agraria significaba la total estatización del agro cubano. Hubo zonas en las que se permitió el mantenimiento de las pequeñas propiedades agropecuarias existentes durante un tiempo solamente, pero sólo hasta que los planes del gobierno para dicha zona estuvieron concluidos y se decidía de su ejecución. Así se fue procediendo sistemáticamente a la destrucción de todos los linderos y cercas por todo el territorio nacional, con vistas al desarrollo de grandes pero ineficientes planes dirigidos por el gobierno. Los campesinos que perdían sus tierras se veían conminados a integrarse en colectivos de trabajo, porque el único empleador posible era el gobierno. Así todos pasaban a formar parte de lo que el régimen llamaba cooperativas, pero en realidad eran comunas comunistas.
Esta dinámica fue haciendo desaparecer la variada producción agropecuaria que satisfacía sobradamente el consumo interno del país, y alcanzaba para la exportación. Y esto ha venido dando lugar a la escasez crónica de productos del agro que padece la ciudadanía. Todo ello tiene su mejor evidencia en la instauración y permanencia de una libreta de abastecimientos que ya va durando cuarenta y tantos años. Tan dramático como esto lo ha sido la destrucción de los sistemas productivos, incluyendo el deterioro o desaparición de centros industriales, en renglones básicos de nuestra economía como el azúcar, el tabaco y la ganadería, con la lógica reducción de la productividad. Y este giro socio económico, que afectaba la independencia tradicional del campesino, produjo una aceleración en la tendencia migratoria del campo a la ciudad que fue diezmando la indispensable clase campesina.
LA SALUD
Los cuidados de salud en Cuba no eran perfectos, pero tenían grandes logros. De hecho los documentos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Oficina Médica Panamericana de los años cincuenta calificaban la medicina cubana de excelente para los estándares de aquel tiempo, y sólo superada en el continente por los E.E.U.U. y la Argentina. Allí se registran los índices de salud de Cuba y que resultaban impresionantes en el conjunto latinoamericano. Ello se debía en primer lugar a la existencia de una clase médica numerosa, hombres y mujeres, altamente capacitada y con prestigio internacional, tanto en medicina general, como en las especialidades y en cirugía. Lo que se debía a que la enseñanza universitaria y la práctica de la Medicina en Cuba estaban bajo dos importantes influencias, el método de la escuela francesa y la tecnología norteamericana. Esta combinación permitió formar profesionales de primera línea, que además ejercían su profesión con responsabilidad social.
En segundo lugar existían numerosos y grandes hospitales en La Habana sostenidos por el gobierno, que daban todo tipo de servicios gratuitos a la población. Vale la pena citarlos para quienes han carecido de información: el Hospital General Universitario “Calixto García”, el Hospital General Universitario “Reina Mercedes” que tenía adscrito el Instituto del Radium, el Hospital de Emergencia, el Hospital Psiquiátrico de Mazorra, el Hospital Clínico Quirúrgico, el Hospital Militar, el Hospital Naval, el Hospital de la Policía, el Hospital Las Ánimas para enfermedades infecciosas, el Hospital de Maternidad Obrera, el Hospital Infantil, que tenía adscrito el Instituto de Angiografía Vascular, y el Hospital Aballí para niños, el Sanatorio La Esperanza para el cuidado de los tuberculosos, el Instituto Carlos J. Finlay para la investigación de enfermedades infecciosas, el Instituto de Pruebas de Cardiología Clínica, el Hospital Ortopédico que tenía adscrito el Instituto de Cirugía Cardiovascular, el Hospital Oncológico, el Hospital para Enfermedades Venéreas, la Organización Nacional de Dispensarios Infantiles (ONDI) con diversas instalaciones en distintas localidades del país, la Organización Nacional para la Rehabilitación Infantil (ONRI) también con instalaciones en distintas localidades del país. Existían asimismo las llamadas Casas de Socorro en las distintas barriadas para atender urgencias y casos menores. En todos estos centros se prestaba todo tipo de servicios con gratuidad. Pero además estaban en proceso de construcción y próximos a su inauguración el Hospital General Nacional y un anexo al Hospital Infantil.
Las capitales de provincias contaban con hospitales provinciales perfectamente equipados para ofrecer servicios médicos, absolutamente gratuitos, y entre los cuales estaban los servicios de maternidad . Precisamente en Santiago de Cuba se estaba terminando de construir un hospital de mayores dimensiones y mejor dotado para las necesidades crecientes de la provincia. Pero además es digno de citar en las provincias el Sanatorio de Topes de Collantes para el tratamiento de la tuberculosis, que se había ubicado en la provincia central de Las Villas por las ventajas climáticas que allí se ofrecían.
La cadena hospitalaria no se detenía en el nivel provincial y también se extendía hasta los hospitales municipales, que daban servicios de medicina general, especialidades de cierto nivel, en algunos de ellos también se daban servicios de maternidad, y podían referir a otros hospitales mayores. Y en algunos bateyes de centrales azucareros también existían unidades sanitarias que daban servicios básicos a la población.
Se habían fundado otros hospitales privados en La Habana con fines específicos, como eran la Liga Contra el Cáncer, y la Liga Contra la Ceguera, que eran los lugares más acreditados en sus respectivas especialidades, y los cuales hacían campañas nacionales y atendían a esos enfermos.
También se había heredado de la colonia unas sociedades mutualistas para servicios hospitalarios de todo tipo, que contaban con enormes y excelentes instalaciones, y que mediante el pago de una mensualidad mínima, aseguraban consultas, medicinas, cirugía, hospitalización, asilo de ancianos y hasta centros educativos y de recreación. Es claro que estas llamadas quintas estaban localizadas en La Habana, pero la gente del interior también se podía asociar y beneficiarse de las mismas. Podemos citar la Quinta La Benéfica, la Quinta Hijas de Galicia, ambas regidas por el Centro Gallego, la Quinta de La Covadonga regida por el Centro Asturiano, la Quinta Canaria regida por la organización canaria, y la Quinta de Dependientes.
Pero además había servicios médicos en otras clínicas mutualistas de más reciente fundación como la Clínica del Sagrado Corazón, la Clínica de las Católicas Cubanas, el Hospital Jurídico, el Hospital de San Juan de Dios, el Hogar Clínica San Rafael, la Clínica Miramar, la Clínica F y 25, la Clínica Antonetti, y otras.
Las clínicas mutualistas privadas no eran exclusividad de la capital del país y las capitales de provincia, también existían en municipios importantes. Además de todas estas instalaciones citadas, se contaba con todas las consultas de médicos privadas a lo largo del país y que cubrían todo el territorio nacional, excepto las zonas despobladas, poco accesibles y carentes de infraestructura. Pero es importante aclarar que Cuba por el tamaño del país, por la configuración alargada del mismo y por la carencia de grandes accidentes geográficos, casi siempre existía la posibilidad de que casi la totalidad de la población tuviera acceso a una instalación clínica u hospitalaria suficientemente próxima a su domicilio.
Mas hay otros aspectos que completan el cuadro de los servicios médicos previos al régimen totalitario cubano. Se practicaba la medicina preventiva con campañas masivas de vacunación gratuita contra la viruela y la poliomielitis a través de las escuelas, el DPT (difteria-tétano-tos ferina) y contra la fiebre tifoidea a través de los hospitales infantiles. También se podían obtener otras vacunas mediante pago módico. Otro aspecto de suma importancia es que en Cuba nunca se experimentó escasez de medicamentos. El tercer aspecto es que los miembros de los distintos gobiernos nunca crearon centros especiales de servicios médicos privilegiados para su uso exclusivo, y se atendían en los mismos centros que el resto de los ciudadanos.
Pero además, y sobre todas las cosas, todo este sistema de servicios extensivos y calificados se sostenía dentro de los engranajes económicos autónomos del país, sin necesidad de contribuciones o mecenazgos extranjeros.
Sin embargo, y a pesar de todo lo descrito anteriormente, no se puede decir que los servicios médicos en Cuba fueran algo perfecto, como nunca podrán serlo en ningún país debido al constante crecimiento de las poblaciones, a los avances científicos y tecnológicos, y también al porciento de marginalidad que siempre ocurre, ya sea escogida por los propios que la padecen o por una injusticia temporal, que con los cambios de gobiernos democráticos, termina por resolverse.
A su llegada al poder, y a pesar de todas las condiciones descritas, el nuevo régimen revolucionario proclamó demagógicamente que había enormes deficiencias en los servicios de salud del país y enseguida procedió a realizar los cambios que deseaba.
Como si los servicios no estuvieran al alcance de todos y con gratuidad, el régimen intervino por decreto todos los centros asistenciales del país con el argumento de que lo hacía para garantizar el servicio igualitario para todos los ciudadanos del país. A seguidas de la intervención procedió a rebautizar todas las instalaciones médicas existentes con nuevos nombres de connotación revolucionaria, lo que ya los hacían aparecer ante el público desconocedor como una nueva obra del régimen. También inauguró como obra propia los casi terminados Hospital General Nacional, el anexo al Hospital Infantil y el Hospital Provincial de Santiago de Cuba.
De hecho puede decirse que las construcciones hospitalarias del régimen cubano fueron mínimas. Lo que hizo fue aprovechar, no sólo las instalaciones públicas, sino también las privadas, incluyendo las consultas de médicos que tenían un ejercicio privado, y anotándolas como éxitos de su proceso revolucionario.
Un segundo aspecto fue el establecimiento de un programa designado como la Medicina al Campo, para ser desarrollado con los nuevos alumnos que se iban graduando en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana. El que los recién graduados rindiesen un servicio social que completara su formación profesional, parecía una idea atinada, que de hecho recibió aplausos internacionales. Pero la realidad es que dicha medida fue puramente demagógica y para la galería, porque se proclamó el programa antes de que se hubiera creado la infraestructura necesaria con la que se pudieran obtener resultados. De hecho aquello languideció con mínimos beneficios nunca divulgados, aunque ganó una medalla de mérito falsa en los haberes revolucionarios. Tras sus dos años de servicio social estos jóvenes profesionales eran situados en los diversos niveles del nuevo sistema médico nacional con un sistema no exento de discriminación política.
A los nuevos graduados en la Facultad de Medicina les |